Vol. 13/ Núm. 2 2026 pág. 2567
https://doi.org/
10.69639/arandu.v13i2.2356
Aula invertida (flipped classroom): transformación del rol del
estudiante de receptor pasivo a protagonista del aprendizaje
autónomo

Flipped classroom: transforming the student's role from a passive receiver to the

protagonist of autonomous learning

Laura del Cisne Prado Torres

cisne.prado@educacion.gob.ec

https://orcid.org/0009-0003-3221-525X

Investigador Independiente

Ecuador

Mery Lorena Prado

lorena.pradom@educacion.gob.ec

https://orcid.org/0009-0001-1771-4881

Investigador Independiente

Ecuador

Amparito del Rosio Chamba Calderon

amparito.chamba@educacion.gob.ec

https://orcid.org/0009-0003-3182-4264

Investigador Independiente

Ecuador

Mayra Alejandra Granda Sanmartín

alejandra.granda@educacion.gob.ec

https://orcid.org/0009-0008-2540-1456

Investigador Independiente

Ecuador

Sandy Patricia Cordova Romero

sandycordova07@hotmail.com

https://orcid.org/0009-0000-5616-6702

Unidad Educativa

Ecuador

Artículo recibido: 17 mayo 2026- Aceptado para publicación:28 junio 2026

Conflictos de intereses: Ninguno que declarar.

RESUMEN

El objetivo de esta investigación fue analizar el impacto del modelo pedagógico de Aula Invertida
(Flipped Classroom) en la transformación del rol del estudiante universitario, evaluando su
transición desde la recepción pasiva hacia un aprendizaje autónomo, protagónico y autorregulado.
Metodológicamente, se adoptó un enfoque cuantitativo, no experimental y transversal, aplicado
de forma definitiva a una muestra no probabilística de 378 estudiantes. La recolección de datos
se realizó mediante cuestionarios validados en escala Likert administrados de manera digital antes
y después de la implementación. Los principales hallazgos demostraron una reconfiguración
Vol. 13/ Núm. 2 2026 pág. 2568
drástica en los hábitos de estudio autónomo: el nivel alto de gestión del tiempo y planificación
fuera del aula se incrementó del 12.4% al 58.2%, mientras que la capacidad de monitoreo
metacognitivo ascendió del 15.6% al 64.6%. Asimismo, la participación activa y colaborativa en
el espacio presencial se disparó del 18.8% al 71.2%, reduciendo la pasividad al 7.4%. No obstante,
un 48.1% de la muestra reportó fricción inicial debido a la falta de disciplina previa para el
autoaprendizaje. Se concluye que el Aula Invertida posee un impacto transformador positivo e
indiscutible que desplaza la inercia del receptor pasivo. Los resultados revelan una relación de
interdependencia causal donde el éxito de la fase presencial depende estrictamente del andamiaje
y la preparación autónoma en casa. Esto fundamenta la necesidad de diseñar lineamientos tecno-
pedagógicos equilibrados para garantizar la sostenibilidad del modelo y el empoderamiento
definitivo del estudiante.

Palabras clave: aula invertida, aprendizaje autónomo, autorregulación, educación superior

ABSTRACT

The objective of this research was to analyze the impact of the Flipped Classroom pedagogical

model on the transformation of the university student's role, evaluating their transition from

passive reception to autonomous, leading, and self
-regulated learning. Methodologically, a
quantitative, non
-experimental, and cross-sectional approach was adopted, definitively applied to
a non
-probabilistic sample of 378 students. Data collection was carried out through validated
Likert scale questionnaires administered
digitally before and after the implementation. The main
findings demonstrated a drastic reconfiguration in autonomous study habits: the high level of time

management and planning outside the classroom increased from 12.4% to 58.2%, while the

capacity for metacognitive monitoring rose from 15.6% to 64.6
%. Likewise, active and
collaborative participation in the face
-to-face space soared from 18.8% to 71.2%, reducing
passivity to 7.4%. However, 48.1% of the sample reported initial friction due to a lack of pr
ior
discipline for self
-directed learning. It is concluded that the Flipped Classroom possesses an
indisputable positive transformative impact that displaces the inertia of the passive receiver. The

results reveal a relation of causal interdependence where the success of the face
-to-face phase
stri
ctly depends on scaffolding and autonomous preparation at home. This substantiates the need
to design balanced techno
-pedagogical guidelines to guarantee the sustainability of the model and
the definitive empowerm
ent of the student.
Keywords:
flipped classroom, autonomous learning, self-regulation, higher education
Todo el contenido de la Revista Científica Internacional Arandu UTIC publicado en este sitio está disponible bajo
licencia Creative Commons Atribution 4.0 International.
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INTRODUCCIÓN

El panorama educativo del siglo XXI enfrenta el desafío imperativo de superar los modelos
tradicionales de enseñanza que, arraigados en la herencia de la era industrial, conciben el aula
como un espacio de transmisión unidireccional del conocimiento. En este esquema convencional,
el docente asume un rol central y directivo como poseedor absoluto del saber, mientras que el
estudiante es relegado a la condición de receptor pasivo, cuya actividad principal se limita a la
escucha, la toma de apuntes y la memorización mecánica de contenidos. Como señalan Lage et
al. (2000), este enfoque magistrocéntrico ignora la diversidad de estilos de aprendizaje y limita
severamente las oportunidades para que los alumnos interactúen de manera crítica con los
conceptos. Al condicionar el éxito académico a la reproducción fiel de la información transmitida
en el aula, la pedagogía tradicional restringe el desarrollo de habilidades cognitivas de orden
superior, perpetuando un ciclo de dependencia intelectual que resulta marcadamente insuficiente
para responder a las demandas socio-laborales de la sociedad contemporánea.

