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https://doi.org/10.69639/arandu.v13i3.2546
Conocimientos, actitud y prácticas en conservación de suelos
de pequeños productores de Yakarey, Ñeembucú
Nowledge, Attitudes, and Practices Regarding Soil Conservation Among Small-Scale
Producers in Yakarey, Ñeembucú
Fernando Enrique Torres Soler
ft8067771@gmail.com
https://orcid.org/0009-0006-0155-9238
Universidad Nacional de Pilar
Paraguay – Pilar
Artículo recibido: 10 julio 2026- Aceptado para publicación:16 agosto 2026
Conflictos de intereses: Ninguno que declarar.
RESUMEN
La degradación del recurso edáfico constituye una amenaza para la sostenibilidad de los sistemas
productivos, siendo los pequeños productores actores centrales tanto en la manifestación del
problema como en su solución. En este contexto, la presente investigación tiene por objetivo
caracterizar los conocimientos, las actitudes y las prácticas (CAP) relativas al uso de las prácticas
de conservación de suelos prevalecientes entre los productores de la comunidad de Yakarey,
Departamento de Ñeembucú. Se implementa un diseño metodológico de carácter cualitativo, con
alcance descriptivo y corte transeccional. Se adopta el modelo CAP como marco conceptual,
empleando entrevistas semi-estructurada y no estructura, cuya información es procesada mediante
análisis de contenido temático hasta alcanzar el punto de saturación teórica. Los principales
hallazgos revelan un conocimiento empírico funcional y una actitud marcadamente favorable
hacia la conservación por parte de los productores. No obstante, se constata una limitada y
condicionada implementación de prácticas, evidenciando una notable brecha entre la dimensión
cognitivo-actitudinal y la acción efectiva. Se concluye que la barrera fundamental para la
adopción de prácticas no reside en la dimensión actitudinal, sino en factores estructurales de
índole económica y en la ausencia de un soporte externo continuo. En este sentido, la
investigación subraya la necesidad de que las políticas y programas de extensión superen el
enfoque de sensibilización, orientándose hacia la provisión de un apoyo integral que contemple
asistencia más cercana, acceso a insumos e incentivos.
Palabras clave: pequeños productores, conocimientos, actitudes, prácticas, conservación
de suelo

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ABSTRACT
Soil degradation poses a threat to the sustainability of production systems, wherein smallholder
farmers are central actors in both the manifestation of the problem and its solution. In this context,
this research aims to characterize the Knowledge, Attitudes, and Practices (KAP) regarding soil
conservation prevalent among farmers in the Yakarey community, Department of Ñeembucú. A
qualitative, descriptive, and cross-sectional methodological design was implemented. The KAP
model was adopted as a conceptual framework, using semi-structured and unstructured
interviews. The collected data were processed via thematic content analysis until theoretical
saturation was reached. The main findings reveal a functional empirical knowledge and a
markedly favorable attitude towards conservation among the farmers. However, a limited and
conditioned implementation of practices was observed, revealing a significant gap between the
cognitive-attitudinal dimension and effective action. It is concluded that the primary barrier to
practice adoption lies not in the attitudinal dimension, but in structural economic factors and the
absence of continuous external support. In this regard, the research highlights the need for
extension policies and programs to move beyond a mere awareness-raising approach and shift
towards providing comprehensive support that includes on-site technical assistance, access to
inputs, and incentives.
Keywords: smallholder farmers, knowledge, attitudes, practices, soil conservation
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INTRODUCCIÓN
El suelo se erige como un recurso natural de gran importancia, constituyéndose en el
cimiento para la producción agropecuaria, la generación de alimentos, el sustento de la
biodiversidad y el mecanismo regulador de los ciclos ecosistémicos.
En contraposición a su importancia estratégica, los procesos de degradación del suelo, que
engloban fenómenos como la erosión, la merma de la fertilidad y la compactación del perfil,
constituyen una amenaza de magnitud creciente para la sostenibilidad de los sistemas productivos
y la estabilidad ambiental.
