Vol. 13/ Núm. 3 2026 pág. 214
https://doi.org/
10.69639/arandu.v13i3.2391
Construcción de una ruta pedagógica ambiental para la
sostenibilidad en la Institución Educativa Nuestra Señora del
Carmen (IENSEC) de La Dorada, Caldas

Construction of an Environmental Pedagogical Route for Sustainability at Nuestra
Señora del Carmen Educational Institution (IENSEC) in La Dorada, Caldas

Edison Alirio Tafur Gómez

aliriotafurgomez9@gmail.com

https://orcid.org/0009-0002-8558-0560

Universidad Pedagógica Experimental Libertador (UPEL)

San Cristobal –Venezuela

Artículo recibido: 10 junio 2026- Aceptado para publicación:16 julio 2026

Conflictos de intereses: Ninguno que declarar.

RESUMEN

Este trabajo tuvo como propósito diseñar una ruta pedagógica ambiental para fortalecer la
sostenibilidad en la Institución Educativa Nuestra Señora del Carmen (IENSEC) del municipio
de La Dorada, Caldas, Colombia. Para ello, se llevó a cabo una investigación de tipo documental
con un enfoque propositivo, apoyada en la revisión y análisis de distintos aportes teóricos
relacionados con la educación ambiental, la educación para el desarrollo sostenible, el aprendizaje
experiencial, la participación comunitaria y las rutas pedagógicas. También se tuvieron en cuenta
algunas de las principales problemáticas socioambientales presentes en el contexto local, como la
contaminación del río Magdalena, la deforestación y el manejo inadecuado de los residuos
sólidos. A partir de este proceso se construyó una Ruta Pedagógica Participativa para la Acción
Socioambiental compuesta por cinco fases que buscan generar mayor compromiso con el entorno
y fortalecer el aprendizaje desde la realidad del territorio. La propuesta promueve el trabajo
conjunto entre la escuela y la comunidad, favorece el desarrollo de competencias vinculadas con
la sostenibilidad y fortalece la participación de los estudiantes en el reconocimiento y atención de
las problemáticas ambientales presentes en su contexto.

Palabras clave: educación ambiental, sostenibilidad, ruta pedagógica ambiental, acción
socioambiental, desarrollo sostenible

ABSTRACT

This study aimed to design an environmental pedagogical route to support sustainability at
Nuestra Señora del Carmen Educational Institution (IENSEC) in La Dorada, Caldas, Colombia.
The work was developed through documentary research with a proposal-oriented approach, based
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on the review and analysis of theoretical contributions related to environmental education,
education for sustainable development, experiential learning, community participation, and
pedagogical routes. The study also considered some of the main socio-environmental problems
in the local context, such as pollution of the Magdalena River, deforestation, and poor solid waste
management. From this process, a Participatory Pedagogical Route for Socio-Environmental
Action was created, organized into five phases that seek to strengthen students’ commitment to
the environment and connect learning with the realities of their territory. The proposal encourages
collaboration between the school and the community, supports the development of sustainability-
related skills, and promotes students’ participation in recognizing and addressing environmental
issues in their own context.Keywords: environmental education; sustainability; environmental
pedagogical route; socio-environmental action; sustainable development.

Keywords: environmental education, sustainability, environmental pedagogical route,
socio-environmental action, sustainable development

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INTRODUCCIÓN

La sostenibilidad es uno de los mayores desafíos del mundo actual por el deterioro
ambiental y las consecuencias que este genera sobre los ecosistemas y la calidad de vida. Frente
a esta realidad, la educación ambiental tiene un papel importante porque ayuda a formar personas
capaces de comprender las problemáticas socio-ambientales y de involucrarse en la búsqueda de
soluciones. De acuerdo con la Agenda 2030 y la Educación para el Desarrollo Sostenible (EDS),
es necesario fortalecer prácticas pedagógicas que vayan más allá de transmitir contenidos y
promuevan aprendizajes relacionados con la realidad y orientados a la acción.