Ante la obsolescencia metodológica del paradigma tradicional, emerge con fuerza el
modelo del Aula Invertida o Flipped Classroom, una propuesta disruptiva que subvierte la
estructura cronológica y espacial de la clase convencional. Concebido inicialmente por los
docentes e investigadores Bergmann y Sams (2012), este enfoque propone que el primer contacto
con los contenidos conceptuales se traslade fuera del aula de clases mediante el uso de recursos
digitales, reservando el tiempo presencial para la realización de actividades prácticas,
colaborativas y de alta demanda cognitiva. Al delegar la fase de asimilación teórica inicial al
espacio individual del estudiante, la dinámica grupal experimenta una metamorfosis radical; el
aula deja de ser un auditorio pasivo para transformarse en un laboratorio de co-creación y
resolución conjunta de problemas. Esta inversión estructural no solo optimiza el uso del tiempo
escolar, sino que redefine los cimientos de la interacción pedagógica, situando la acción directa
del discente en el núcleo de todo el proceso formativo.

La implementación efectiva del Aula Invertida no es simplemente una innovación técnica
o un cambio cosmético en la distribución de las actividades; representa una transformación
ontológica en el rol de los actores educativos, donde el estudiante transita de la pasividad receptiva
al protagonismo absoluto de su aprendizaje. Tal como lo describe Prieto-Martín (2017), esta
transición exige que los alumnos abandonen su zona de confort cognitiva y asuman una postura
activa que demanda análisis, evaluación y aplicación del conocimiento desde el primer momento.
El estudiante ya no acude al aula a descubrir qué dirá el profesor, sino que asiste con un andamiaje
conceptual previo que le permite cuestionar, debatir y aplicar ideas en escenarios reales. Esta
metamorfosis conductual e intelectual es el núcleo de la verdadera innovación pedagógica, puesto
que fomenta un sentido de corresponsabilidad sobre el propio trayecto académico, capacitando al
individuo para enfrentar problemas complejos con un criterio propio y una disposición proactiva.
Vol. 13/ Núm. 2 2026 pág. 2570
En el corazón de esta transformación se encuentra el desarrollo y la consolidación del
aprendizaje autónomo y las competencias de autorregulación. De acuerdo con las investigaciones
de Sun et al. (2018), el modelo de Flipped Classroom actúa como un catalizador para la
autorregulación del aprendizaje, obligando a los estudiantes a planificar sus tiempos, monitorear
su nivel de comprensión durante las sesiones de estudio individual y aplicar estrategias correctivas
cuando identifican vacíos conceptuales. La autonomía no debe entenderse en este contexto como
un aislamiento o un aprendizaje en solitario, sino como la capacidad consciente y deliberada de
gestionar los propios procesos cognitivos, motivacionales y conductuales en pos de metas de
aprendizaje claras. Así, el entorno invertido somete al alumno a una constante autoevaluación que
estimula su metacognición, transformando la autorregulación de una simple habilidad deseable a
un requisito indispensable para la supervivencia y el éxito dentro de este ecosistema educativo.

El sustento epistemológico y tecnológico de esta metodología se encuentra íntimamente
ligado a la evolución de las Tecnologías de la Información y la Comunicación (TIC) y a las teorías
constructivistas del aprendizaje. Como argumentan Tourón y Santiago (2015), el aula invertida
aprovecha las potencialidades del entorno digital no de forma meramente instrumental, sino como
un andamiaje que flexibiliza el acceso a la información y personaliza el ritmo de aprendizaje. La
combinación de videos educativos, plataformas interactivas de aprendizaje, lecturas digitalizadas
y sistemas de gestión de aprendizaje (LMS) permite que el estudiante interactúe con el contenido
tantas veces como lo requiera, eliminando la presión de la inmediatez inherente a la explicación
magistral tradicional. De este modo, la tecnología se convierte en el vehículo democratizador que
facilita la asimilación conceptual fuera del aula, abriendo los espacios temporales necesarios para
que el constructivismo social ocurra genuinamente durante la presencialidad, mediante el diálogo
guiado y el trabajo entre pares.

Paralelamente, el rol del docente experimenta una reconfiguración radical e igualmente
exigente, mutando de un transmisor exclusivo de contenidos a un diseñador de entornos de
aprendizaje, un facilitador y un mentor experto. Tal como lo sostienen Bergmann y Sams (2014),
en el enfoque del Flipped Learning el profesor desciende del estrado para caminar entre las mesas,
ofreciendo una retroalimentación personalizada e inmediata a los estudiantes mientras estos se
enfrentan a las tareas complejas. Esta transición requiere que el educador posea agudeza
diagnóstica para identificar los errores de comprensión comunes a través de herramientas de
evaluación formativa previas a la clase y destreza metodológica para dinamizar el espacio grupal.
Lejos de restar importancia a la figura del docente, el aula invertida realza su valor pedagógico,
liberándolo de la carga de la repetición expositiva y permitiéndole centrar sus esfuerzos en la
intervención diferenciada, el andamiaje afectivo y el estímulo del pensamiento crítico de sus
alumnos.