Los pequeños productores, quienes se constituyen en un pilar fundamental de la actividad
agropecuaria, se encuentran supeditados a la secuencia de los efectos que ocasionan los procesos
de degradación que se suceden; sin embargo, al mismo tiempo, son estos productores los que se
erigen como actores principales en la implementación de las soluciones conducentes al
mejoramiento sustancial del suelo.
En el particular contexto del Departamento de Ñeembucú, cuyas condiciones
agroecológicas singulares sustentan una economía donde la producción familiar constituye el
principal medio de subsistencia, la inherente vulnerabilidad de su recurso edáfico se traduce en
una acelerada merma de sus propiedades.
Frente a este escenario, se manifiesta como imperativa la búsqueda de estrategias eficaces
para la rehabilitación de las condiciones del suelo y, consecuentemente, para la optimización de
los sistemas productivos de la agricultura familiar. En este marco, la adopción de prácticas de
manejo conservacionista se configura como un eje de acción prioritario.
La implementación de metodologías conservacionistas persigue, por una parte, la
rehabilitación de las propiedades del suelo y, por otra, la garantía de su productividad sostenida
en el tiempo y el fortalecimiento de la resiliencia inherente a los sistemas de producción. En este
aspecto, resulta fundamental obtener un diagnóstico preciso sobre el estado actual de los
conocimientos, actitudes y prácticas que inciden en la toma de decisiones del productor, así como
sobre las experiencias que han sido efectivamente implementadas en contextos locales
específicos, como es el caso de la Compañía Yakarey.
Al respecto, la indagación sobre las percepciones y el cúmulo de conocimientos de los
productores se constituye como un requisito indispensable para el fomento de una gestión
agropecuaria que sea sostenible y se encuentre adaptada a las particularidades de cada territorio.
Dicha aproximación contribuye, de manera directa, al bienestar de las comunidades rurales y a la
salvaguarda de la integridad del ecosistema.
La conservación del recurso edáfico y el paradigma del desarrollo sostenible se encuentran
estrechamente vinculados, constituyendo un vínculo esencial reconocida en la literatura científica.
En consonancia con esta premisa, autores como Riaz et al. (2023) sostienen que las prácticas

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conservacionistas, incluyendo los esfuerzos de preservación, son herramientas para la
consecución de los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS), en tanto que garantizan la
disponibilidad de recursos, promueven la sostenibilidad ambiental y fomentan la equidad social,
asegurando así la provisión de servicios ecosistémicos esenciales.
Esta perspectiva se ve reforzada por estudios que profundizan en las funciones ecológicas
del suelo. Al respecto, Renshu et al. (2024) destacan la valiosa capacidad de los suelos
gestionados bajo criterios de sostenibilidad para regular los ciclos hidrológicos y biogeoquímicos,
mientras que Boullier (2022) hace hincapié en el importante aporte de las prácticas de manejo de
suelo a la mitigación de los procesos erosivos y al soporte de funciones ecológicas vitales.
En el marco de esta problemática, el enfoque de Conocimientos, Actitudes y Prácticas
(CAP) se erige como una herramienta analítica de importancia técnica para la explicación de los
factores que determinan la adopción de medidas conservacionistas. La aplicación de este modelo
es ilustrada por Liao et al. (2022), quienes se valieron del mismo para evaluar cómo dichos
componentes influyen en las decisiones de los pequeños productores sobre la agricultura
sostenible, en función de sus percepciones con respecto a la degradación ambiental y de sus años
de experiencia.
De manera complementaria, y utilizando el mismo marco metodológico, el estudio de Islam
e Islam (2020) profundiza en estas interrelaciones, al identificar la dependencia y vínculos
determinantes entre el conocimiento y la experiencia específica en la agricultura orgánica, así
como la vinculación positiva de la actitudes con la experiencia agrícola en términos generales.
Dicha investigación subraya, además, que la capacitación focalizada en el uso de prácticas
específicas constituye un mecanismo fundamental para el fortalecimiento del conocimiento del
productor.
