
Vol. 13/ Núm. 3 2026 pág. 2161
https://doi.org/10.69639/arandu.v13i3.2527
Obesidad e insuficiencia cardíaca con fracción de eyección
preservada: el nuevo papel de los agonistas GLP-1
Obesity and Heart Failure with Preserved Ejection Fraction: The Emerging Role of
GLP-1 Receptor Agonists
Washington Joel Mindiola Galarza
faridantoniomindiola@yahoo.es
https://orcid.org/0009-0001-9201-7998
Universidad de Especialidades Espíritu Santo
Hospital General del Norte de Guayaquil Los Ceibos
Guayaquil – Ecuador
Ibeth Cristina Oñate Silva
ibeth262ou@gmail.com
https://orcid.org/0000-0002-3870-2695
Universidad de Especialidades Espíritu Santo
Hospital General del Norte de Guayaquil Los Ceibos
Guayaquil – Ecuador
María Gabriela Burgos Chang
gabyburgos.ch@hotmail.com
https://orcid.org/0000-0003-3484-8491
Universidad de Especialidades Espíritu Santo
Hospital General del Norte de Guayaquil Los Ceibos
Guayaquil – Ecuador
Artículo recibido: 10 julio 2026- Aceptado para publicación:16 agosto 2026
Conflictos de intereses: Ninguno que declarar.
RESUMEN
La obesidad y la insuficiencia cardíaca con fracción de eyección preservada (ICFEp) mantienen
una relación estrecha y compleja. El exceso de tejido adiposo no solo incrementa la carga de
trabajo del corazón, sino que también favorece la inflamación sistémica, la retención de líquidos,
las alteraciones metabólicas y una menor capacidad funcional. El objetivo de esta revisión
bibliográfica fue analizar la evidencia disponible sobre el papel de los agonistas del receptor GLP-
1 en pacientes con obesidad e ICFEp. Los estudios revisados muestran que estos medicamentos,
especialmente la semaglutida, permiten alcanzar una reducción significativa del peso corporal y,
al mismo tiempo, mejorar los síntomas, la tolerancia al ejercicio, las limitaciones físicas y la
calidad de vida. Algunos resultados recientes también plantean una posible reducción de las
descompensaciones y los eventos asociados con insuficiencia cardíaca. Sin embargo, todavía se
necesita evidencia de seguimiento prolongado para establecer su impacto sobre la mortalidad
cardiovascular y determinar qué pacientes obtienen mayores beneficios. En conclusión, los
agonistas GLP-1 están transformando el tratamiento del fenotipo de ICFEp asociado con
obesidad, porque permiten abordar tanto el componente metabólico como las consecuencias

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cardiovasculares de la enfermedad. Su incorporación podría representar un avance importante
hacia un manejo más integral, individualizado y orientado a mejorar la vida cotidiana del paciente.
Palabras clave: obesidad, insuficiencia cardíaca, fracción de eyección preservada,
agonistas GLP-1, semaglutida
ABSTRACT
Obesity and heart failure with preserved ejection fraction (HFpEF) share a close and complex
relationship. Excess adipose tissue not only increases cardiac workload but also promotes
systemic inflammation, fluid retention, metabolic abnormalities, and reduced functional capacity.
This literature review aimed to analyze the available evidence regarding the role of glucagon-like
peptide-1 receptor agonists in patients with obesity and HFpEF. The reviewed studies show that
these medications, particularly semaglutide, can produce meaningful weight reduction while
improving symptoms, exercise tolerance, physical limitations, and quality of life. Recent findings
also suggest a potential reduction in heart failure–related events and clinical worsening. However,
longer follow-up studies are still required to determine their effects on cardiovascular mortality
and identify the patients most likely to benefit. In conclusion, GLP-1 receptor agonists are
reshaping the management of obesity-related HFpEF because they address both the metabolic
component and the cardiovascular consequences of the disease. Their incorporation may represent
an important step toward more comprehensive, individualized care focused on improving
patients’ daily functioning and overall well-being.