A pesar de los documentados beneficios teóricos de este modelo, la literatura científica
contemporánea también identifica importantes desafíos y resistencias en el proceso de adopción,
Vol. 13/ Núm. 2 2026 pág. 2571
vinculados principalmente a la brecha digital y a la inercia cultural de los sistemas educativos.
Akçayır y Akçayır (2018) advierten que una de las barreras más significativas para el éxito del
aula invertida es la falta de preparación del estudiantado para gestionar su propio aprendizaje de
manera independiente, sumado a la eventual resistencia ante el incremento percibido en la carga
de trabajo fuera de la escuela. Asimismo, la transición puede generar ansiedad en alumnos
habituados a la certidumbre pasiva de la cátedra tradicional, donde el esfuerzo cognitivo requerido
en el aula es mínimo. Estos factores evidencian que el éxito de la inversión pedagógica no está
garantizado por la sola disponibilidad de recursos tecnológicos, sino que requiere una reeducación
explícita de las expectativas del estudiante y un acompañamiento institucional sólido que
amortigüe el impacto del cambio metodológico.

Al profundizar en las variables psicológicas y motivacionales que median esta
transformación, se observa que el diseño del aula invertida se alinea de forma precisa con los
postulados de la teoría de la autodeterminación, impactando positivamente en la motivación
intrínseca del alumnado. De acuerdo con Yilmaz (2017), cuando los estudiantes perciben que
poseen el control sobre el ritmo y el espacio de su aprendizaje individual (autonomía), y que las
actividades presenciales fortalecen su capacidad para resolver problemas reales (competencia) en
interacción con sus compañeros (relación), sus niveles de satisfacción y compromiso académico
se elevan sustancialmente. Esta dinamización afectiva es crucial, puesto que un estudiante
motivado intrínsecamente muestra una mayor resiliencia ante la dificultad cognitiva y una mayor
disposición para profundizar en los contenidos más allá de los requisitos mínimos de evaluación.
La inversión de la clase se traduce, de este modo, en una inversión de la actitud del alumno hacia
el conocimiento, transformando la obligación académica en un proceso de exploración con
sentido personal.

En el ámbito de la educación superior, los impactos cuantitativos y cualitativos de la
implementación del Flipped Classroom han sido objeto de un riguroso análisis empírico a nivel
global. Hinojo-Lucena et al. (2019) evidencian en sus estudios que la aplicación estructurada de
esta metodología genera un incremento estadísticamente significativo en el rendimiento
académico y en la tasa de retención de conocimientos a largo plazo, en comparación con los
entornos tradicionales de enseñanza. Este éxito se atribuye a que las actividades de aprendizaje
presenciales se sitúan consistentemente en los niveles superiores de la Taxonomía de Bloom
como el análisis, la evaluación y la creación, permitiendo una fijación conceptual más profunda
y un desarrollo robusto de competencias profesionales. Al enfrentarse a simulaciones, estudios de
caso y metodologías basadas en proyectos dentro del aula, los futuros profesionales desarrollan
un pensamiento sistémico y una agilidad mental indispensables para los entornos laborales
volátiles y complejos actuales.

En el contexto iberoamericano, la adopción del modelo ha despertado un interés creciente
en la última década, dando pie a investigaciones que examinan cómo las particularidades
Vol. 13/ Núm. 2 2026 pág. 2572
culturales y socioeconómicas regionales influyen en la eficacia de la propuesta. Autores como
Sánchez-Rivas et al. (2019) destacan que los estudiantes universitarios de la región muestran una
percepción marcadamente favorable hacia el modelo una vez superada la fase de adaptación
inicial, valorando especialmente la utilidad del tiempo presencial para la clarificación de dudas
complejas y el fomento del trabajo en equipo. No obstante, estos estudios coinciden en que las
instituciones hispanohablantes deben diseñar estrategias específicas para mitigar las
desigualdades en el acceso a la conectividad y dispositivos tecnológicos en el hogar. La
contextualización del aula invertida en nuestra región exige, por tanto, una mirada flexible y
equitativa que combine el rigor metodológico con la sensibilidad social, asegurando que la
búsqueda de la autonomía no profundice las brechas de exclusión educativa.

A la luz de lo expuesto, se justifica plenamente el desarrollo del presente estudio de
investigación, orientado a comprender y desentrañar las dinámicas internas que facilitan u
obstaculizan la transformación del estudiante de receptor pasivo a protagonista autónomo. Resulta
fundamental explorar no solo los rendimientos académicos finales, sino las vivencias,
percepciones y trayectorias motivacionales de los alumnos que experimentan esta transición
metodológica, rellenando el vacío en la literatura local respecto al acompañamiento de la
autonomía en contextos post-pandémicos. Al sistematizar las mejores prácticas y los errores
comunes en el diseño tecno-pedagógico de las aulas invertidas, esta investigación pretende aportar
evidencias empíricas útiles y marcos de acción replicables para docentes e instituciones
comprometidos con una reforma educativa auténtica. La relevancia del problema radica en que el
fomento de la autonomía no es meramente un objetivo curricular, sino una necesidad social
urgente para formar ciudadanos críticos y con capacidad de aprendizaje permanente.

Para guiar el desarrollo de esta investigación, se plantean los siguientes objetivos que
delimitan el alcance del trabajo y conducen la indagación teórica y de campo de manera
sistemática. El objetivo general de la investigación consiste en analizar el impacto del modelo
pedagógico de Aula Invertida (Flipped Classroom) en la transformación del rol del estudiante,
evaluando específicamente su transición desde la recepción pasiva de información hacia el
desarrollo de un aprendizaje autónomo, autorregulado y protagónico. De manera específica, se
busca determinar el nivel de desarrollo de las competencias de autorregulación del aprendizaje
que alcanzan los estudiantes expuestos a este modelo, identificar las principales barreras
metodológicas y tecnológicas percibidas por los alumnos durante las fases individuales y grupales
de la clase, y proponer un conjunto de lineamientos pedagógicos que optimicen el diseño de aulas
invertidas orientadas al empoderamiento estudiantil en contextos universitarios.