Diversos estudios precedentes han abordado en profundidad la adopción de prácticas
conservacionistas, revelando una compleja interacción de factores. Desde una perspectiva
socioeconómica, el trabajo de Debie et al. (2022) en Etiopía es ilustrativo, al constatar una mejora
en los medios de subsistencia de aquellos agricultores que implementaron prácticas de manejo
del suelo, concluyendo que la mayor efectividad se logra mediante la combinación asociativa de
medidas estructurales, vegetativas y agronómicas.
En el ámbito cognitivo y actitudinal, la investigación de Topp et al. (2023) en el contexto
mediterráneo puso de manifiesto que la toma de conciencia sobre el suelo como recurso vivo, así
como las creencias de los productores acerca de los beneficios inherentes a la conservación, se
correlacionan positivamente con la adopción de la labranza mínima. De manera análoga,
Mwanake et al. (2023) en Kenia y Uganda observaron que una alta percepción de la erosión y la
pérdida de fertilidad del suelo actuaba como un impulso para la implementación de prácticas
conservacionistas, subrayando el rol determinante de las percepciones del agricultor.

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No obstante, esta correlación positiva entre percepción y práctica no es universal. En
contraposición, el estudio de Telles et al. (2022) en Brasil identificó una barrera significativa en
la comprensión incompleta del concepto de agricultura de conservación por parte de los
productores. Dicha deficiencia tiene su derivación en la aplicación de técnicas inadecuadas y una
baja diversificación de cultivos, siendo atribuidas estas falencias a una escasez de conocimientos
específicos y a la ausencia de actitudes propicias para la innovación.
Profundizando en los determinantes de la conducta, otras investigaciones abordan las
dimensiones socio-psicológicas y de identidad que subyacen a la adopción de prácticas
sostenibles. De esta manera, Ataei et al. (2022), aplicando la teoría de activación de normas en
Irán, demostraron que variables como el control conductual percibido y la conciencia sobre las
consecuencias de los propios actos influyen de manera significativa en la consolidación de normas
personales orientadas a la sostenibilidad.
En una línea complementaria, Lavoie y Wardropper (2021) en los Estados Unidos
analizaron el modo en que la identidad del "buen agricultor" incide sobre el compromiso con la
labranza de conservación, al articular la tensión existente entre los valores productivistas y la
representación simbólica de los recursos naturales. Reforzando la importancia de la percepción,
Lima y Bastos (2020) en Brasil evidenciaron una correlación directa entre las actitudes favorables
de los propietarios, influenciadas por su valoración de los servicios ecosistémicos, y su intención
efectiva de restaurar áreas de vegetación nativa.
En su conjunto, la literatura revisada pone de manifiesto la compleja interacción que existe
entre el conocimiento, las actitudes socioculturalmente influenciadas y la adopción efectiva de
prácticas de conservación. Precisamente por esta complejidad y la reconocida dependencia
contextual de dichos factores, se justifica la necesidad de realizar un estudio focalizado en la
comunidad de Yakarey, un área donde la información empírica de esta naturaleza es actualmente
limitada, representando un vacío de conocimiento.
La comprensión integral de estos tres componentes en el referido contexto, facilitará la
caracterización de las fortalezas, debilidades, oportunidades y barreras que inciden en la adopción
de un manejo sostenible del suelo por parte de los pequeños productores en la referida localidad.
De este modo, se espera que los hallazgos resultantes constituyan un insumo de base empírica
para el diseño de estrategias de capacitación, programas de asistencia técnica y políticas públicas
más efectivas, fomentando así un sistema productivo más resiliente y sostenible en el
Departamento de Ñeembucú.
La presente investigación se enmarca en el ámbito de las líneas que rigen la Maestría en
Evaluación de Impacto y Gestión Ambiental de la Facultad de Ciencias Agropecuarias y
Desarrollo Rural, específicamente en lo concerniente a la interrelación entre desarrollo sostenible
y prácticas conservacionistas. Dicha alineación se sustenta en la premisa de que los servicios de
conservación del suelo, como enfatiza Boullier (2022), contribuyen de manera significativa al

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logro de los Objetivos de Desarrollo Sostenible. En esta misma línea, Renshu et al. (2024)
sostienen que los suelos gestionados bajo criterios de conservación ejercen una función primordial
en la regulación de los servicios ecosistémicos que sustentan el desarrollo.