Distintos estudios resaltan el valor de la educación ambiental para impulsar el desarrollo
sostenible, aunque todavía hacen falta propuestas pedagógicas que respondan a las necesidades
de cada territorio y conecten los contenidos escolares con las problemáticas del contexto. Desde
esa mirada, la enseñanza situada, el aprendizaje basado en la experiencia, la participación de la
comunidad y los proyectos escolares ofrecen una base para diseñar estrategias que aporten a la
transformación del entorno.

Este artículo se desarrolla en el municipio de La Dorada, Caldas, donde problemas como
la contaminación del río Magdalena, la deforestación y el manejo inadecuado de los residuos
sólidos muestran la necesidad de fortalecer la educación ambiental desde la escuela. Por ello, el
objetivo del estudio es construir una ruta pedagógica ambiental para la sostenibilidad en la
Institución Educativa Nuestra Señora del Carmen (IENSEC), como una propuesta que relaciona
la educación ambiental con las realidades del territorio y busca fortalecer la participación de la
comunidad educativa en la transformación de su entorno.

MATERIALES Y MÉTODOS

Este trabajo se desarrolló desde un enfoque cualitativo y corresponde a una investigación
de carácter aplicativo, orientada al diseño de una propuesta pedagógica para fortalecer la
educación ambiental en la Institución Educativa Nuestra Señora del Carmen (IENSEC), ubicada
en el municipio de La Dorada, Caldas.

La metodología se apoyó en la revisión de literatura científica, documentos técnicos y
normativos relacionados con la educación ambiental, la Educación para el Desarrollo Sostenible
(EDS), las rutas pedagógicas y otras propuestas educativas para la sostenibilidad. También se
analizó el contexto socio ambiental del municipio a partir de información obtenida en fuentes
institucionales y publicaciones académicas, con el fin de reconocer las principales problemáticas
ambientales del territorio e incorporarlas al diseño de la propuesta.

Para construir la ruta pedagógica se tomaron como base los aportes encontrados en la
literatura y las necesidades del contexto local. A partir de esa articulación se organizaron cinco
fases que buscan promover la sensibilización, la construcción colectiva del conocimiento, el
diseño y desarrollo de acciones escolares, junto con la proyección hacia la comunidad.
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Durante el desarrollo del estudio se respetaron los principios éticos propios de la
investigación académica mediante el uso de fuentes confiables, la correcta citación de los autores
consultados y el reconocimiento de la propiedad intelectual. Como se trató de una investigación
basada en revisión documental, no participaron personas ni se recolectó información personal,
por lo que no fue necesario definir criterios de inclusión o exclusión de participantes.

RESULTADOS Y DISCUSIÓN

Educación Ambiental: Bases y Actualidad

En este tiempo, con tantos retos ambientales en el panorama, impartir una educación
ambiental que sea realmente interiorizada ya no es una opción, es más bien, una necesidad
urgente. De acuerdo con lo que se plantea en la Agenda 2030 de la ONU, se requiere avanzar
hacia sociedades más justas y responsables, lo cual requiere de educar para la sostenibilidad
(ONU, 2015). Y es que no basta con transmitir conocimientos técnicos. En palabras de Luna
Cabrera (2020), el propósito es formar ciudadanos capaces de entender la complejidad de los
problemas ambientales, actuar con criterio y participar activamente en la transformación de su
entorno.

En este sentido, Morales et al. (2022), consideran que ”la integración de la educación para
el desarrollo sostenible en los planes de estudio permite que se aborden temas de sostenibilidad,
identificando los conocimientos, perspectivas, habilidades y valores” (p.105). Por ende, la
educación para la sostenibilidad debe ser incluida de manera transversal en el currículo,
relacionándola con los problemas del entorno. Morales et al. (2022), puntualizan que la escuela
debe ser un lugar de formación ética, crítica y comprometida con la formación eco-ambiental del
ser humano.