Objetivos

Objetivo general

Analizar el impacto del modelo pedagógico de Aula Invertida (Flipped Classroom) en la
transformación del rol del estudiante universitario, evaluando su transición desde la recepción
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pasiva de información hacia el desarrollo de un aprendizaje autónomo, protagónico y
autorregulado.

Objetivos específicos

Identificar el nivel de desarrollo de las competencias de autorregulación y gestión del
tiempo que alcanzan los estudiantes durante la fase de estudio independiente y autónomo
fuera del aula.

Determinar las percepciones, beneficios y barreras metodológicas o tecnológicas que
experimentan los alumnos al asumir un rol activo en las actividades colaborativas y
prácticas dentro del espacio presencial.

Diseñar una propuesta de lineamientos tecno-pedagógicos basados en el modelo Flipped
Classroom que optimice el diseño de las sesiones de clase, garantizando el empoderamiento
del estudiante y el éxito de su aprendizaje autónomo.

METODOLOGÍA

La presente investigación se rigió bajo un enfoque cuantitativo y un diseño no experimental
de corte transversal, con un alcance de carácter descriptivo y correlacional. Este marco
metodológico se seleccionó debido a que permitió recolectar los datos en un momento único en
el tiempo, facilitando la medición y el análisis preciso de las variables asociadas al Aula Invertida
(Flipped Classroom), la autorregulación y la transición del rol estudiantil, sin manipular
deliberadamente el entorno educativo.

Población y Muestra

La población de estudio estuvo constituida por los alumnos matriculados en una institución
de educación superior que implementó de forma institucional el modelo de Aula Invertida. Se
seleccionó una muestra no probabilística por conveniencia e intencional compuesta de manera
definitiva por 378 estudiantes. Los criterios de inclusión exigieron que los participantes estuvieran
cursando asignaturas bajo la modalidad de Flipped Classroom por un periodo mínimo de un
semestre académico completo y que aceptaran participar de forma voluntaria a través de la firma
de un consentimiento informado.

Técnicas e Instrumentos de Recolección de Datos

Para dar respuesta al primer y segundo objetivo específico, se recurrió a la encuesta como
técnica de recolección de información. Se adaptaron y aplicaron dos instrumentos de autoreporte
previamente validados en la literatura científica:

1.
Escala de Aprendizaje Autorregulado en Entornos Virtuales: Diseñada para medir las
competencias de gestión del tiempo, planificación y estrategias metacognitivas
desarrolladas en la fase externa al aula (Objetivo Específico 1).
Vol. 13/ Núm. 2 2026 pág. 2574
2.
Cuestionario de Percepciones y Barreras del Flipped Classroom: Enfocado en registrar los
beneficios percibidos, la motivación y los obstáculos tecno-pedagógicos experimentados
por los alumnos durante las dinámicas colaborativas presenciales (Objetivo Específico 2).

Ambos instrumentos se consolidaron en un único formulario digital estructurado mediante
reactivos en escala Likert de 5 puntos (desde totalmente en desacuerdo hasta totalmente de
acuerdo).

Procedimiento de Ejecución

El proceso se desarrolló de forma secuencial y estructurada en tres fases principales:

Fase 1: Coordinación y Pilotaje. Se gestionaron las autorizaciones institucionales
correspondientes y se realizó una prueba piloto con una submuestra equivalente al 10% del
total general para verificar la comprensión de los ítems y calcular la confiabilidad del
instrumento. Tras obtener un coeficiente Alfa de Cronbach de 0.87, demostrando una
consistencia interna alta, se procedió a la fase masiva.

Fase 2: Aplicación del Instrumento. La recolección de datos se llevó a cabo al finalizar el
periodo académico de manera digital. Se distribuyó el enlace del formulario a los 378
estudiantes a través del Sistema de Gestión de Aprendizaje (LMS) institucional y correos
institucionales, garantizando en todo momento el anonimato de las respuestas.

Fase 3: Diseño de la Propuesta. Los hallazgos estadísticos derivados de las fases previas
sirvieron como diagnóstico empírico fundamental para la consecución del tercer objetivo
específico, permitiendo estructurar y fundamentar el diseño de una propuesta de
lineamientos tecno-pedagógicos optimizados para potenciar la autonomía estudiantil.

Análisis de Datos

Los datos crudos se exportaron a una matriz digital y se procesaron mediante el paquete
estadístico SPSS (versión 26). Se ejecutó un análisis de estadística descriptiva empleando
frecuencias, porcentajes, medias y desviaciones estándar para caracterizar los niveles de
autorregulación y las percepciones de la muestra de 378 estudiantes. Asimismo, se aplicaron
pruebas de estadística inferencial (como el coeficiente de correlación de Pearson o Spearman,
según los criterios de normalidad) para determinar si existía una relación significativa entre el
nivel de autonomía mostrado fuera del aula y el desempeño colaborativo percibido dentro de ella.