Keywords: obesity, heart failure, preserved ejection fraction, GLP-1 receptor agonists,
semaglutide
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INTRODUCCIÓN
La insuficiencia cardíaca con fracción de eyección preservada (ICFEp) representa uno de
los problemas más complejos de la cardiología actual. Se manifiesta mediante signos y síntomas
típicos de insuficiencia cardíaca, como disnea, fatiga, edema e intolerancia al esfuerzo, a pesar de
que la fracción de eyección del ventrículo izquierdo se mantiene generalmente igual o por encima
del 50 %. Esta aparente contradicción explica parte de la dificultad para reconocerla: el corazón
conserva su capacidad global para expulsar sangre, pero presenta alteraciones en su relajación,
llenado, distensibilidad y respuesta ante el ejercicio. Por ello, una fracción de eyección normal no
significa necesariamente que el funcionamiento cardíaco sea normal.
En los últimos años, la ICFEp ha adquirido una importancia creciente debido al
envejecimiento de la población y al aumento de enfermedades como la hipertensión arterial, la
diabetes mellitus tipo 2, la enfermedad renal crónica, la fibrilación auricular y la obesidad. Estas
condiciones suelen coexistir, interactuar y producir diferentes formas de presentación clínica. En
consecuencia, la ICFEp no debe interpretarse como una enfermedad única y uniforme, sino como
un síndrome complejo que reúne distintos fenotipos y mecanismos fisiopatológicos. Esta
diversidad también ayuda a comprender por qué un tratamiento puede resultar efectivo en
determinados pacientes y mostrar un beneficio limitado en otros.
Entre sus diferentes presentaciones, el fenotipo relacionado con la obesidad ha recibido
especial atención. Durante mucho tiempo, el exceso de peso fue considerado simplemente una
enfermedad asociada o un factor que dificultaba el manejo del paciente. Sin embargo, la evidencia
disponible ha cambiado esta perspectiva. Actualmente se reconoce que la obesidad puede
intervenir directamente en el desarrollo y la progresión de la ICFEp. No se trata únicamente de
una carga adicional para el corazón, sino de una condición metabólica e inflamatoria que modifica
la circulación, la función vascular, el volumen sanguíneo, la estructura cardíaca y la capacidad
física del paciente.
El tejido adiposo participa activamente en este proceso. Además de almacenar energía,
produce hormonas, adipocinas y mediadores inflamatorios capaces de ejercer efectos sobre
diferentes órganos. Cuando existe un exceso de adiposidad, especialmente en la región visceral,
se desarrolla un estado inflamatorio crónico de baja intensidad. Esta inflamación favorece la
disfunción endotelial, el estrés oxidativo y una menor disponibilidad de óxido nítrico, elemento
necesario para mantener una adecuada relajación vascular y miocárdica. Como resultado, el
ventrículo izquierdo se vuelve más rígido y necesita presiones mayores para llenarse, sobre todo
durante la actividad física.
La obesidad también incrementa las necesidades metabólicas del organismo. Para
responder a esta demanda, el corazón debe mantener un gasto cardíaco más elevado. Al mismo
tiempo, se produce retención de sodio, expansión del volumen plasmático y aumento del retorno

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venoso. La exposición prolongada a esta sobrecarga favorece la hipertrofia del ventrículo
izquierdo, la dilatación de la aurícula izquierda, el aumento de las presiones pulmonares y la
aparición de congestión. En reposo, algunos pacientes pueden mantener parámetros
aparentemente estables; sin embargo, cuando caminan, suben escaleras o realizan cualquier
esfuerzo, el sistema cardiovascular pierde capacidad para responder de forma adecuada y
aparecen la disnea y la fatiga.
