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https://doi.org/
10.69639/arandu.v13i2.2254
Estrategias de gestión escolar para la prevención del consumo
de sustancias psicoactivas en estudiantes de la Educación
Media

School management strategies for the prevention of psychoactive substance use among
secondary school students

Laura Viviana Espinoza de Acosta

https://orcid.org/0000-0001-8915-3377

Universidad Nacional de Pilar

Facultad de Humanidades y Ciencias de la Educación

Pilar, Paraguay

Artículo recibido:18 marzo 2026- Aceptado para publicación:20 abril 2026

Conflictos de intereses: Ninguno que declarar.

RESUMEN

El consumo de sustancias psicoactivas representa un desafío creciente para las instituciones
educativas a nivel nacional, y el Distrito de Cerrito no es la excepción. Este estudio analizó las
estrategias de gestión escolar para prevenir el consumo de sustancias psicoactivas en estudiantes
de Educación Media del Distrito de Cerrito. Los objetivos específicos incluyeron identificar
estrategias educativas aplicadas, conocer políticas institucionales implementadas para promover
un ambiente saludable y caracterizar acciones de colaboración. entre escuela, familia y
organismos externos. La investigación fue de tipo descriptivo, con diseño no experimental
transversal y enfoque mixto. El universo de la investigación estuvo conformado por 146
estudiantes del nivel medio, 10 docentes, 2 directores, 6 informantes clave representado por
actores involucrado en los programas de lucha contra el consumo de drogas (SENAD, Fiscalía,
SUMAR) y 10 padres. La muestra estuvo representada por 107 estudiantes (basado en un nivel
de confianza del 99% y un margen de error del 10%), 5 docentes, 2 directores, 6 informantes
clave y 10 padres de familia. Como técnicas de recolección de datos, se emplearon encuestas
(cuestionario estructurado) para el enfoque cuantitativo y entrevistas (guía semiestructurada) para
el cualitativo. Se evidenció que las acciones se limitan a charlas aisladas, sin planificación
pedagógica sostenida ni metodologías activas, lo que reduce su impacto preventivo. Aunque
existen normas de convivencia, faltan protocolos sistemáticos y recursos psicosociales. La
participación familiar y la articulación con organismos externos son escasas. Estas estrategias
resultan parciales y poco articuladas, por lo que la hipótesis no se confirma totalmente,
destacándose la necesidad de fortalecer la gestión preventiva integral.

Palabras clave: gestión escolar, prevención, consumo, sustancias psicoactivas, estudiantes
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ABSTRACT

The consumption of psychoactive substances represents a growing challenge for educational
institutions nationwide, and the Cerrito District is no exception. This study analyzed school
management strategies for preventing the consumption of psychoactive substances among high
school students in the Cerrito District. Specific objectives included identifying applied
educational strategies, understanding institutional policies implemented to promote a healthy
environment, and characterizing collaborative actions between schools, families, and external
organizations. The research was descriptive, with a non-experimental, cross-sectional design and
a mixed-methods approach. The research population consisted of 146 high school students, 10
teachers, 2 principals, 6 key informants representing stakeholders involved in drug prevention
programs (SENAD, the Public Prosecutor's Office, SUMAR), and 10 parents. The sample
comprised 107 students (based on a 99% confidence level and a 10% margin of error), 5 teachers,
2 principals, 6 key informants, and 10 parents. Data collection techniques included surveys
(structured questionnaires) for the quantitative approach and interviews (semi-structured guides)
for the qualitative approach. The findings revealed that actions are limited to isolated talks,
lacking sustained pedagogical planning and active methodologies, thus reducing their preventive
impact. Although rules of conduct exist, systematic protocols and psychosocial resources are
lacking. Family participation and coordination with external organizations are scarce. These
strategies are partial and poorly coordinated, therefore the hypothesis is not fully confirmed,
highlighting the need to strengthen comprehensive preventive management.

Keywords: school management, prevention, consumption, psychoactive substances,
students

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INTRODUCCIÓN

El consumo de sustancias psicoactivas constituye en la actualidad uno de los principales
desafíos para la salud pública, la educación y el desarrollo social a nivel mundial, regional y
nacional. Diversos organismos internacionales coinciden en señalar que estas sustancias, tanto de
origen natural como sintético, producen alteraciones significativas en el sistema nervioso central,
generando cambios en la conciencia, el estado de ánimo, los procesos cognitivos y las conductas
de las personas que las consumen. En este sentido, la Organización Panamericana de la Salud
(OPS, 2023) define a las sustancias psicoactivas como compuestos capaces de modificar las
funciones cerebrales responsables del pensamiento, las emociones y el comportamiento, lo que
las convierte en un factor de riesgo relevante, especialmente cuando su consumo se inicia a edades
tempranas.

De manera concordante, la Secretaría Nacional Antidrogas del Paraguay (SENAD, 2023)
sostiene que las sustancias psicoactivas incluyen toda sustancia que, al ser introducida en el
organismo por distintas vías, como la ingestión, inhalación, inyección o fumada, provoca
alteraciones en el funcionamiento del sistema nervioso central, afectando la conciencia, el estado
emocional y los procesos de pensamiento del individuo. Estas definiciones permiten comprender
que el impacto de las sustancias psicoactivas no se limita únicamente al ámbito biológico, sino
que se extiende a dimensiones psicológicas, sociales, educativas y familiares.