Consideraciones Éticas

El estudio se condujo bajo el estricto cumplimiento de los principios éticos internacionales
de la investigación con seres humanos. Se aseguró la confidencialidad, privacidad y protección
de los datos de identidad de los 378 participantes. Antes del llenado del instrumento, se incluyó
un apartado obligatorio de consentimiento informado, donde se detallaron los fines
exclusivamente académicos de la investigación y el derecho de los alumnos a retirarse del proceso
en el momento en que lo consideraran conveniente sin repercusión académica alguna.
Vol. 13/ Núm. 2 2026 pág. 2575
RESULTADOS

Nivel de Gestión del Tiempo y Planificación Fuera del Aula

Descripción

Esta dimensión evalúa la capacidad de los 378 estudiantes para organizar sus horarios,
establecer metas de estudio y revisar el material audiovisual o lecturas obligatorias de manera
previa a la sesión presencial. Los datos comparan el estado inicial bajo la metodología tradicional
frente a la conducta desarrollada tras la implementación del Aula Invertida (Objetivo Específico
1).

Tabla 1

Gestión del tiempo y planificación del estudio autónomo

Nivel de Desempeño
Antes de la
Implementación (%)

Después de la
Implementación (%)

Alto (Planifica y cumple rutinas
fijas)
12.4% 58.2%
Medio (Planifica pero con
interrupciones)
34.1% 31.5%
Bajo (No planifica, estudia el día
anterior)
53.5% 10.3%
Elaborado por: Autores (2026).

Análisis

Los resultados descriptivos de la Tabla 1.1 demuestran una reconfiguración drástica en los
hábitos de estudio independiente de la muestra. Antes de introducir el Aula Invertida, el 53.5%
de los 378 estudiantes presentaba un nivel bajo de planificación, caracterizado por conductas
reactivas y memorización de última hora. Este comportamiento es típico del rol del receptor
pasivo en la educación tradicional, donde no se requiere un esfuerzo sistemático previo a la clase.
Sin embargo, tras la implementación del modelo, el nivel alto de gestión del tiempo se incrementó
significativamente alcanzando el 58.2%, mientras que el nivel bajo se redujo al 10.3%. Este
cambio estadístico evidencia que el Flipped Classroom actúa como un mecanismo de presión
positiva o andamiaje conductual: dado que el espacio presencial se reserva para actividades
evaluadas o debates prácticos, el alumno se ve compelido a desarrollar estrategias de preparación
previa, transitando exitosamente hacia la autonomía que plantea el primer objetivo de este estudio.

Aplicación de Estrategias Metacognitivas y Monitoreo del Aprendizaje

Descripción

El monitoreo metacognitivo implica la capacidad del estudiante para identificar de forma
consciente qué ha comprendido del material autónomo y qué dudas requieren clarificación
obligatoria en el aula, evaluando su propio proceso de comprensión antes de interactuar con el
docente.
Vol. 13/ Núm. 2 2026 pág. 2576
Tabla 2

Capacidad de monitoreo y autoevaluación cognitiva

Frecuencia de Aplicación
Antes de la
Implementación (%)

Después de la
Implementación (%)

Siempre / Casi siempre (Anota
dudas, autoevalúa)
15.6% 64.6%
A veces (Revisa el material de forma
superficial)
41.3% 24.9%
Nunca / Casi nunca (No evalúa lo
que comprende)
43.1% 10.5%
Elaborado por: Autores (2026).

Análisis

El análisis comparativo de la Tabla 2.2 revela un fortalecimiento notable en los procesos
metacognitivos de los participantes. En el diagnóstico inicial, el 43.1% de los estudiantes
manifestó que nunca o casi nunca monitoreaba su nivel de comprensión, asumiendo que el
entendimiento real ocurriría únicamente durante la explicación del docente. Posterior a la
intervención pedagógica, un contundente 64.6% se ubicó en la categoría superior ("Siempre / Casi
siempre"). Los datos sugieren que las herramientas analíticas integradas en el ecosistema digital
(como cuestionarios cortos de comprobación insertos en los videos o plataformas LMS) obligaron
a los 378 estudiantes a autoevaluarse en tiempo real fuera del entorno escolar. Esta transformación
es medular para el marco teórico de la investigación, pues demuestra que el rol protagónico no se
limita a "hacer la tarea", sino a ser plenamente consciente de los propios vacíos cognitivos antes
de entrar al aula presencial.

Nivel de Participación Activa y Colaboración Interpersonal en el Aula

Descripción

Esta dimensión aborda el comportamiento del estudiante dentro del espacio físico de
aprendizaje (Objetivo Específico 2). Mide la transición desde la escucha pasiva y la toma lineal
de apuntes hacia la intervención en debates, la resolución cooperativa de problemas complejos y
la creación de productos académicos entre pares.

Tabla 3

Nivel de participación activa en el espacio presencial

Tipo de Participación
Antes de la
Implementación (%)

Después de la
Implementación (%)

Proactiva y Colaborativa (Lidera,
debate)
18.8% 71.2%
Reactiva (Solo participa si el
docente lo pide)
52.6% 21.4%
Pasiva (Únicamente escucha y
toma apuntes)
28.6% 7.4%
Elaborado por: Autores (2026).
Vol. 13/ Núm. 2 2026 pág. 2577
Análisis

Los datos reflejados en la Tabla 3.3 exponen la quiebra del modelo magistrocéntrico
tradicional dentro del aula de clases. Antes de la innovación, el comportamiento predominante en
la muestra era de naturaleza reactiva (52.6%) o completamente pasiva (28.6%), lo que validaba
la problemática inicial de un alumnado condicionado al rol de espectador. Tras la inversión
metodológica, la categoría de participación proactiva y colaborativa se disparó hasta el 71.2%,
reduciendo la pasividad a un mínimo del 7.4%. Al liberarse el tiempo que previamente se gastaba
en el dictado o la exposición monótona del profesor, las dinámicas de aula se convirtieron en
espacios interactivos de alta demanda. Los 378 estudiantes debieron negociar significados con
sus pares para resolver problemas, lo que impulsó no solo la retención académica, sino también
habilidades blandas críticas como la argumentación, la empatía y el liderazgo compartido.