Otro componente importante es la acumulación de grasa epicárdica, localizada alrededor
del corazón. Esta grasa puede ejercer un efecto mecánico y limitar la expansión de las cavidades
cardíacas. Además, su proximidad con el miocardio permite que los mediadores inflamatorios
actúen directamente sobre el tejido cardíaco. La combinación de restricción mecánica,
inflamación local, fibrosis y alteraciones microvasculares contribuye a empeorar la función
diastólica. De esta manera, la ICFEp asociada con obesidad no puede explicarse por un único
mecanismo, sino por una red de alteraciones cardiovasculares, metabólicas, inflamatorias y
funcionales que se potencian entre sí.
Las personas con este fenotipo suelen presentar una carga elevada de síntomas y una
disminución considerable de su calidad de vida. Actividades cotidianas como caminar distancias
cortas, vestirse o realizar tareas domésticas pueden convertirse en esfuerzos agotadores. Además,
es frecuente que la obesidad se acompañe de diabetes mellitus tipo 2, hipertensión, apnea
obstructiva del sueño, enfermedad renal, limitaciones articulares y pérdida progresiva de la
condición física. Cada una de estas enfermedades añade una dificultad adicional y puede
contribuir a un círculo clínico en el cual la falta de actividad empeora la capacidad funcional,
mientras que el deterioro funcional limita las posibilidades de mantenerse activo.
El diagnóstico también puede ser más difícil en pacientes con obesidad. La exploración
física pierde sensibilidad, algunos signos de congestión son menos evidentes y las
concentraciones de péptidos natriuréticos pueden ser menores de lo esperado. Por esta razón, un
valor reducido de estos biomarcadores no siempre permite descartar la enfermedad. Con
frecuencia, se necesita integrar los antecedentes, los síntomas, el ecocardiograma, las alteraciones
estructurales, la función diastólica y, en casos seleccionados, pruebas de esfuerzo o evaluaciones
hemodinámicas. Esta dificultad diagnóstica puede retrasar el inicio del tratamiento y prolongar el
deterioro de la capacidad funcional.
Durante años, el manejo de la ICFEp se concentró en aliviar la congestión mediante
diuréticos y controlar las enfermedades asociadas. La llegada de los inhibidores del
cotransportador de sodio-glucosa tipo 2 representó un avance importante, debido a su capacidad
para reducir las hospitalizaciones por insuficiencia cardíaca en una amplia variedad de pacientes.
Sin embargo, estos medicamentos no resuelven por completo el componente relacionado con la
obesidad. Persistía, por tanto, una necesidad clínica evidente: disponer de intervenciones capaces

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de actuar sobre la adiposidad y, al mismo tiempo, mejorar los síntomas, la función física y la
evolución cardiovascular.
Las modificaciones del estilo de vida siguen siendo fundamentales. Una alimentación
equilibrada, la actividad física adaptada y el control de los factores de riesgo forman parte de
cualquier estrategia integral. No obstante, en pacientes con ICFEp, alcanzar y mantener una
reducción significativa del peso puede resultar especialmente difícil. La disnea, la fatiga, las
limitaciones osteomusculares y las hospitalizaciones reducen la capacidad para realizar ejercicio.
A esto se suma que la obesidad es una enfermedad crónica con componentes biológicos,
ambientales y conductuales, por lo que no debe atribuirse simplemente a falta de voluntad. Esta
comprensión ha favorecido el desarrollo de tratamientos farmacológicos dirigidos a sus
mecanismos metabólicos.
En este contexto aparecen los agonistas del receptor del péptido similar al glucagón tipo 1,
conocidos como agonistas GLP-1. Estos medicamentos se utilizaron inicialmente para el
tratamiento de la diabetes mellitus tipo 2, debido a que estimulan la liberación de insulina de
manera dependiente de la glucosa, reducen la secreción de glucagón, retrasan el vaciamiento
gástrico y aumentan la sensación de saciedad. Posteriormente, se comprobó que determinados
fármacos de este grupo, como la semaglutida, podían producir una reducción clínicamente
relevante del peso corporal y mejorar diferentes factores de riesgo cardiometabólico.