La educación ambiental debería ser entonces, un proceso continuo que transversalice
todas las etapas del aprendizaje, desde la infancia hasta la adultez, e involucrar a toda la
comunidad. Este enfoque, además, resulta particularmente pertinente en La Dorada, Caldas,
Colombia, donde hay una enorme riqueza natural, pero también serios desafíos sociales que
exigen respuestas urgentes e integrales.

Por eso, sería deseable que la educación consistiese en mucho más que campañas aisladas
o temas memorizados vistos en el salón de clases. Tiene que insertarse en la vida cotidiana, en los
proyectos escolares, en la organización comunitaria y en las decisiones colectivas. En el
municipio de La Dorada, donde la contaminación del río Magdalena, la deforestación y la
acumulación de residuos sólidos son problemas graves, la educación puede y debe conectarse
con las necesidades reales del territorio. Y para eso, hay que adaptarla, contextualizarla, volverla
significativa.

Esa aplicabilidad se evidencia cuando el aula se abre al territorio, es decir, cuando las
escuelas se transforman en espacios vivos donde se experimentan prácticas sostenibles: separar
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residuos, cultivar huertos, usar el agua de forma responsable, proteger la biodiversidad local o
recuperar espacios comunitarios. Figueroa-Vargas y García-García (2019), señalan que la
educación ambiental debe promover el respeto por la vida y la naturaleza, el cuidado del ambiente
y el uso racional de los recursos. Pero eso solo tiene sentido cuando se traduce en acciones
concretas. Cuando los estudiantes no solo entienden los conceptos de biodiversidad o desarrollo
sostenible y los viven, los ponen en práctica y los relacionan con su comunidad.

Al respecto, Briceño Uribe (2023), indica que “Se hace necesario que las instituciones
educativas emprendan estrategias pedagógicas que posibiliten el desarrollo de las habilidades
socioemocionales en las diferentes áreas del saber, de tal manera que permita que los estudiantes
logren un mejor desempeño académico, tomen decisiones responsables” (p. 24). Esto implica que
la educación ambiental debe ir de la mano del desarrollo de competencias socioemocionales, que
enriquecen la comprensión de las problemáticas socioambientales, y les permite a los estudiantes
actuar con sensibilidad, con responsabilidad y con sentido crítico en su entorno.

De acuerdo con lo planteado por Pérez Vásquez et al. (2021), uno de los elementos
fundamentales para conseguir sensibilizar a los integrantes de la comunidad educativa, son las
rutas pedagógicas. Estas son una especie de guía que permiten conectar el conocimiento con su
uso práctico, ordenar los aprendizajes y fomentar la participación de todos los integrantes de la
comunidad educativa. Así, en La Dorada, una ruta pedagógica podría incluir visitar el río para ver
su estado, realizar campañas de reciclaje, talleres de agricultura sostenible o jornadas escolares
de conciencia sobre el uso racional del agua. Estas rutas enriquecen la experiencia de aprendizaje
y fortalecen el lazo entre los alumnos y su entorno. Lo hacen parte de su identidad.

Otra importante característica de dichas rutas es su flexibilidad. Se pueden adaptar a
distintos niveles educativos y contextos sociales. Esto es importante en La Dorada, donde
conviven zonas urbanas y rurales con realidades tan diferentes. En ese sentido, las rutas
pedagógicas deben ser estructuras flexibles y a la vez, herramientas abiertas al cambio, al diálogo
con la comunidad, a los saberes locales.

Pensar en sostenibilidad local es, en el fondo, pensar en la forma en que vivimos. Cómo
usamos los recursos, cómo tomamos decisiones, qué prioridades tenemos. No se trata de un
concepto lejano o abstracto, es algo que se construye en lo cotidiano. En La Dorada, avanzar en
sostenibilidad implica cuidar los ecosistemas, reducir la contaminación, fortalecer la equidad y
garantizar que la ciudadanía participe de forma activa. La educación ambiental cumple aquí un
rol fundamental porque permite formar una ciudadanía informada, crítica, capaz de incidir y de
transformar.