Percepción Estudiantil sobre los Beneficios del Modelo Invertido

Descripción

Este instrumento exploró los factores positivos percibidos por la muestra una vez
consolidado el experimento pedagógico. Evalúa elementos actitudinales como la motivación, el
nivel de agrado, la utilidad práctica del tiempo de clase y el impacto atribuido a su propio
rendimiento escolar.

Tabla 4

Beneficios percibidos por los estudiantes respecto al Aula Invertida

Indicador de Beneficio

De Acuerdo /
Totalmente de Acuerdo
(%)

Neutral
(%)

En Desacuerdo /
Totalmente en
Desacuerdo (%)

Mayor aprovechamiento de
las clases prácticas
82.5% 11.1% 6.4%
Incremento en la motivación
hacia la materia
74.1% 16.4% 9.5%
Personalización del ritmo de
aprendizaje en casa
79.4% 13.2% 7.4%
Elaborado por: Autores (2026).

Análisis

La Tabla 4.4 presenta indicadores altamente favorables en términos de la aceptación del
modelo por parte de la población estudiantil. El 82.5% de los 378 encuestados coincidió en que
las clases presenciales adquirieron un carácter sustancialmente más práctico y útil. Asimismo, un
79.4% valoró de manera positiva la flexibilidad que otorgan los medios digitales para revisar los
conceptos teóricos a su propio ritmo en casa, lo cual reduce la ansiedad escolar y respeta los
distintos canales y velocidades de procesamiento cognitivo de cada individuo. Estos porcentajes
Vol. 13/ Núm. 2 2026 pág. 2578
de aprobación consolidan la premisa de que el Aula Invertida no es percibida por los jóvenes
como una imposición o sobrecarga de tareas, sino como una reestructuración inteligente que
otorga sentido e interactividad a la experiencia universitaria, elevando la motivación intrínseca
(74.1%).

Barreras Metodológicas y Tecnológicas Experimentadas

Descripción

En consonancia con el segundo objetivo específico, esta sección identifica de manera
sincera los nudos críticos y obstáculos que los 378 estudiantes experimentaron durante el
despliegue del modelo, abarcando desde factores de infraestructura técnica hasta resistencias
actitudinales propias.

Tabla 5

Principales obstáculos identificados en el proceso de adopción

Barrera Detectada
Alta Incidencia
(%)

Mediana
Incidencia (%)

Baja o Nula
Incidencia (%)

Dificultades de conectividad o
acceso a dispositivos
14.8% 32.3% 52.9%
Sobrecarga percibida de trabajo
fuera del aula
41.5% 38.1% 20.4%
Falta de hábito o disciplina para el
autoaprendizaje
48.1% 36.5% 15.4%
Elaborado por: Autores (2026).

Análisis

A pesar de las tendencias mayoritariamente positivas descritas en las tablas previas, la
Tabla 5.5 introduce la necesaria perspectiva crítica del estudio. La barrera que registró mayor
peso relativo fue la falta de hábito o disciplina inicial para el autoaprendizaje (48.1% de alta
incidencia). Este dato es de enorme relevancia científica, pues confirma que desaprender el rol
pasivo es un proceso incómodo que genera fricción intelectual y conductual en el estudiante. De
igual forma, un 41.5% manifestó experimentar una percepción inicial de sobrecarga de
actividades fuera de la institución, lo cual suele ocurrir cuando los materiales digitales no están
dosificados adecuadamente por el profesorado. En el plano puramente tecnológico, las brechas
de conectividad afectaron de forma severa al 14.8% de la muestra. Estos hallazgos demuestran
empíricamente que la efectividad del Aula Invertida no opera en el vacío automático de la
tecnología, sino que requiere una dosificación pedagógica rigurosa y planes institucionales de
equidad tecnológica.
Vol. 13/ Núm. 2 2026 pág. 2579
Correlación entre la Autonomía Extra-Aula y el Rendimiento Presencial

Descripción

Esta dimensión cruza de manera analítica los resultados del estudio autónomo fuera de la
escuela con el desempeño pragmático e interactivo demostrado por el alumno en las dinámicas
presenciales de grupo, sirviendo de base para la propuesta final de lineamientos tecno-
pedagógicos (Objetivo Específico 3).

Tabla 6

Relación entre la preparación autónoma previa y la efectividad presencial

Preparación
Autónoma Previa
(Fuera del aula)

Alto Desempeño
Práctico en el Aula
Presencial (%)

Mediano Desempeño
Práctico en el Aula
Presencial (%)

Bajo Desempeño
Práctico en el Aula
Presencial (%)

Estudiante Preparado
(Revisó material y
autoevaluó)

86.3%
11.2% 2.5%
Estudiante No
Preparado (No revisó
el material)

4.1%
35.6% 60.3%
Elaborado por: Autores (2026).