Desde una perspectiva más amplia, Ferrín-Zambrano et al. (2024) explican que las
sustancias psicoactivas pueden generar modificaciones profundas en la actividad cerebral,
afectando la percepción, la memoria, el juicio y la regulación emocional. Asimismo, advierten
que los efectos negativos sobre la salud física y mental se intensifican cuando el consumo se
vuelve frecuente, excesivo o adictivo. Entre las sustancias más comúnmente consumidas se
encuentran el alcohol, la marihuana, el tabaco y la cocaína, las cuales, pese a su diferente estatus
legal, comparten la capacidad de alterar el funcionamiento cerebral y generar dependencia.

En este contexto, los trastornos derivados del consumo de drogas representan una carga
considerable tanto para las personas como para sus comunidades. El uso prolongado de sustancias
psicoactivas puede derivar en dependencia, discapacidad, enfermedades crónicas y deterioro
progresivo de la calidad de vida. Además, sus consecuencias trascienden al individuo, afectando
de manera directa a las familias, las relaciones sociales y el entorno comunitario. No obstante, la
OPS (2023) enfatiza que estos problemas no son inevitables, ya que tanto el consumo
problemático como la dependencia son fenómenos prevenibles y tratables mediante
intervenciones oportunas, integrales y sostenidas.

Desde el punto de vista clasificatorio, las sustancias psicoactivas se agrupan en distintos
tipos según sus efectos sobre el sistema nervioso central. Entre ellas se encuentran las sustancias
depresoras, como el alcohol y las benzodiacepinas, que disminuyen la actividad cerebral y
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producen sedación; las estimulantes, como la cafeína, la nicotina y la cocaína, que incrementan
el estado de alerta y la actividad neuronal; las alucinógenas, que alteran la percepción y la
realidad; los opioides, que generan analgesia y euforia con alto riesgo de adicción; los
cannabinoides, asociados a alteraciones cognitivas y de memoria; las sustancias sintéticas, cuyos
efectos suelen ser impredecibles; y los inhalantes, que producen daños neurológicos severos a
largo plazo (Ferrín-Zambrano et al., 2024). Esta diversidad evidencia la complejidad del
fenómeno y la necesidad de abordajes preventivos diferenciados.

Ahora bien, el consumo de sustancias psicoactivas adquiere particular relevancia cuando
se analiza en la población adolescente. En esta etapa del desarrollo, caracterizada por profundos
cambios físicos, emocionales y sociales, los jóvenes se encuentran especialmente expuestos a
factores de riesgo que pueden favorecer el inicio del consumo. Baque-Tóala et al. (2024) señalan
que el uso y abuso de sustancias psicoactivas se presenta con mayor frecuencia durante la
adolescencia, en gran medida debido a su fácil acceso y a la presión social ejercida por el entorno.
Frente a esta realidad, los adolescentes se ven obligados a desarrollar criterios personales para
decidir entre consumir o abstenerse, proceso que no siempre se produce de manera consciente ni
informada.

Desde la percepción de los propios adolescentes, Enriquez-Guerrero et al. (2021) indican
que el acceso a sustancias psicoactivas dentro del entorno escolar resulta relativamente sencillo
y, en algunos casos, se facilita a través de personas externas a la institución. Este fenómeno se
encuentra estrechamente vinculado a problemáticas familiares y sociales como el maltrato, la
violencia intrafamiliar y el acoso escolar. Una vez iniciado el consumo, los estudiantes reconocen
consecuencias negativas en su rendimiento académico, así como en su salud física y emocional.

Las consecuencias del consumo de sustancias psicoactivas en adolescentes se manifiestan
en múltiples ámbitos. A nivel físico y mental, se observan daños al sistema nervioso central,
trastornos de ansiedad, depresión, psicosis, enfermedades orgánicas y riesgo de sobredosis. En el
plano social y familiar, surgen conflictos, aislamiento, pérdida de confianza y estigmatización.
En el ámbito académico, se registran bajo rendimiento, abandono escolar y falta de proyectos de
vida, mientras que en el plano legal aumentan los problemas asociados a la posesión, el tráfico y
la exposición a situaciones de violencia (Baque-Tóala et al., 2024).

Desde una perspectiva neurocientífica, Enriquez-Guerrero et al. (2021) explican que el
consumo temprano de sustancias como alcohol y marihuana se asocia con alteraciones en la
sustancia gris y blanca del cerebro, así como con una activación neuronal prematura e inadecuada.
Estas modificaciones se relacionan con déficits cognitivos, dificultades de atención, problemas
de memoria operativa, lentitud en el procesamiento mental, bajo desempeño escolar, decisiones
impulsivas y escasa inteligencia emocional, lo que refuerza la necesidad de intervenir
preventivamente en edades tempranas.
Vol. 13/ Núm. 2 2026 pág. 1194
A pesar de este panorama, diversos estudios coinciden en que existen factores protectores
que pueden reducir significativamente la probabilidad de consumo. Ferrín-Zambrano et al. (2024)
destacan que el entorno familiar constituye uno de los principales elementos de protección,
especialmente cuando se combina con el apoyo emocional, la comunicación efectiva y la
transmisión de valores. Asimismo, la espiritualidad, la participación en actividades deportivas,
las prácticas religiosas y una actitud negativa frente al consumo de drogas se asocian con una
menor propensión al uso de sustancias. Estos factores no actúan de forma aislada, sino que se
refuerzan mutuamente dentro de un enfoque integral.