El interés por estos medicamentos en la ICFEp surgió de una idea clínicamente razonable:
si la obesidad interviene directamente en la enfermedad, tratarla de manera efectiva debería
mejorar algo más que el peso. La disminución de la adiposidad podría reducir la sobrecarga
circulatoria, las presiones de llenado, la inflamación sistémica y el volumen de grasa visceral y
epicárdica. También podría favorecer el control de la presión arterial, la sensibilidad a la insulina,
la función vascular y la movilidad. No obstante, aún se estudia qué proporción del beneficio
depende de la pérdida de peso y cuánto podría explicarse por otros efectos metabólicos, renales,
vasculares o antiinflamatorios.
Un punto decisivo fue la publicación del ensayo STEP-HFpEF. En este estudio, la
semaglutida administrada durante 52 semanas a pacientes con obesidad e ICFEp produjo una
mejoría superior al placebo en los síntomas, las limitaciones físicas, la capacidad para realizar
ejercicio y el peso corporal. También se observó una reducción de la proteína C reactiva, hallazgo
que respaldó la posible participación de mecanismos inflamatorios. La importancia del estudio no
estuvo limitada a la reducción ponderal: demostró que intervenir sobre la obesidad podía
traducirse en una mejoría concreta de la manera en que los pacientes se sentían y desenvolvían en
su vida diaria.
Posteriormente, el ensayo STEP-HFpEF DM evaluó semaglutida en pacientes que, además
de obesidad e ICFEp, presentaban diabetes mellitus tipo 2. Los resultados mostraron nuevamente
una mejoría de los síntomas, las limitaciones físicas, el peso y la distancia recorrida durante la

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prueba de marcha de seis minutos. La respuesta obtenida en una población metabólicamente más
compleja confirmó que el beneficio no se limitaba a los pacientes sin diabetes. Además, aunque
la reducción ponderal fue menor que la observada en el estudio previo, la mejoría clínica se
mantuvo, lo que plantea la posibilidad de que existan mecanismos adicionales a la pérdida de
peso.
La evidencia se amplió posteriormente con el ensayo SUMMIT, en el que se estudió la
tirzepatida en pacientes con obesidad e ICFEp. Este medicamento actúa simultáneamente sobre
los receptores del polipéptido insulinotrópico dependiente de glucosa y del GLP-1, por lo que no
corresponde a un agonista GLP-1 exclusivo, aunque forma parte de la evolución de las terapias
basadas en incretinas. El estudio encontró una mejoría del estado de salud y una reducción del
desenlace combinado de muerte cardiovascular o empeoramiento de la insuficiencia cardíaca.
Este resultado estuvo impulsado principalmente por una menor frecuencia de episodios de
empeoramiento de la insuficiencia cardíaca.
Estos avances han abierto una nueva etapa en el tratamiento de la ICFEp relacionada con
obesidad. Sin embargo, también han generado preguntas que todavía necesitan respuesta. Es
necesario establecer la duración real de los beneficios, su influencia sobre la mortalidad
cardiovascular, el efecto de la interrupción del tratamiento y la respuesta en poblaciones menos
representadas en los ensayos clínicos. También deben considerarse la tolerancia gastrointestinal,
la pérdida de masa muscular en personas vulnerables, el costo, la disponibilidad y la adherencia
a largo plazo. El entusiasmo terapéutico, aunque justificado, debe acompañarse de una selección
adecuada del paciente y de un seguimiento clínico integral.
En función de lo expuesto, el objetivo de esta revisión bibliográfica es analizar la relación
fisiopatológica entre la obesidad y la ICFEp, examinar la evidencia clínica disponible sobre el
empleo de los agonistas del receptor GLP-1 y otras terapias incretínicas relacionadas, describir
sus posibles mecanismos de beneficio e identificar sus principales limitaciones y perspectivas.