En este sentido, el aporte fundamental de este estudio radica en la aplicación del enfoque
de Conocimientos, Actitudes y Práctica (CAP) a una comunidad específica. El propósito es
generar conocimiento contextualizado y aplicable que sirva de insumo para la posterior toma de
decisiones, orientadas a garantizar la sinergia entre la productividad agrícola y la conservación
ambiental en la zona de estudio.
El objetivo general del presente estudio consiste en determinar los conocimientos, las
actitudes y las prácticas en materia de conservación de suelos de los pequeños productores
agropecuarios de la comunidad de Yakarey, Departamento de Ñeembucú, en el presente año 2025.
MATERIALES Y MÉTODOS
El alcance del trabajo se circunscribe a los pequeños productores de la localidad
denominada Yakare, con el propósito de ofrecer un panorama detallado de su situación actual con
respecto a la conservación de los recursos edáficos.
El enfoque metodológico de la presente investigación se adscribe a un diseño de carácter
cualitativo y alcance descriptivo, pertinente para la naturaleza de los objetivos planteados. Dicha
elección responde al propósito de profundizar en la comprensión de los fenómenos a través de la
interpretación de las percepciones y discursos de los productores, en contraposición a la medición
y cuantificación de las variables.
La aplicación de la metodología de Conocimientos, Actitudes y Prácticas (CAP) en el
ámbito de la investigación cualitativa resulta pertinente en el ámbito de las investigaciones con
carácter ambiental en poblaciones rurales con perspectivas productivas con miras al desarrollo
sostenible.
Dicho enfoque permite una integración holística de las diversas perspectivas sobre la
sostenibilidad, al abordar de manera simultánea los componentes cognitivos, afectivos y
conductuales que subyacen a la interacción del individuo con su entorno (Salas-Zapata et al,
2018).
En este sentido, este modelo se erige como una herramienta de considerable valor para
mejorar la comprensión de los comportamientos individuales de los pequeños productores y las
barreras a la sostenibilidad, proveyendo así un mecanismo para el diseño de intervenciones
productivas y ambientales más efectivas.
Este modelo (CAP) se constituye en un instrumento de valor para la investigación
descriptiva, puesto que facilita la caracterización de los factores que impulsan los
comportamientos sostenibles, promoviendo así, en última instancia, la acción colectiva orientada

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a la conservación ambiental y la consecución de los objetivos de desarrollo sostenible (Liao et al.,
2022).
La naturaleza descriptiva de la presente investigación se fundamenta en el propósito de
caracterizar de manera sistemática los conocimientos, las actitudes y las prácticas de los pequeños
productores, a los efectos de dilucidar las perspectivas que estos poseen en relación con el objeto
de estudio.
Además del carácter descriptivo, la investigación se adscribe también a un estudio de corte
transeccional o transversal. El estudio se caracteriza por la recopilación de los datos se efectúa en
un único momento temporal, a los efectos de obtener una caracterización sincrónica y detallada
del fenómeno objeto de estudio (Badrum y Mapa, 2020).
En lo que guarda relación a la población estudiada, la misma contempla la inclusión de los
167 pequeños productores que habitan en la mencionada localidad en estudio, distribuidos en
lotes de 10 Ha cada una. Dato aportado por el Centro de Desarrollo Agropecuario de Ñeembucú,
de la Dirección de Extensión Agraria del Ministerio de Agricultura y Ganadería, que coincide con
lo señalado por la Organización Consejo de Desarrollo.
De manera complementaria a la participación de los productores, el diseño metodológico
contempla la incorporación de informantes clave. La selección de estos 5 actores obedece a
criterios de conocimiento especializado o a su posición estratégica dentro del entramado
comunitario.
Dicha categoría incluye a personas tales como líderes y técnicos agropecuarios con
trayectoria en la zona. El propósito de la inclusión es obtener una perspectiva de contraste que
permita contextualizar y triangular la información provista por los productores, enriqueciendo así
la validez del análisis.