En el plano global, las estadísticas evidencian la magnitud del problema. La Oficina de
las Naciones Unidas contra la Droga y el Delito (UNODC, 2021) estima que alrededor de 275
millones de personas consumieron drogas en el último año, y más de 36 millones desarrollaron
trastornos asociados a su consumo. Además, el incremento de nuevas sustancias psicoactivas
representa una preocupación creciente, ya que su uso ha aumentado de forma sostenida y se asocia
a millones de muertes anuales (Ferrín-Zambrano et al., 2024).

La región de las Américas presenta una de las mayores prevalencias de consumo de
sustancias psicoactivas, con impactos desproporcionados en países de ingresos bajos y medios
debido al acceso limitado a servicios de salud (OPS, 2023). Asimismo, se ha registrado un
aumento en la potencia del cannabis y una disminución en la percepción de riesgo entre
adolescentes, lo que incrementa la vulnerabilidad de esta población (UNODC, 2021).

En Paraguay, los informes de la SENAD (2023) revelan patrones preocupantes de
consumo en jóvenes escolarizados, con edades tempranas de inicio, especialmente en alcohol,
cigarrillos electrónicos y vaporizadores. Si bien el consumo de sustancias ilícitas como marihuana
y cocaína es menor, su incidencia aumenta con la edad. Este escenario se agrava por el fácil acceso
a sustancias legales y la limitada regulación, lo que refuerza la necesidad de políticas preventivas
más efectivas.

En el departamento de Ñeembucú, aunque no se dispone de estadísticas desagregadas, se
observan problemáticas similares a las del resto del país, particularmente en adolescentes de 14 a
17 años. Factores locales como el contexto rural y las escasas opciones recreativas podrían influir
en estos patrones de consumo, lo que subraya la importancia de intervenciones preventivas
contextualizadas (SENAD, 2023).

Frente a esta realidad, la gestión escolar emerge como un eje clave en la prevención del
consumo de sustancias psicoactivas. Padilla y Vargas (2023) definen la gestión escolar como el
conjunto de procesos organizativos y directivos orientados a crear ambientes educativos
favorables para el aprendizaje y el desarrollo integral. En este marco, la escuela no solo cumple
una función académica, sino también formativa y preventiva.

Diversos estudios han demostrado que los programas de prevención implementados en el
ámbito escolar, aunque con resultados moderados, contribuyen a reducir el consumo de alcohol y
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otras sustancias cuando se aplican de manera sistemática y adaptada al contexto (Puértolas-Gracia
et al., 2022; Benavides Mora et al., 2023). Entre las estrategias más efectivas se encuentran la
educación en habilidades para la vida, la participación activa de las familias, la formación
continua del profesorado y la implementación de políticas escolares claras y coherentes (Martínez,
2018).

En Paraguay, el Ministerio de Educación y Ciencias ha impulsado diversas iniciativas
orientadas a la prevención del consumo de sustancias psicoactivas, como la Estrategia de
Prevención Educativa ante la Violencia y el Uso de SPA (MEC, 2023), así como materiales
educativos desarrollados en conjunto con la SENAD. Estas acciones se complementan con
programas interinstitucionales como el Plan SUMAR, que promueve un enfoque integral y
comunitario (Gobierno del Paraguay, 2024).

Asimismo, las acciones de vinculación social entre la escuela, la familia y los organismos
externos constituyen un componente esencial de la prevención. Autores como Cango Cobos y
Suárez Monzón (2021) y Ardila Sánchez (2020) coinciden en que la articulación interinstitucional
permite fortalecer los factores de protección, ofrecer orientación especializada y generar redes de
apoyo sólidas. Las actividades extracurriculares, las campañas comunitarias y la capacitación
docente refuerzan este enfoque integral (Rojas, 2023; Medina, 2024).

Desde el punto de vista normativo, Paraguay cuenta con un marco legal que respalda las
acciones preventivas, como la Ley N.º 7104/2023, que declara la emergencia nacional en materia
de consumo de sustancias psicoactivas, y la Ley N.º 6800/2021, que crea las secretarías
municipales de prevención y tratamiento de adicciones. Estas normativas establecen
responsabilidades claras para los organismos del Estado y promueven un abordaje coordinado y
multisectorial.

No obstante, a pesar de los avances normativos e institucionales, persiste un vacío de
información sobre cómo se implementan concretamente estas estrategias en el ámbito escolar,
especialmente en contextos locales como el distrito de Cerrito. El desconocimiento de las
prácticas educativas, institucionales y sociales vigentes dificulta la identificación de fortalezas,
debilidades y oportunidades de mejora.

En este sentido, el presente estudio se orienta a describir las estrategias de gestión escolar
implementadas para la prevención del consumo de sustancias psicoactivas en estudiantes de la
Educación Media del distrito de Cerrito, año 2025. A partir de esta finalidad, se plantean
preguntas de investigación orientadas a identificar las estrategias educativas aplicadas, conocer
las políticas institucionales vigentes y caracterizar las acciones de articulación entre la escuela, la
familia y los organismos externos.