Con relación a lo anterior, Portillo et al. (2023) destacan que la alianza entre escuela y
comunidad es clave para lograr transformaciones duraderas. Cuando las instituciones educativas
trabajan de la mano con familias, líderes comunitarios, empresas y autoridades locales, se crean
redes de cooperación que van mucho más allá del aula. Así, las comunidades pueden recuperar
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saberes tradicionales, incorporar nuevas ideas, enfrentar retos comunes y construir soluciones
colectivas. En este contexto, las escuelas dejan de ser espacios de enseñanza para convertirse en
centros de acción e inspiración.

Pérez Vásquez y López Jiménez (2021) insisten en que todos los actores sociales tienen
algo que aportar. Las autoridades educativas deben asegurar que la educación ambiental haga
parte real de los planes de estudio. También deben apoyar a los docentes con formación continua
y recursos para innovar. Las familias, por su parte, pueden reforzar desde casa los valores y
hábitos trabajados en la escuela. También las organizaciones comunitarias y los sectores
productivos deben comprometerse con este proceso, aportando desde lo que saben y desde lo que
pueden.

Contexto socioambiental de La Dorada, Caldas, Colombia

La Dorada, ubicada a orillas del imponente río Magdalena, es una de las zonas más
representativas del Magdalena Medio gracias a su riqueza hídrica, biodiversidad y potencial
turístico. En palabras de Ferro Medina (2018), aunque La Dorada cuenta con una riqueza natural
muy grande esta está en permanente tensión debido a los diversos problemas ambientales que
impactan en los ecosistemas y la vida diaria de sus habitantes. La contaminación del río
Magdalena, la tala de bosques, la acumulación de residuos, el impacto del cambio climático, la
minería ilegal, incluso la quema de desechos son solo algunos de los desafíos que, en conjunto,
pintan un panorama cada vez más alarmante para la región.

Contaminación del río Magdalena: impactos devastadores

El río Magdalena es más que una referencia geográfica para La Dorada: atraviesa, con su
historia, su economía y su cultura. Sin embargo, en la actualidad enfrenta serios problemas, siendo
uno de los más graves la contaminación causada por la minería ilegal. En palabras de Córdoba
Tovar (2023), esta actividad libera al agua sustancias peligrosas: mercurio, arsénico y cianuro,
que deterioran la calidad del agua y dejan sedimentos peligrosos para los seres humanos y también
ponen en riesgo la vida de numerosas especies acuáticas.

Por otro lado, La Dorada enfrenta problemas graves derivados de la minería ilegal, los
cuales han afectado profundamente sus ecosistemas. Según informe de Redacción Ambiente
(2020), durante una visita a la vereda La Atarraya el 3 de septiembre, la Unidad de Investigación
Criminal DICAR descubrió una operación de minería ilegal con siete minidragas que operaban
subacuáticamente para extraer oro de los depósitos arenosos en una de las orillas del río La Miel,
uno de los afluentes del río Magdalena. Estas dragas fueron destruidas por las autoridades, ya que
estaban causando daños irreparables al río La Miel, deteriorando la calidad del agua y afectando
la vida silvestre. Este episodio pone de manifiesto la urgencia de implementar medidas más
eficaces de control y protección ambiental en la región.

Esta problemática ha afectado también a otros cuerpos de agua del país. Por ejemplo,
según Córdoba-Tovar (2023), “la cuenca del Atrato […] ha experimentado un deterioro ecológico
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crítico debido a la minería de oro, lo que supone una amenaza significativa para la fauna y la salud
humana” (párr. 1). Allí, de acuerdo al autor anterior, las mini dragas operando sin permisos ha
destruido zonas de desove, alterado el cauce y liberado metales pesados que terminan en la cadena
alimentaria, llegando finalmente a los hogares a través del consumo de pescado.