La aproximación al fenómeno de estudio demanda un proceso de reflexión constante por
parte del investigador en lo concerniente a la perspectiva desde la cual se aborda el objeto de
análisis. En este marco, definido por Mendieta Izquierdo (2015), como los sujetos que constituyen
el objeto de estudio, son concebidos como los actores centrales de la investigación.
La recopilación de la información se efectúa mediante entrevistas individuales. El criterio
para la finalización de esta fase se rige por el principio de saturación teórica, el cual se alcanza en
el punto en que las respuestas de los informantes comienzan a exhibir patrones recurrentes y la
incorporación de nuevos participantes ya no aporta información sustancialmente novedosa ni
genera nuevas categorías de análisis.
La convergencia de las respuestas, caracterizada por la ausencia de variaciones sustanciales
en los discursos de los individuos, constituye el principal indicador de que se ha alcanzado la
saturación informativa (Chahal, 2021).
En dicho punto, la indagación llega a su límite conceptual, toda vez que la incorporación
de nuevos datos ya no contribuya de manera significativa a la generación de nuevas categorías de

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análisis. Por lo que, corresponde al investigador velar durante todo el proceso por la calidad y la
riqueza de la información recopilada, a los efectos de asegurar que la comprensión final del
fenómeno investigado sea integral, profunda y matizada.
En lo que respecta a la recolección de la información se articula en torno a la entrevista,
aplicada en dos modalidades diferenciadas según el perfil del participante. Por una parte, se
emplea una entrevista de carácter semi-estructurado dirigida a los productores. Dicho formato, si
bien se rige por una guía temática predefinida, ofrece la flexibilidad necesaria para que los actores
expresen con profundidad sus percepciones en torno a las dimensiones de estudio. Por otra parte,
se recurre a una entrevista no estructurada con los informantes clave, a fin de posibilitar que estos,
en virtud de su conocimiento especializado, realicen aportes de mayor amplitud y contexto sobre
las dimensiones de análisis: conocimientos, actitudes y prácticas.
La entrevista es una técnica que permite obtener datos mediante un diálogo o conversación
“cara a cara”, entre el entrevistador y el entrevistado de tal manera que el entrevistador pueda
obtener la información requerida (Palella y Martins, 2012).
Al respecto, los estudios cualitativos demuestran que la utilización de entrevistas bajo el
marco CAP facilita la exploración de percepciones y lógicas que a menudo son omitidas por los
instrumentos cuantitativos.
La aproximación metodológica, fundamentada en la formulación estratégica de preguntas
y en la aplicación de un muestreo de carácter cualitativo, permite que las entrevistas trasciendan
más allá de una simple recolección de datos para llegar a describir las perspectivas y lógicas
subyacentes de los pequeños productores.
Es de destacar que, dicha estrategia resulta plenamente coherente con el propósito
fundamental en el marco del modelo CAP, que compone la comprensión integral del
conocimiento, las actitudes y las prácticas (Elhami y Khoshnevisan, 2022).
El procesamiento de los datos cualitativos se realiza mediante un análisis de contenido
temático. Este procedimiento implica la codificación sistemática de la información recopilada, su
posterior categorización en función de ejes temáticos emergentes y, finalmente, la interpretación
de los significados y relaciones subyacentes a fin de formular las conclusiones pertinentes.
En cuanto a los criterios de inclusión y exclusión, se pone de resalto la admisión de los
jefes de familia o responsables agropecuarios mayores de edad, activos en la zona y que
consienten participar; fueron excluidos, aquellos que no cumplen estos requisitos, que engloban
a los que son menores de edad y que se negaron a participar o no pudieron comprender los fines
del estudio.
RESULTADOS
A partir de los datos recabados en la investigación, es posible delinear una representación
detallada del pequeño productor del asentamiento Yakarey en relación las prácticas de

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conservación de suelos. Dicho perfil se estructura en tres dimensiones fundamentales:
conocimientos, actitudes y prácticas.
Conocimientos sobre la salud del suelo
El pequeño productor evidencia un conocimiento de carácter empírico y funcional sobre la
salud y el estado actual del suelo, asociando directamente la fertilidad del suelo con la obtención
de mejores rendimientos de sus cultivos. En este sentido, la degradación es percibida a través de
la identificación de indicadores directos, principalmente la disminución en la productividad de
los cultivos.