De este modo, la investigación busca generar información relevante que contribuya al
fortalecimiento de las prácticas preventivas en el ámbito educativo, promoviendo entornos
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escolares más seguros, protectores y comprometidos con el bienestar integral de los
adolescentes.).

MATERIALES Y MÉTODOS

La investigación se desarrolló con un enfoque mixto, de alcance descriptivo, diseño no
experimental y corte transversal, llevada a cabo durante el año 2025 en instituciones de Educación
Media del distrito de Cerrito. Se optó por un enfoque descriptivo debido a que el propósito central
fue caracterizar las estrategias de gestión escolar implementadas para la prevención del consumo
de sustancias psicoactivas, sin intervenir ni manipular las variables de estudio. Este tipo de
investigación permite describir de manera objetiva las características, prácticas y condiciones del
fenómeno analizado, ofreciendo una visión detallada de la realidad educativa existente.
Asimismo, el diseño no experimental resultó pertinente, ya que las estrategias preventivas fueron
observadas tal como se desarrollan en su contexto natural, mientras que el corte transversal
permitió recolectar los datos en un único momento del tiempo, facilitando el análisis de la
situación vigente.

El enfoque mixto posibilitó integrar datos cuantitativos y cualitativos, lo que enriqueció
la comprensión del fenómeno estudiado. Por un lado, el enfoque cuantitativo permitió identificar
frecuencias, proporciones y tendencias relacionadas con las estrategias de prevención
implementadas; por otro, el enfoque cualitativo aportó una comprensión más profunda de las
percepciones, experiencias y valoraciones de los distintos actores involucrados, tales como
estudiantes, docentes, directivos, padres de familia e informantes clave. Esta combinación
metodológica permitió obtener una visión más amplia, contextualizada y complementaria del
objeto de estudio.

El universo de la investigación estuvo conformado por 146 estudiantes del nivel medio,
10 docentes, 2 directores, 10 padres de familia y 6 informantes clave vinculados a programas e
instituciones relacionadas con la prevención del consumo de drogas, como la SENAD, la Fiscalía
y el programa SUMAR. La muestra incluyó 107 estudiantes, seleccionados con un nivel de
confianza del 99% y un margen de error del 10%, además de 5 docentes, 2 directores, 10 padres
y 6 informantes clave. Para los estudiantes, docentes y directores se utilizó muestreo
probabilístico aleatorio simple, garantizando representatividad y reducción de sesgos. En el caso
de padres e informantes clave, se aplicó muestreo no probabilístico intencional, considerando su
experiencia y vinculación directa con la temática abordada.

En cuanto a la recolección de datos, se emplearon la encuesta y la entrevista como
técnicas principales. La encuesta se aplicó mediante un cuestionario estructurado con preguntas
cerradas y escala tipo Likert, dirigido a estudiantes, lo que permitió medir percepciones y
actitudes de manera sistemática. Complementariamente, se realizaron entrevistas
semiestructuradas a docentes, directores, padres e informantes clave, con el fin de profundizar en
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las prácticas institucionales, las experiencias y los desafíos relacionados con la prevención del
consumo de sustancias psicoactivas.

La validez de los instrumentos se aseguró mediante un proceso de validación de
contenido, en el que expertos evaluaron la pertinencia y claridad de los ítems, seguido de una
prueba piloto aplicada a participantes con características similares a la población objetivo, lo que
permitió realizar ajustes antes de la aplicación definitiva. Cabe destacar que, la investigación
respetó principios éticos fundamentales, garantizando el consentimiento informado, la
confidencialidad y el anonimato de los participantes, así como el uso exclusivo de los datos con
fines académicos, promoviendo una relación de respeto y responsabilidad con la comunidad
educativa involucrada.

RESULTADOS Y DISCUSIÓN

Resultados del cuestionario a docentes

Figura 1

Estrategias educativas aplicadas para prevenir el consumo de sustancias psicoactivas.
Dimensión Métodos pedagógicos

Los resultados indican que el 66% de los estudiantes reconoce la realización de talleres de
sensibilización sobre drogas, aunque un 34% no los percibe claramente. En actividades con juegos
de roles, el 68% manifiesta haber participado, mientras que el 29% se muestra neutro o en
desacuerdo, lo que evidencia que no se aplican de forma regular. En contraste, las dramatizaciones
casi no se utilizan, ya que el 72% está en desacuerdo con su implementación. Por otro lado, los
proyectos socioeducativos son ampliamente reconocidos (80%) y las charlas motivacionales
valoradas positivamente por el 85% de los estudiantes.

6%
15%
64%
6% 5%
11% 14% 8% 4% 8%
17%
3%
21%
10%
17%
54%
20%
3%
14%
67%
12%
48%
4%
66%
3%
0%
10%
20%
30%
40%
50%
60%
70%
80%
En mi institución se
desarrollan talleres de
sensibilización sobre
los riesgos del
consumo de drogas.
He participado en
actividades educativas
donde se utilizan
juegos de roles para
simular situaciones de
riesgo.
Se aplican métodos
innovadores, como
dramatizaciones, para
enseñar sobre
prevención de drogas.
Se realizan proyectos
socioeducativos
enfocados en la
prevención del
consumo de sustancias
psicoactivas.
Las charlas
motivacionales me
ayudan a reflexionar
sobre el valor de cuidar
mi salud.
Métodos pedagógicos
Totalmente en desacuerdo En desacuerdo Ni de acuerdo ni en desacuerdo
De acuerdo Totalmente de acuerdo
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Figura 2

Estrategias educativas aplicadas para prevenir el consumo de sustancias psicoactivas.
Dimensión: Participación estudiantil

Los resultados evidencian una participación estudiantil limitada en la prevención del
consumo de sustancias. Un 65% de los estudiantes está en desacuerdo con que se expliquen
claramente en clase los efectos del consumo en la salud. Solo el 45% percibe aprendizajes para
enfrentar la presión del grupo, mientras que el 55% se mantiene neutral o en desacuerdo. Además,
el 57% afirma no recibir información sobre redes de apoyo ante casos de consumo. En contraste,
el 100% conoce las consecuencias legales. La promoción de la salud mental presenta debilidades,
ya que casi la mitad no la percibe claramente.