Debido al carácter descriptivo y documental del estudio, no se formula una hipótesis
experimental. El análisis se orienta a comprender si el tratamiento dirigido de la obesidad puede
consolidarse como un componente central del manejo de la ICFEp, transformando un abordaje
tradicionalmente enfocado en controlar la congestión en una estrategia más integral, metabólica
y centrada en las necesidades reales del paciente.
MATERIALES Y MÉTODOS
Este estudio se realizó mediante una revisión bibliográfica de enfoque cualitativo, alcance
descriptivo y diseño documental no experimental. La revisión buscó reunir y analizar la evidencia
científica disponible sobre la relación entre obesidad e insuficiencia cardíaca con fracción de
eyección preservada (ICFEp), con especial atención al papel terapéutico de los agonistas del

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receptor GLP-1. No se trabajó directamente con pacientes ni se aplicaron intervenciones clínicas,
ya que la información procedió de investigaciones previamente publicadas.
La búsqueda se concentró principalmente en artículos publicados entre enero de 2020 y
julio de 2026. No obstante, se incluyeron publicaciones anteriores cuando resultaron necesarias
para explicar conceptos fundamentales, mecanismos fisiopatológicos o antecedentes importantes
de la ICFEp. Las fuentes se localizaron en PubMed/MEDLINE, Scopus, Web of Science, SciELO
y Google Scholar. También se consultaron guías de práctica clínica y documentos de consenso
elaborados por sociedades científicas reconocidas en las áreas de cardiología, endocrinología y
medicina metabólica.
Para identificar los estudios se utilizaron palabras clave en español e inglés. Entre los
principales términos se incluyeron: “obesidad”, “insuficiencia cardíaca con fracción de eyección
preservada”, “agonistas GLP-1”, “semaglutida”, “tirzepatida”, “diabetes mellitus tipo 2”,
“capacidad funcional” y “calidad de vida”. Sus equivalentes en inglés fueron “obesity”, “heart
failure with preserved ejection fraction”, “HFpEF”, “GLP-1 receptor agonists”, “semaglutide”,
“tirzepatide”, “type 2 diabetes”, “functional capacity” y “quality of life”. Estos términos se
combinaron mediante los operadores AND y OR, según las necesidades de cada búsqueda.
Se consideraron ensayos clínicos aleatorizados, revisiones sistemáticas, metaanálisis,
estudios observacionales, guías clínicas, documentos de consenso y revisiones narrativas
publicadas en revistas científicas arbitradas. Para ser incluidos, los trabajos debían estudiar a
pacientes adultos con obesidad e ICFEp, explicar la relación fisiopatológica entre ambas
enfermedades o evaluar los efectos de los agonistas GLP-1 y otras terapias incretínicas
relacionadas.
Se priorizaron los estudios que informaban resultados clínicamente relevantes, como
cambios en los síntomas, peso corporal, capacidad para realizar ejercicio, calidad de vida,
biomarcadores inflamatorios, hospitalizaciones, episodios de empeoramiento de la insuficiencia
cardíaca, mortalidad cardiovascular y efectos adversos. También se concedió especial
importancia a los estudios STEP-HFpEF, STEP-HFpEF DM y SUMMIT, debido a que evaluaron
de manera directa estas terapias en personas con obesidad e ICFEp.
Se excluyeron los artículos duplicados, estudios exclusivamente experimentales o
preclínicos, resúmenes de congresos sin publicación completa y documentos que no ofrecían
información suficiente para responder al objetivo de la revisión. Asimismo, se descartaron
investigaciones que no diferenciaban la ICFEp de otros tipos de insuficiencia cardíaca y aquellas
que analizaban los agonistas GLP-1 únicamente desde el control de la glucosa, sin valorar
resultados cardiovasculares, funcionales o relacionados con la obesidad.
La selección se desarrolló en dos etapas. Primero se revisaron los títulos y resúmenes para
identificar los trabajos relacionados con el tema. Después se examinó el texto completo de las
publicaciones consideradas pertinentes. De cada estudio se recopiló información sobre el año de

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publicación, diseño metodológico, características de la población, intervención empleada,
tratamiento comparador, tiempo de seguimiento, principales resultados, efectos adversos y
limitaciones.