Se constata, además, que los pequeños productores realizan una correcta identificación de
las principales causas que impulsan la degradación del suelo, entre las que se mencionan los
efectos directos de las lluvias intensas, la falta de cobertura vegetal y el laboreo continuo de sus
parcelas.
Al respecto, el productor reconoce una amplia variedad de prácticas de conservación de
suelo aplicables en su finca, tales como la rotación de cultivos, el uso de abonos verdes y la
labranza mínima. Sin embargo, se observa un desconocimiento específico sobre la técnica del
pastoreo rotacional utilizable para aquellos que poseen ganado vacuno.
Cabe resaltar un dato interesante, relacionado a la observación de una elevada
autopercepción de competencia en los productores, que se manifiesta en la confianza expresada
en que podrían implementar las prácticas de conservación de suelo sin necesidad de una asistencia
técnica externa.
Actitudes hacia la conservación
La actitud del productor hacia la conservación del suelo resulta marcadamente positiva y
proactiva. Considera la conservación del recurso suelo como una responsabilidad primordial de
carácter personal, si bien reconoce la necesidad de una estrecha colaboración por parte de las
instituciones del Estado encargadas del sector.
Por otra parte, es de notar que, el pequeño productor indagado tiende a rechazar de forma
explícita la noción de que la degradación del suelo no constituye un problema grave para sus
actividades productivas.
Los beneficios percibidos por el productor con respecto a la conservación del suelo, se
centran en tres ejes principales: el aumento de la productividad agrícola, la sostenibilidad de los
recursos para futuras generaciones y la protección del medio ambiente.
Se pone de manifiesto, así mismo, una alta disposición de los pequeños productores a
participar en programas de capacitación, condicionada pragmáticamente a la facilitación de
medios logísticos como el transporte.
Las barreras que se logran identificar en los indagados, para la adopción de prácticas
conservacionistas, no residen en una falta de voluntad, sino en factores exógenos como el costo
económico y la elevada demanda de tiempo y mano de obra.

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Prácticas de manejo y conservación implementadas
Se constata que, a pesar del conocimiento demostrado por los productores y la actitud
favorable manifestada, la implementación efectiva de las prácticas de conservación de suelo se
presenta como limitada y sujeta a condiciones externas.
Las prácticas conservacionistas que se llevan adelante de manera concreta en el área de
estudio, son la rotación de cultivos destinados al autoconsumo y el uso de abonos verdes; esta
última, no obstante, se encuentra supeditada a la obtención gratuita de insumos, como la semilla
de avena negra.
La estrategia de aplicación no se revela como holística; es decir, que las actividades
inherentes al aspecto conservacionista del suelo no se realizan considerando una estrategia
integral, sino, más bien, como aspectos fragmentados, de manera aislada sin considerar la visión
de conjunto tan necesaria para el éxito productivo.
En este sentido, el pequeño productor se concentra exclusivamente en las parcelas
consideradas más productivas, dejando en descanso aquellos terrenos que presentan mayores
problemas o niveles de degradación.
Por otra parte, se pone de resalto que, la falta de implementación de un mayor número de
prácticas conservacionistas se atribuye específicamente a dos factores determinantes relacionadas
de manera directa a la falta de un acompañamiento técnico continuo y la necesidad de recibir
insumos sin costo.
DISCUSIÓN
El análisis de los resultados obtenidos permite articular una discusión sobre los factores
que condicionan el uso de las prácticas de conservación de suelos en el contexto del área de
estudio. En este aspecto, se evidencia una importante discrepancia entre la dimensión cognitivo-
actitudinal del productor (conocimiento y actitud) y la dimensión práctica (implementación
efectiva), configurando el hallazgo central del presente estudio.