Figura 3

Políticas institucionales y medidas para promover un ambiente escolar saludable. Dimensión:
Normas escolares

Los resultados muestran una percepción mayoritariamente positiva sobre las normas
escolares relacionadas con la prevención del consumo de sustancias. El 75% de los estudiantes
reconoce la existencia de un reglamento claro, aunque un 25% se muestra neutro o en desacuerdo.

8% 5%
18%
0%
10%
65%
21%
39%
0%
21%
15%
29% 26%
0%
18%
12% 7% 11% 12%
39%
0%
38%
6%
88%
12%
0%
10%
20%
30%
40%
50%
60%
70%
80%
90%
100%
En clase se aborda con
claridad el tema de los
efectos del consumo de
drogas en la salud.
Hemos aprendido
estrategias para tomar
decisiones saludables
frente a la presión del
grupo.
En la escuela se enseña
sobre redes de apoyo y
lugares donde pedir ayuda
si alguien consume
drogas.
Conocemos las
consecuencias legales del
consumo de sustancias
ilegales.
Se promueve la
importancia de la salud
mental y emocional como
forma de prevención.
Participación estudiantil
Totalmente en desacuerdo En desacuerdo Ni de acuerdo ni en desacuerdo
De acuerdo Totalmente de acuerdo

5% 0% 0% 0%
5% 0% 0% 0%
15%
0% 0% 0%
45%
93%
36%
13%
30%
7%
64%
87%
0%
10%
20%
30%
40%
50%
60%
70%
80%
90%
100%
En mi institución existe un
reglamento claro sobre el
consumo de drogas.
Todos conocemos las normas de
convivencia relacionadas con el
respeto y la prevención de
adicciones.
Se aplica una política de
tolerancia cero frente al consumo
o posesión de drogas.
Las sanciones por
incumplimiento de estas normas
son conocidas por los estudiantes.
Normas escolares
Totalmente en desacuerdo En desacuerdo Ni de acuerdo ni en desacuerdo De acuerdo Totalmente de acuerdo
Vol. 13/ Núm. 2 2026 pág. 1199
El 100% afirma conocer las normas de convivencia vinculadas a la prevención de adicciones.
Asimismo, todos los estudiantes identifican la existencia de una política de tolerancia cero y
conocen las sanciones por incumplimiento (100%). Estos datos evidencian políticas
institucionales claras y bien difundidas, aunque se recomienda reforzar la comunicación para
alcanzar a la totalidad del estudiantado.

Figura 4

Políticas institucionales y medidas para promover un ambiente escolar saludable. Dimensión:
Protocolos de prevención

Los resultados muestran que la mayoría de los estudiantes reconoce la existencia de un
protocolo institucional ante casos de consumo, ya que el 93% está de acuerdo o totalmente de
acuerdo. Sin embargo, se evidencia una debilidad importante, dado que el 100% afirma que no
existen espacios de atención psicosocial o apoyo emocional en la institución. Además, el 75% de
los estudiantes se mantiene neutral o en desacuerdo respecto a la actuación del equipo educativo
ante casos sospechosos. En cuanto a la orientación a las familias, solo el 53% percibe acciones
positivas, mientras que el resto no las identifica claramente, lo que limita la efectividad
preventiva.

0%
39%
6% 7%
0%
61%
8% 10%7%
0%
61%
30%30%
0%
20%
35%
63%
0% 5%
18%
0%
10%
20%
30%
40%
50%
60%
70%
El colegio cuenta con un
protocolo de actuación si se
detecta consumo de
sustancias en un estudiante.
Existen espacios de atención
psicosocial para estudiantes
con problemas relacionados
al consumo.
Los docentes y directivos
actúan con responsabilidad
ante casos sospechosos de
consumo.
Se orienta a las familias
cuando se presentan
situaciones de riesgo.
Protocolos de prevención
Totalmente en desacuerdo En desacuerdo Ni de acuerdo ni en desacuerdo De acuerdo Totalmente de acuerdo
Vol. 13/ Núm. 2 2026 pág. 1200
Figura 4

Políticas institucionales y medidas para promover un ambiente escolar saludable. Dimensión:
Recursos institucionales

Los resultados muestran que el 54% de los estudiantes reconoce la disponibilidad de
materiales educativos sobre prevención, aunque un 46% se mantiene neutral o en desacuerdo, lo
que indica baja visibilidad o insuficiencia. Un dato crítico es que el 100% afirma que no existen
psicólogos u orientadores en la institución. Respecto a las instalaciones, solo el 25% las considera
adecuadas, mientras que la mayoría se muestra neutral. En contraste, la articulación con
organismos externos es mejor valorada, ya que el 73% reconoce vínculos con instituciones como
SENAD o SUMAR, aunque aún poco visibles.