La información obtenida se organizó en cuatro áreas: mecanismos que relacionan la
obesidad con la ICFEp; fundamentos farmacológicos de los agonistas GLP-1; beneficios clínicos
y funcionales observados; y seguridad, limitaciones y perspectivas futuras. Debido a que los
estudios presentaron diferencias en sus diseños, poblaciones, tratamientos y desenlaces, no se
efectuó un metaanálisis. En su lugar, los resultados se integraron mediante una síntesis narrativa
y comparativa, diferenciando los beneficios respaldados por ensayos clínicos de aquellos
mecanismos que aún permanecen en investigación.
Finalmente, por tratarse de una revisión bibliográfica basada en información pública y
previamente publicada, no se utilizaron historias clínicas ni datos personales, por lo que no fue
necesario solicitar consentimiento informado. Durante todo el proceso se respetaron los principios
de integridad académica, citación responsable y reconocimiento de las fuentes consultadas.
RESULTADOS Y DISCUSIÓN
La evidencia revisada muestra que la obesidad no debe considerarse únicamente una
enfermedad asociada a la insuficiencia cardíaca con fracción de eyección preservada (ICFEp). El
exceso de tejido adiposo participa activamente en su aparición y progresión mediante inflamación
sistémica, resistencia a la insulina, retención de sodio, expansión del volumen circulante y
acumulación de grasa visceral y epicárdica. Estos cambios aumentan las presiones de llenado del
corazón y reducen su capacidad de adaptación durante el ejercicio. Esto explica por qué muchos
pacientes, aunque mantienen una fracción de eyección normal, presentan disnea, fatiga y
limitaciones importantes para desarrollar sus actividades habituales.
Los resultados más relevantes sobre el uso de agonistas GLP-1 procedieron de los ensayos
STEP-HFpEF y STEP-HFpEF DM. El primero incluyó a 529 pacientes con obesidad e ICFEp,
pero sin diabetes mellitus. Después de 52 semanas, quienes recibieron semaglutida alcanzaron
una mejoría de 16,6 puntos en el resumen clínico del cuestionario de cardiomiopatía de Kansas
City (KCCQ-CSS), frente a 8,7 puntos en el grupo placebo. Esta diferencia resulta clínicamente
importante, ya que el instrumento evalúa síntomas, limitaciones físicas y repercusión de la
insuficiencia cardíaca sobre la vida diaria.
En el mismo estudio, el peso corporal disminuyó un 13,3 % con semaglutida y un 2,6 %
con placebo. La distancia recorrida durante la prueba de marcha de seis minutos aumentó 21,5
metros en el grupo tratado, frente a 1,2 metros en el grupo de control. También se redujeron los
niveles de proteína C reactiva y se registraron menos episodios que requirieron hospitalización o
atención urgente por insuficiencia cardíaca. Sin embargo, la cantidad de estos eventos fue

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pequeña, por lo que deben interpretarse como una señal favorable y no como una demostración
definitiva de reducción de hospitalizaciones.
El ensayo STEP-HFpEF DM permitió conocer si estos beneficios se mantenían en
pacientes con diabetes mellitus tipo 2, una población que suele presentar mayor alteración
metabólica y una enfermedad cardiovascular más compleja. Participaron 616 personas con
obesidad, diabetes e ICFEp. Al finalizar las 52 semanas, la puntuación KCCQ-CSS aumentó 13,7
puntos con semaglutida y 6,4 puntos con placebo. La diferencia estimada entre ambos grupos fue
de 7,3 puntos, lo que confirmó una mejoría relevante de los síntomas y las limitaciones físicas.