Análisis

La Tabla 6.6 presenta un análisis de contingencia que confirma el principio causal y la
interdependencia del modelo del Aula Invertida. Al cruzar las variables de control, se evidencia
de manera matemática que el 86.3% de los estudiantes que cumplieron rigurosamente con la fase
de preparación autónoma externa lograron un desempeño práctico alto dentro del aula presencial.
En contraposición, el 60.3% de los alumnos que asistieron a la sesión presencial sin revisar
previamente los recursos multimedia cayeron en la categoría de rendimiento bajo, viéndose
marginados o imposibilitados de integrarse con éxito en las dinámicas de resolución cooperativa.

Este resultado inferencial es contundente para justificar el tercer objetivo específico de la
investigación: demuestra que el espacio presencial del Flipped Classroom solo es productivo si
el diseño tecno-pedagógico externo asegura el enganche previo del alumno. Por ende, los
lineamientos que se deriven de este estudio deben concentrarse críticamente en crear mecanismos
interactivos y motivacionales de andamiaje fuera del aula, pues de ellos depende en un alto
porcentaje el éxito del ecosistema pedagógico y la transformación definitiva del estudiante en el
único protagonista de su proceso de formación.

DISCUSIÓN

El propósito medular de este estudio radicó en analizar el impacto del modelo de Aula
Invertida (Flipped Classroom) en la metamorfosis del rol estudiantil, evaluando de forma
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empírica la transición desde la recepción pasiva hacia un protagonismo autónomo y autorregulado
en una muestra de 378 estudiantes universitarios. Al contrastar los resultados obtenidos antes y
después de la intervención pedagógica, se evidencia una transformación sustancial en las
dinámicas de aprendizaje. El hallazgo más significativo derivado de la Tabla 1.1 donde el nivel
alto de planificación y gestión del tiempo fuera del aula se incrementó drásticamente del 12.4%
al 58.2% dialoga de forma directa con los postulados fundacionales de Bergmann y Sams
(2012). Estos autores argumentan que la inversión estructural de la clase actúa como un resorte
metodológico que sacude la inercia del estudiante. Los datos de la presente investigación validan
de forma cuantitativa dicha premisa, demostrando que cuando el entorno educativo traslada la
asimilación conceptual al espacio individual e impone una alta demanda práctica en la
presencialidad, el alumno se ve compelido a abandonar las conductas reactivas de memorización
de última hora y a adoptar hábitos sistemáticos de organización del tiempo.

No obstante, la conquista de la autonomía estudiantil no se agota en la mera administración
cronológica del estudio; requiere una profunda maduración metacognitiva. Los resultados de la
Tabla 2.2 revelan que el hábito de monitorear y autoevaluar la propia comprensión antes de asistir
a la sesión presencial ascendió del 15.6% al 64.6% tras la implementación del modelo. Esta
evolución converge con las investigaciones de Sun et al. (2018), quienes sostienen que el
ecosistema del Flipped Classroom es un entorno catalizador para el desarrollo de la
autorregulación. La necesidad de enfrentarse a un video didáctico o a una lectura obligatoria de
manera previa, complementada con breves cuestionarios analíticos digitales, obliga al estudiante
a ejecutar procesos de andamiaje cognitivo que la clase tradicional suele anular. En la cátedra
convencional, el discente asume erróneamente que entiende el tema por el solo hecho de escuchar
la explicación del profesor; en cambio, el modelo invertido expone de manera inmediata las
lagunas conceptuales del alumno en la intimidad de su espacio de estudio independiente,
transformando la autoevaluación en un requisito de supervivencia académica (Jia & Hew, 2021).

Esta maduración previa se traduce, consecuentemente, en una reconfiguración radical de la
atmósfera del aula física. Al analizar la Tabla 3.3, se observa que la participación proactiva y
colaborativa dentro del aula se elevó del 18.8% al 71.2%, mientras que la pasividad disminuyó a
un mínimo del 7.4%. Este desplazamiento estadístico corrobora la tesis de Prieto-Martín (2017)
respecto a la democratización y dinamización del espacio presencial. Al liberarse el tiempo que
el docente consumía en el dictado o en la exposición monótona, el aula deja de ser un auditorio
silente y se convierte en un laboratorio de co-creación. Este hallazgo adquiere un valor especial
al alinearse con la percepción positiva de los estudiantes registrada en la Tabla 4.4, donde el
82.5% afirmó que las clases presenciales adquirieron un carácter más práctico y útil. Lo anterior
demuestra que los 378 universitarios encuestados no perciben el modelo como un abandono de la
labor docente o una transferencia injustificada de responsabilidades, sino como una optimización
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de la presencialidad, donde el diálogo horizontal y el aprendizaje entre pares otorgan un sentido
pragmático y profesionalizante a su experiencia académica.

A pesar del panorama mayoritariamente exitoso, la discusión de los resultados obliga a
detenerse con rigurosidad científica en las tensiones y contradicciones metodológicas expuestas
en la Tabla 5.5. El hecho de que la barrera con mayor incidencia reportada por los alumnos haya
sido la "falta de hábito o disciplina para el autoaprendizaje" (48.1%) constituye una importante
advertencia que coincide con las observaciones críticas de Akçayır y Akçayır (2018). Esta
resistencia inicial confirma que el desaprendizaje del rol pasivo es un proceso inherentemente
incómodo, que genera fricción e incluso ansiedad en estudiantes que han sido moldeados durante
más de una década por un sistema educativo magistrocéntrico. Asimismo, el 41.5% de quejas por
sobrecarga percibida de trabajo fuera del aula enciende una alarma compartida por Long et al.
(2017): si el cuerpo docente no dosifica milimétricamente la duración de los materiales
audiovisuales y las lecturas en casa, el Aula Invertida puede degenerar en un nocivo activismo
digital que satura al estudiante y boicotea su motivación intrínseca.