Figura 5

Acciones de vinculación entre escuela, familia y organismos externos. Dimensión: Colaboración
escuela-familia

8%
39%
6% 4%
11%
61%
8% 3%
27%
0%
61%
20%
51%
0%
20%
55%
3% 0% 5%
18%
0%
10%
20%
30%
40%
50%
60%
70%
En mi colegio hay materiales
educativos sobre prevención
del consumo de sustancias
psicoactivas.
Contamos con profesionales
como psicólogos u
orientadores para apoyo
emocional.
Las instalaciones escolares
favorecen el desarrollo de
actividades preventivas.
La institución se vincula con
organizaciones como la
SENAD, SUMAR o Fiscalía
en acciones preventivas.
Recursos institucionales
Totalmente en desacuerdo En desacuerdo Ni de acuerdo ni en desacuerdo De acuerdo Totalmente de acuerdo

21%
5% 6% 10%
35%
11% 11% 15%
39%
27%
20% 20%
5%
54%
46%
31%
0% 3%
17%
24%
0%
10%
20%
30%
40%
50%
60%
Mis padres o tutores participan
en reuniones sobre prevención
de drogas organizadas por la
escuela.
Existe buena comunicación
entre los docentes y las
familias sobre temas de
prevención.
La escuela promueve la
participación de las familias en
actividades escolares
preventivas.
En casa, recibo apoyo
emocional y orientación sobre
los riesgos del consumo de
sustancias.
Colaboración escuela-familia
Totalmente en desacuerdo En desacuerdo Ni de acuerdo ni en desacuerdo
De acuerdo Totalmente de acuerdo
Vol. 13/ Núm. 2 2026 pág. 1201
Los resultados muestran una colaboración débil entre la escuela y las familias en la
prevención del consumo de sustancias. El 95% de los estudiantes afirma que sus padres no
participan o no confirman participación en reuniones preventivas. Aunque la comunicación entre
docentes y familias es valorada por el 57%, un 43% se mantiene neutral o en desacuerdo. La
promoción de la participación familiar es reconocida por el 63%, pero aún no es generalizada.
Además, solo el 55% percibe apoyo emocional u orientación en el hogar. Esto evidencia vínculos
frágiles y baja participación familiar efectiva.

Figura 6

Acciones de vinculación entre escuela, familia y organismos externos. Dimensión: Colaboración
escuela-familia. Dimensión: Apoyo institucional externo

Los resultados evidencian una contradicción en la percepción del apoyo institucional
externo. El 95% de los estudiantes no reconoce que la escuela trabaje de manera articulada con
instituciones externas en la prevención del consumo de drogas. Sin embargo, el 93% afirma haber
participado en charlas o talleres impartidos por organismos como SENAD o la Fiscalía. Además,
el 100% reconoce la realización de capacitaciones con apoyo institucional y el contacto con redes
comunitarias. Esto sugiere que, aunque existen acciones conjuntas reales, estas no son percibidas
como parte de una estrategia formal y sostenida.

21%
0% 0% 0%
35%
0% 0% 0%
39%
0% 0% 0%
5%
93%
36%
13%
0% 7%
64%
87%
0%
10%
20%
30%
40%
50%
60%
70%
80%
90%
100%
La escuela trabaja en
conjunto con instituciones
externas para prevenir el
consumo de drogas.
He asistido a charlas o
talleres impartidos por
profesionales externos
(SENAD, Fiscalía, etc.).
Se organizan capacitaciones
con apoyo de instituciones
especializadas.
El colegio mantiene contacto
con redes comunitarias que
ofrecen apoyo en prevención.
Apoyo institucional externo
Totalmente en desacuerdo En desacuerdo Ni de acuerdo ni en desacuerdo De acuerdo Totalmente de acuerdo
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Figura 7

Acciones de vinculación entre escuela, familia y organismos externos. Dimensión: Colaboración
escuela-familia. Dimensión: Participación comunitaria.

Los resultados muestran una participación comunitaria moderada en acciones
preventivas. El 75% de los estudiantes afirma haber participado en campañas
comunitarias sobre prevención, aunque un 25% se mantiene neutro o en desacuerdo. El
55% reconoce que el colegio promueve actividades culturales o recreativas vinculadas a
la prevención, pero un 45% no las percibe claramente. Además, solo el 49% identifica
espacios de colaboración comunitaria, y el 65% considera que la comunidad promueve
estilos de vida saludables. Esto indica avances, aunque aún falta mayor continuidad y
articulación comunitaria.

Resultado de la Entrevista a Docentes

A partir del análisis de las entrevistas realizadas a cinco docentes, se pueden identificar
diversas percepciones sobre la implementación de estrategias preventivas en el entorno escolar
respecto al consumo de sustancias psicoactivas. En primer lugar, la mayoría de los docentes
manifestaron utilizar metodologías participativas como dramatizaciones, debates y juegos de
roles, lo que demuestra un esfuerzo por dinamizar la enseñanza y hacerla más significativa. No
obstante, también se evidenció que uno de los entrevistados no implementa estas prácticas debido
a la falta de formación, lo cual indica una brecha en la capacitación docente que podría afectar la
eficacia de estas acciones.