Tristemente, las consecuencias de estas malas prácticas van más allá del daño ecológico.
Por ejemplo, el diario La Patria (2025) reportó un evento de mortandad masiva de peces en el
caño San Javier. Los niveles de oxígeno disuelto en el agua estaban críticamente bajos, debido a
vertimientos de aguas residuales y al aumento de las temperaturas, posiblemente vinculado al
cambio climático. Este desastre afectó directamente a las comunidades ribereñas, que dependen
de la pesca artesanal para su sustento. Para muchas familias, la pesca es una fuente de ingreso,
una tradición heredada y una fuente esencial de alimentación. Su pérdida agrava la pobreza y
obliga a buscar opciones laborales cada vez más inestables.

El turismo es en la actualidad, una de las más importante actividades complementaria en
la economía de las familias doradences. Este renglón también se ve afectado por el deterioro del
río. La pérdida de biodiversidad, la turbidez del agua, los malos olores y la basura acumulada en
las orillas disminuyen el atractivo natural de cualquier acuífero. Estos factores pueden disuadir a
los visitantes, generando un impacto negativo sobre el empleo y el crecimiento económico del
municipio.

Las repercusiones sanitarias también son significativas. Muchas personas utilizan el agua
del río para lavar ropa o preparar alimentos, lo cual las expone a enfermedades gastrointestinales,
infecciones cutáneas y, en casos prolongados, a patologías crónicas asociadas a la acumulación
de metales pesados. De hecho, el Instituto Nacional de Salud (2023) informó que en Colombia
mueren cada año más de 17 mil personas por causas vinculadas a la mala calidad del agua, el aire
y la exposición a contaminantes, combustibles sólidos y metales. Entre las enfermedades
asociadas destacan la diarrea aguda y la insuficiencia renal crónica, esta última ligada al plomo.

Deforestación: pérdida de cobertura vegetal y erosión

La deforestación en La Dorada es otra problemática que está generando impactos
significativos. Aunque el municipio es reconocido por su riqueza hídrica y pesquera, la cobertura
vegetal está disminuyendo debido a diversas actividades humanas. Entre las principales causas
están la minería ilegal, obras de infraestructura y los incendios forestales, todas documentadas
por fuentes oficiales.

Un caso ejemplar es el episodio descrito en el apartado anterior en la vereda La Atarraya,
donde se identificaron siete minidragas operando sin autorización ambiental. Según Semana
(2020), además de contaminar el río La Miel, estas actividades han destruido vegetación ribereña
y afectando distintas especies vegetales: surrumbo, matico, balsa, yarumo y samán. Al eliminar
esta cobertura vegetal, se modifica el hábitat de muchas especies animales y se acelera la erosión,
lo que pone en riesgo la estabilidad del suelo y la calidad del agua.
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Otra causa de la pérdida de vegetación son las intervenciones autorizadas. La
Gobernación de Caldas (2023) reportó la tala de 266 árboles durante obras de mitigación en la
ribera del Magdalena. Aunque se realizó con permiso y con la promesa de plantar más de mil
nuevos árboles, el impacto temporal sobre el ecosistema es evidente, pues se altera el microclima,
la fauna local y los recursos ecológicos que proporcionaba esa vegetación.

Estos procesos de deforestación tienen consecuencias ambientales importantes. La
pérdida de cobertura vegetal afecta la capacidad del ecosistema para regular el ciclo del agua,
reduce la infiltración en el suelo y aumenta el riesgo de inundaciones. Además, al eliminar
bosques, se reduce la captación de carbono, lo que incrementa la vulnerabilidad ante el cambio
climático.

Acumulación de residuos sólidos: un desafío urbano y rural

Según Quintero Villada (2022), la gestión deficiente de los residuos sólidos en La Dorada
ha tenido un impacto negativo considerable en el medio ambiente y la salud de la población. La
basura acumulada en calles, áreas verdes y orillas del río Magdalena, al no recibir una recolección
adecuada ni una disposición apropiada, contribuye a la contaminación del agua y afecta la fauna
local. La autora enfatiza la urgencia de mejorar la educación ambiental y promover las buenas
prácticas industriales y domésticas, para mitigar este problema.