La reducción de peso fue del 9,8 % con semaglutida y del 3,4 % con placebo. Aunque esta
pérdida fue menor que la observada en pacientes sin diabetes, se mantuvieron los beneficios sobre
el estado de salud y la capacidad funcional. La distancia recorrida en seis minutos presentó una
diferencia favorable de 14,3 metros y también disminuyó la proteína C reactiva. Esto plantea que
la respuesta clínica podría depender no solo de la cantidad de peso perdido, sino también de
efectos sobre la inflamación, la congestión, la sensibilidad a la insulina y la función vascular.
La tirzepatida fue estudiada en el ensayo SUMMIT, que incluyó a 731 pacientes con
obesidad e ICFEp. Es importante precisar que este medicamento no es un agonista GLP-1
exclusivo, sino un agonista dual de los receptores GIP y GLP-1. Sin embargo, su inclusión en la
revisión resulta pertinente porque forma parte del desarrollo de las terapias incretínicas y permite
comprender hacia dónde se dirige el tratamiento metabólico de la insuficiencia cardíaca.
En SUMMIT, el desenlace combinado de muerte cardiovascular o empeoramiento de la
insuficiencia cardíaca ocurrió en el 9,9 % de los pacientes que recibieron tirzepatida y en el 15,3
% de quienes recibieron placebo. Esto correspondió a una reducción relativa del riesgo del 38 %.
El resultado estuvo impulsado principalmente por la disminución de los eventos de
empeoramiento de la insuficiencia cardíaca, registrados en el 8,0 % del grupo tratado y en el 14,2
% del grupo placebo. No se demostró una reducción significativa de la mortalidad cardiovascular
analizada de manera independiente.
Tabla 1
Resultados principales de los estudios sobre terapias incretínicas en obesidad e ICFEp
Estudio Participantes Tratamiento Hallazgos principales
STEP-
HFpEF 529, sin diabetes Semaglutida 2,4
mg semanal
KCCQ-CSS: +16,6 frente a +8,7 puntos;
peso: −13,3 % frente a −2,6 %; marcha de
seis minutos: +21,5 frente a +1,2 m
STEP-
HFpEF DM
616, con
diabetes tipo 2
Semaglutida 2,4
mg semanal
KCCQ-CSS: +13,7 frente a +6,4 puntos;
peso: −9,8 % frente a −3,4 %; diferencia en
marcha: +14,3 m

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Estudio Participantes Tratamiento Hallazgos principales
SUMMIT 731, con o sin
diabetes
Tirzepatida hasta
15 mg semanal
Muerte cardiovascular o empeoramiento de
IC: 9,9 % frente a 15,3 %; KCCQ-CSS:
+19,5 frente a +12,7 puntos
Nota. ICFEp: insuficiencia cardíaca con fracción de eyección preservada; KCCQ-CSS: resumen clínico del
cuestionario de cardiomiopatía de Kansas City; GIP: polipéptido insulinotrópico dependiente de glucosa; GLP-1:
péptido similar al glucagón tipo 1.
Al analizar los tres estudios en conjunto, se observa un patrón consistente: tratar
eficazmente la obesidad mejora la manera en que los pacientes se sienten y funcionan. La
reducción del peso se relacionó con menor carga de síntomas, mayor capacidad para caminar y
mejor calidad de vida. Sin embargo, sería una simplificación atribuir todos los resultados
únicamente al descenso ponderal. La reducción de marcadores inflamatorios y la aparición
relativamente temprana de algunos beneficios sugieren la participación de otros mecanismos,
como una menor congestión, mejor función endotelial y disminución de la grasa que rodea al
corazón.
La principal novedad científica de estos hallazgos consiste en cambiar la forma de entender
la obesidad dentro de la ICFEp. Ya no se trata de una condición secundaria que debe atenderse
de manera paralela, sino de un elemento central del proceso cardiovascular. Por primera vez, una
intervención dirigida al componente metabólico ha conseguido mejorar de manera consistente
síntomas y limitaciones que afectan directamente la vida cotidiana del paciente.