Por otra parte, aunque todos los docentes coinciden en que existen normativas escolares
sobre el consumo de drogas, se señaló que los protocolos específicos no son conocidos por toda
la comunidad educativa, y algunos no se actualizan regularmente. Esta situación revela la

6% 8% 7% 3%
8%
15% 20%
5%
11%
22% 24% 27%
67%
55% 49%
39%
8%
0% 0%
26%
0%
10%
20%
30%
40%
50%
60%
70%
80%
He participado en campañas
comunitarias sobre
prevención de adicciones
organizadas con el colegio.
El colegio promueve
actividades culturales o
recreativas relacionadas con
la prevención.
Existen espacios donde la
comunidad colabora en
acciones preventivas
dirigidas a los jóvenes.
La comunidad en general se
involucra en promover estilos
de vida saludables para los
estudiantes.
Participación comunitaria
Totalmente en desacuerdo En desacuerdo Ni de acuerdo ni en desacuerdo De acuerdo Totalmente de acuerdo
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necesidad de mejorar la comunicación institucional y el acceso a la normativa vigente para
garantizar su cumplimiento efectivo.

Además, se observó que el acompañamiento profesional en materia de prevención es muy
limitado. Solo en ocasiones puntuales se cuenta con el apoyo de instituciones como la SENAD o
la Fiscalía, mientras que la figura del psicólogo escolar está ausente. Esto representa una
importante debilidad en cuanto a recursos humanos especializados dentro de la escuela.

Asimismo, todos los docentes coincidieron en que la participación de las familias es baja,
pese a los intentos de convocarlas a charlas o actividades preventivas. Este escaso
involucramiento también se refleja en la comunidad en general, donde la colaboración en
campañas o acciones es limitada. En consecuencia, se destaca la urgencia de fortalecer los
vínculos entre la escuela, la familia y las organizaciones comunitarias para construir un enfoque
de prevención más integral y sostenible.

Resultado de la Entrevista a Padres

Se entrevistó a 10 padres y madres de estudiantes de la Educación Media en el distrito de
Cerrito para conocer su opinión sobre la prevención del consumo de drogas en las escuelas.

La mayoría de los padres dijeron estar preocupados por este problema (8 de 10), ya que
ven que los jóvenes están expuestos a muchos riesgos, como la presión de amigos, el uso del
celular sin control y la falta de actividades sanas. Algunos mencionaron que el consumo de drogas
ya es visible en la comunidad (5 de 10), aunque no siempre se habla del tema con claridad.

Cuando se les preguntó sobre el trabajo de la escuela, la mayoría expresó que han visto
charlas o talleres (6 de 10), pero también dijeron que estas actividades no son constantes y que no
siempre se les invita a participar (7 de 10). Algunos mencionaron que solo se enteran cuando sus
hijos les comentan, y no porque la escuela les haya informado directamente.

En cuanto al trabajo conjunto entre familia y escuela, muchos padres reconocieron que es
importante (9 de 10), pero también dijeron que sienten que falta más comunicación y apoyo (6 de
10). Algunos mencionaron que no saben cómo hablar del tema con sus hijos y que les gustaría
recibir orientación para ayudar desde casa (4 de 10).

Como se puede evidenciar, los padres entrevistados expresaron su interés en colaborar
más, pero señalaron que hace falta una mejor organización y comunicación por parte de la escuela
para que las acciones de prevención realmente funcionen.

Resultados de la Entrevista a Informantes clave

Los entrevistados coincidieron en que el consumo de sustancias psicoactivas en
adolescentes es un problema real y preocupante en la comunidad (6), mencionando que si bien
los casos detectados en las instituciones educativas no son numerosos, sí se reportan situaciones
sospechosas que generan alarma. Todos afirmaron que existen esfuerzos institucionales para
abordar la prevención, aunque reconocieron que no son sistemáticos ni suficientes (5), y que
dependen en gran medida del compromiso personal de algunos docentes o directivos (4).
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Asimismo, la mayoría expresó que no cuentan con un protocolo claro de actuación ante
casos de consumo (5), lo que genera incertidumbre y temor a actuar de manera inadecuada. En
relación con los recursos disponibles, los seis entrevistados señalaron la falta de personal
especializado, como psicólogos o trabajadores sociales, lo cual limita las acciones de seguimiento
y acompañamiento. Sin embargo, algunos indicaron que han recibido apoyo puntual de
instituciones externas como la SENAD, aunque estas intervenciones no son continuas ni
articuladas (3).

Por otro lado, la colaboración con las familias fue mencionada como una debilidad
importante (5), ya que muchas veces los padres no participan activamente en las acciones
preventivas ni reconocen la magnitud del problema. Solo uno de los entrevistados indicó que su
institución logró consolidar espacios de diálogo con padres y referentes comunitarios. Finalmente,
todos los informantes consideraron urgente fortalecer la formación docente en prevención de
adicciones y solicitaron apoyo institucional para desarrollar estrategias sostenidas en el tiempo.

DISCUSIÓN

Los resultados obtenidos en las distintas técnicas de recolección de datos; cuestionarios a
estudiantes, entrevistas a docentes, padres e informantes clave, evidencian una débil
implementación sistemática de estrategias escolares de prevención del consumo de sustancias
psicoactivas en el contexto educativo del distrito de Cerrito. Esta situación puede analizarse a la
luz de lo expresado por autores como Carvajal (2021), quien sostiene que la escuela tiene un rol
clave en la construcción de una cultura preventiva, no solo desde la enseñanza de contenidos, sino
como generadora de ambientes protectores.