La ausencia de una infraestructura adecuada para la separación en la fuente, la baja tasa
de reciclaje y la falta de conciencia ciudadana han agravado aún más la situación. Aunque se
realizan campañas de concientización, es necesario seguir trabajando en la educación ambiental,
especialmente en los barrios más vulnerables y en las zonas rurales donde el acceso a los servicios
de recolección es limitado.

Prácticas pedagógicas para la sostenibilidad

En la actualidad la educación para la sostenibilidad se ha constituido en un pilar para
mejorar las condiciones ambientales del entorno y para transformar las acciones humanas
negativas, fortaleciendo la concientización sobre la práctica de una vida en interacción y
equilibrio con la naturaleza y los recursos que esta brinda. Es por ello, que la escuela, siendo una
institución transformadora, está llamada a la formación de una ciudadanía que no tema
involucrarse en la búsqueda de soluciones de las problemáticas ambientales locales y globales.

Educación situada y contextualizada

Para lograr un verdadero proceso de aprehensión e interiorización de los principios
básicos de la educación ambiental, el docente debe proponer un marco de enseñanza idóneo para
provocar en los estudiantes la reflexión, el análisis crítico, el pensamiento lógico, y todas las
competencias sociales y personales que han de prepararlo para afrontar la vida. A esta percepción
sobre a la enseñanza es llamada enseñanza situada o enseñanza reflexiva

En palabras de Díaz (2006), dicha percepción se basa en generar aprendizajes
significativos en el marco de escenarios concretos, auténticos y cotidianos, por lo cual, se apunta
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al desarrollo pleno de todas las habilidades y capacidades de las personas, centrando la atención
de los mismas en problemáticas relacionadas con el contexto, que afecten a la comunidad
educativa y sus alrededores.

Aprendizaje activo y experiencial

El aprendizaje experiencial se caracteriza por generar proceso de enseñanza en
articulación con la experiencia, misma que deben ser reales y corresponder a las necesidades o
vivencias de los sujetos en formación. Según Díaz (2006), el aprendizaje que se genera a través
de la experiencia es completamente activo y reflexivo, con el cual se establecen redes de
cooperación social entre la escuela, la vida y la comunidad. Además, los estudiantes involucrados
en este tipo de aprendizaje toman del ambiente físico y social lo más valioso para la construcción
de experiencias significativas que contribuyen a la formación de sí mismos para hacerlos mejores
ciudadanos, humanitarios y democráticos, capaces de generar cambios estructurales positivos en
su entorno.

Participación comunitaria: la construcción colectiva del conocimiento

Ahora bien, para que todo lo anterior tenga sentido y un efecto positivo sobre la formación
del sujeto, es necesario tener en cuenta el rol que tiene el dialogo, la interacción y la comunicación
en el seno de las comunidades, por tanto, la participación y la construcción colectiva del
conocimiento constituyen un eje articulador para llevar a cabo cada enfoque y alcanzar
aprendizajes sustanciales en la práctica. Serrano y Pons (2011), afirman que “El conocimiento se
construye mediante la interacción con los otros y con los objetos del entorno.” (párr. 6), esto
implica que la cooperación y el intercambio social entre los sujetos, son el motor para la
construcción del conocimiento.

Los proyectos escolares con sentido ecológico

La clave para la transformación social hacia una cultura de la sostenibilidad a partir de la
labor que realiza la escuela, está en la ejecución de proyectos con sentido ecológico. Dichos
proyectos constituyen una estrategia para integrar en todos los niveles educativos de la educación
colombiana, los principios de la educación ambiental y establecer una ruta hacia un futuro
sostenible. La importancia de estos proyectos radica en que, a través de su ejecución, la escuela
se convierte en un espacio de reflexión e interacción, en la que se le da un sentido práctico a los
principios de la enseñanza ambiental.

De esta manera, en palabras de Tamayo y Castro, (2023), mediante la cooperación y la
práctica de valores humanistas y democráticos los proyectos ambientales canalizan esfuerzos para
mitigar problemáticas ambientales asociadas a las comunidades, promoviendo además la
participación activa de todos los miembros de la comunidad, lo que permite fomentar una
ciudadanía para la sostenibilidad.