Aun así, quedan preguntas importantes. Los ensayos con semaglutida no tuvieron el tamaño
ni la duración necesarios para establecer conclusiones definitivas sobre mortalidad
cardiovascular. En SUMMIT se redujeron principalmente los episodios de empeoramiento de la
insuficiencia cardíaca, pero no se comprobó un beneficio aislado sobre la mortalidad. También
falta determinar qué ocurre después de suspender el tratamiento y si las mejoras se mantienen
durante varios años.
Los efectos adversos gastrointestinales, como náuseas, diarrea o vómitos, pueden limitar la
adherencia. Además, en adultos mayores o personas con fragilidad debe vigilarse la posible
pérdida de masa muscular junto con la reducción de peso. Por ello, estas terapias deberían
acompañarse de valoración nutricional, actividad física adaptada y seguimiento clínico.
En la práctica, los agonistas GLP-1 deben considerarse como parte de un tratamiento
integral y no como sustitutos de los diuréticos, los inhibidores SGLT2 o el control de las
enfermedades asociadas. Su verdadera aportación consiste en abordar un mecanismo que durante
años permaneció en segundo plano. La evidencia disponible abre una nueva etapa: tratar la
obesidad en la ICFEp no significa solo lograr que el paciente pese menos, sino ayudarlo a respirar
mejor, caminar más y recuperar parte de su vida cotidiana.

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CONCLUSIONES
La evidencia analizada permite comprender que la obesidad no solo acompaña a la
insuficiencia cardíaca con fracción de eyección preservada (ICFEp), sino que participa
directamente en su desarrollo y empeoramiento. La inflamación, la retención de líquidos, la
resistencia a la insulina y la acumulación de grasa alrededor del corazón aumentan la carga
cardiovascular y explican gran parte de los síntomas que presentan estos pacientes. Por ello, tratar
la obesidad debe considerarse una parte fundamental del manejo de la enfermedad.
Los estudios STEP-HFpEF y STEP-HFpEF DM mostraron que la semaglutida puede
producir una reducción importante del peso corporal y, al mismo tiempo, mejorar la disnea, las
limitaciones físicas, la capacidad para caminar y la calidad de vida. Estos beneficios se observaron
tanto en pacientes con diabetes mellitus tipo 2 como en aquellos sin esta condición, lo que refuerza
su posible utilidad en diferentes perfiles clínicos.
El ensayo SUMMIT amplió esta evidencia al demostrar que la tirzepatida, mediante su
acción dual sobre los receptores GIP y GLP-1, puede reducir los episodios de empeoramiento de
la insuficiencia cardíaca. Sin embargo, todavía no se ha comprobado de manera concluyente que
estas terapias disminuyan la mortalidad cardiovascular. Este punto obliga a interpretar los
resultados con equilibrio: son avances importantes, pero aún existen preguntas que deben
resolverse.
Los agonistas GLP-1 y las terapias incretínicas relacionadas no deben utilizarse de
manera aislada ni reemplazar el tratamiento cardiovascular establecido. Su mayor utilidad aparece
cuando forman parte de una estrategia integral que incluya control de la congestión, inhibidores
SGLT2 cuando estén indicados, manejo de las enfermedades asociadas, alimentación saludable,
actividad física adaptada y seguimiento clínico. También es necesario vigilar los efectos
gastrointestinales, la función renal y la posible pérdida de masa muscular, especialmente en
personas mayores o con fragilidad.
Será necesario realizar estudios con seguimientos más prolongados para conocer si los
beneficios se mantienen, qué ocurre al suspender el tratamiento, cuáles son sus efectos sobre la
supervivencia y qué pacientes responden mejor. El acceso y el costo también serán determinantes
para llevar estos avances desde los ensayos clínicos hasta la práctica cotidiana.
En definitiva, el cambio más importante es comprender que el tratamiento de la obesidad
puede modificar la evolución clínica de la ICFEp. El propósito no consiste solamente en reducir
una cifra en la balanza, sino en lograr que el paciente respire mejor, recupere movilidad, conserve
su autonomía y viva con menos limitaciones.

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