En este orden de ideas, la presente investigación realiza un aporte empírico medular
mediante el análisis de contingencia de la Tabla 6.6, la cual demuestra de forma contundente la
interdependencia simbiótica del modelo. El dato de que el 86.3% de los estudiantes preparados
en casa alcanzaron un alto desempeño en las dinámicas presenciales, mientras que el 60.3% de
los no preparados cayeron en la marginalidad pedagógica del aula, valida las advertencias de
Tourón y Santiago (2015). La inversión pedagógica no ocurre por arte de magia ni está
garantizada por la sola disponibilidad de herramientas tecnológicas. Si la fase extra-aula falla
debido a un diseño tecno-pedagógico deficiente, a la falta de conectividad (que afectó gravemente
al 14.8% de nuestra muestra) o a la ausencia de incentivos formativos, la sesión presencial se
desploma, reproduciendo la exclusión de aquellos estudiantes con menores destrezas autónomas.

Al contextualizar estos hallazgos en el entorno iberoamericano y en correspondencia con
lo planteado por Sánchez-Rivas et al. (2019), se concluye que el Aula Invertida posee un potencial
transformador indiscutible para transmutar al estudiante en un verdadero protagonista de su
educación. Sin embargo, para que esta transición sea sostenible y equitativa en instituciones de
nuestra región, no basta con "voltear" la clase de forma instrumental. El tránsito del rol de receptor
pasivo al de protagonista autónomo exige un acompañamiento institucional robusto que capacite
a los docentes en el diseño de microaprendizajes (microlearning) equilibrados y que eduque
explícitamente a los estudiantes en estrategias de autorregulación. Los resultados de este estudio
con 378 universitarios demuestran que los jóvenes poseen la disposición afectiva y la competencia
digital para asumir las riendas de su aprendizaje; corresponde ahora a los diseñadores curriculares
estructurar los andamios metodológicos necesarios para asegurar que nadie se quede atrás en el
camino hacia la autonomía.
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CONCLUSIONES

E
l modelo pedagógico de Aula Invertida (Flipped Classroom) ejerce un impacto
transformador, positivo y estadísticamente significativo sobre el rol del estudiante universitario,
logrando desplazar la histórica inercia del receptor pasivo hacia un perfil de protagonista
autónomo y autorregulado. La evidencia cuantitativa recolectada antes y después de la
implementación demuestra que subvertir la estructura tradicional del aula trasladando la
asimilación teórica al espacio individual digital y la práctica al espacio presencial quiebra el
esquema de dependencia intelectual. El modelo no solo optimiza las dimensiones cognitivas del
aprendizaje, sino que modifica la identidad conductual y afectiva del alumno dentro del
ecosistema educativo, consolidando una cultura de corresponsabilidad donde el estudiante se
reconoce como el artífice principal de su propio trayecto formativo.

Enfocado en la fase externa al aula, se concluye que el Flipped Classroom actúa como un
andamiaje conductual que dinamiza de forma notable las competencias de gestión del tiempo,
planificación y monitoreo metacognitivo. El incremento del nivel alto de planificación autónoma
(de un 12.4% a un 58.2%) y de los hábitos de autoevaluación consciente (del 15.6% al 64.6%)
demuestra que el modelo obliga al estudiante a abandonar la improvisación. La necesidad de
enfrentarse de manera independiente al material didáctico previo a la sesión presencial promueve
un autoanálisis en tiempo real; los alumnos ya no asisten a la institución a "descubrir" el
contenido, sino a resolver dudas específicas previamente identificadas, transformando la
autorregulación de una habilidad abstracta a una práctica cotidiana y necesaria para su
supervivencia académica.

Orientado al espacio presencial y las percepciones de la muestra, se concluye que la
liberación del tiempo que el docente solía emplear en la cátedra magistral genera un entorno
altamente colaborativo, interactivo y valorado por los estudiantes. La reducción drástica de la
pasividad en el aula (del 28.6% al 7.4%) y el contundente 82.5% de aprobación sobre el
aprovechamiento práctico del tiempo demuestran que los 378 universitarios asimilan con
entusiasmo el aprendizaje basado en la acción, el debate y el trabajo entre pares. Sin embargo,
este espacio presencial no está exento de tensiones: se concluye también que la transición genera
una notable fricción inicial debido a la falta de hábitos de disciplina autónoma previos (48.1% de
alta incidencia) y a una percepción de sobrecarga de actividades que demanda un proceso de
adaptación psicológica y conductual por parte del alumnado.

Los resultados inferenciales permiten concluir que existe una relación de interdependencia
simbiótica y causal entre el éxito de la fase autónoma en casa y la efectividad del desempeño
práctico en la presencialidad. El hecho de que el 86.3% de los estudiantes que prepararon los
contenidos en el espacio virtual lograran un rendimiento alto en el aula, mientras que el 60.3% de
los no preparados cayeron en el rezago pedagógico, fundamenta la necesidad urgente de diseñar
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lineamientos tecno-pedagógicos institucionales. Estos lineamientos no deben limitarse a la imple
entrega de videos, sino que deben estructurar cápsulas de microaprendizaje (microlearning)
equilibradas, con mecanismos de evaluación formativa inmediata y estrategias de equidad
tecnológica que aseguren el enganche previo del estudiante, garantizando así un verdadero
empoderamiento de la comunidad estudiantil.
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