En la dimensión de métodos pedagógicos, la mayoría de los estudiantes mencionaron la
escasa aplicación de metodologías innovadoras, como dramatizaciones o juegos de roles, lo que
contrasta con las recomendaciones de Castillo y Espinoza (2020), quienes destacan que el
aprendizaje activo mediante simulaciones favorece el desarrollo de habilidades para la toma de
decisiones frente a situaciones de riesgo. Aunque se reconocen charlas y talleres esporádicos, no
se perciben como parte de una estrategia educativa sostenida.

Asimismo, los docentes entrevistados manifestaron (4 de 5) que, si bien se realizan
acciones aisladas como charlas de sensibilización, no existe una planificación institucional ni
acompañamiento pedagógico para incorporar la prevención como eje transversal. Esto coincide
con lo planteado por Rojas y Caballero (2021), quienes advierten que muchas políticas
preventivas en las escuelas carecen de continuidad y evaluación, lo que limita su efectividad.

Respecto a las políticas institucionales, la mayoría de los estudiantes reconocen la
existencia de normas sobre el consumo de sustancias (87% dice conocerlas), sin embargo, se
detecta una brecha entre el reglamento y la aplicación efectiva de protocolos ante casos concretos.
Los resultados también revelan que los espacios de atención psicosocial no están disponibles
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(100% lo niega), lo cual es crítico, ya que la guía del Ministerio de Educación (MEC, 2018) y la
SENAD (2020) enfatizan la importancia del abordaje integral y la derivación oportuna.

En cuanto a la participación familiar y comunitaria, tanto estudiantes como padres
señalaron que existe escasa vinculación entre la escuela y las familias en materia preventiva. Solo
un 5% de estudiantes y 2 padres afirmaron haber participado en reuniones específicas sobre
drogas. Esto confirma lo señalado por Aponte y González (2020), quienes afirman que la falta de
articulación entre escuela y familia constituye una barrera importante para la prevención efectiva.
De igual manera, los informantes clave remarcaron la falta de alianzas sostenidas con
instituciones especializadas, lo que impide a las escuelas acceder a recursos formativos y técnicos,
a pesar de que el Plan Nacional de Prevención del Consumo de Drogas (SENAD, 2022) promueve
estos vínculos.

Por último, el análisis transversal de las técnicas empleadas evidencia que, si bien existe
conciencia sobre los riesgos del consumo, no se ha logrado aún consolidar un enfoque de
prevención integral, coherente con lo propuesto por la UNESCO (2021), que recomienda
intervenciones basadas en evidencia, adaptadas al contexto local y con participación de toda la
comunidad educativa.

CONCLUSIONES

El estudio permitió describir las estrategias de gestión escolar orientadas a la prevención
del consumo de sustancias psicoactivas en instituciones de Educación Media del distrito de
Cerrito, año 2025. En primer lugar, se identificó que las estrategias educativas implementadas se
centran mayormente en charlas aisladas, sin evidencia de una planificación pedagógica sostenida
ni de metodologías activas que promuevan la reflexión y el desarrollo de habilidades para la toma
de decisiones. Esto evidencia una brecha importante entre la teoría preventiva y la práctica
educativa, lo cual limita su impacto real en el estudiantado.

En relación con las políticas institucionales, si bien la mayoría de los estudiantes afirma
conocer las normas de convivencia y existe un reglamento claro respecto al consumo de
sustancias, se constata una ausencia de protocolos sistemáticos de actuación y la falta de recursos
psicosociales institucionales. Esto debilita la capacidad de respuesta ante situaciones de riesgo y
refleja una gestión más reactiva que preventiva.

Respecto al vínculo entre escuela, familia y organismos externos, los resultados muestran
una participación escasa de los padres y tutores en actividades preventivas, así como una débil
articulación con organizaciones especializadas como la SENAD o la Fiscalía, a pesar de que
algunas charlas han sido organizadas con apoyo externo. Además, la comunidad en general aún
no asume un rol activo en la promoción de estilos de vida saludables entre los jóvenes.

Por tanto, si bien existen esfuerzos parciales y elementos puntuales que responden a una
lógica preventiva, las estrategias de gestión escolar implementadas en el contexto analizado no
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cumplen de manera integral ni efectiva con los componentes esperados para una prevención
significativa del consumo de sustancias psicoactivas. En consecuencia, la hipótesis de
investigación no se confirma totalmente, ya que, si bien se reconocen algunas estrategias, estas
no se articulan ni se ejecutan de forma consistente ni en todos los niveles del enfoque ecológico
propuesto por Bronfenbrenner (citado en Ramírez Díaz et al., 2024).

Para que la gestión escolar cumpla un rol transformador en la prevención, es necesario
fortalecer las capacidades institucionales, promover la formación continua del personal docente,
establecer protocolos de acción claros, garantizar recursos humanos y materiales adecuados, y
fomentar una participación activa de las familias y la comunidad. Solo así será posible avanzar
hacia entornos escolares protectores, preventivos y comprometidos con el bienestar integral de
los adolescentes.
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