Conocimiento auto percibido y la demanda de asistencia: Se constata una contradicción de
relevancia entre la autopercepción de competencia manifestada por el productor y su explícita
demanda de mayor acompañamiento técnico. Dicha situación sugiere que el conocimiento
poseído es de carácter general o teórico, pero que se carece del conocimiento procedimental
específico, o "saber-cómo", para adaptar e implementar de manera autónoma ciertas técnicas en
las condiciones particulares de su unidad productiva. Por otra parte, si bien el productor se siente
capaz de ejecutar prácticas tradicionales como la rotación de cultivos, resulta probable que
requiera asistencia para la correcta implementación de tecnologías como la siembra directa o la
gestión óptima de abonos verdes.
Prevalencia de las barreras estructurales sobre las actitudinales: Los hallazgos de la
investigación refutan con claridad la hipótesis de que la limitada adopción de prácticas

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conservacionistas se deba a una falta de conciencia o interés por parte de los productores. Al
respecto, resalta la actitud registrada. En este aspecto, la dificultad no reside en la dimensión
actitudinal, sino en factores estructurales de índole económica. En efecto, las barreras
identificadas relacionadas a la inversión económica y la necesidad de la provisión de insumos
gratuitos constituyen el problema central. La conducta del productor responde a una lógica
racional, que expone la falta de inversión de recursos escasos como el capital y el tiempo en
prácticas cuyos beneficios no le son garantizados en corto tiempo, en ausencia de un soporte
externo.
Mitigación de riesgos ante la aplicación de las prácticas: La decisión de concentrar la
aplicación de prácticas únicamente en las parcelas que presentan mayor productividad responde
a una estrategia lógica de mitigación de riesgos. El productor, en su contexto de escasez, invierte
sus limitados recursos donde el retorno es más seguro y previsible, priorizando el mantenimiento
de las áreas productivas sobre la recuperación de las degradadas. Esto indica que la rehabilitación
de suelos es percibida como una inversión a largo plazo, excesivamente costosa para ser asumida
de forma individual por la unidad familiar.
Implicancias de la extensión agropecuaria: La percepción del productor sobre su rol define
un modelo de corresponsabilidad, en el que asume su tarea con la necesaria concurrencia de los
organismos estales del sector. A partir de lo anterior, se infiere que las políticas de extensión
agropecuaria centradas en la sensibilización o en la capacitación teórica podrían resultar
ineficaces. Los resultados sugieren que una intervención efectiva requiere un enfoque integral que
combine tres componentes fundamentales: la asistencia técnica continua y desarrollada en la
propia finca, el acceso facilitado a insumos, como semillas para abonos verdes, ya sea de forma
subsidiada o gratuita, y la implementación de mecanismos de apoyo para mitigar la elevada
inversión inicial en tiempo y mano de obra que estas prácticas demandan.
Implicancias ambientales: Desde una perspectiva ambiental, el hallazgo más significativo
que se desprende de este estudio es la considerable brecha existente entre la dimensión actitudinal
del productor y la realidad ecológica observable en sus fincas. Se constata la presencia de una
voluntad latente por parte del productor para actuar conforme al medio ambiente; sin embargo,
esta disposición se encuentra neutralizada por la prevalencia de barreras de carácter estructural.
En este sentido, la materialización de prácticas sostenibles no depende de una mayor
concienciación, sino de la remoción de los obstáculos económicos y logísticos que actualmente
impiden su adopción.
CONCLUSIONES
El presente estudio, que se fundamenta en la aplicación de un instrumento con validación
metodológica, permite arribar a importantes conclusiones con respecto al uso de prácticas de
conservación de suelos entre los pequeños productores del asentamiento Yakarey. Se constata que

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dichos productores no carecen de conocimientos básicos ni de una actitud favorable hacia la
conservación; por el contrario, demuestran conciencia sobre su importancia, asumen una
responsabilidad personal al respecto y manifiestan motivación para adquirir nuevas competencias.
Los resultados alcanzados guardan concordancia con una vertiente de la literatura
consultada que subraya la importancia de los factores cognitivos y actitudinales en la gestión de
los recursos naturales. El enfoque de Conocimientos, Actitudes y Prácticas (CAP), utilizado como
marco metodológico, se alinea con los trabajos de Liao et al. (2022) e Islam e Islam (2020),
quienes validan este modelo para examinar las decisiones de los pequeños productores en materia
de sostenibilidad.
El hallazgo de una actitud marcadamente positiva hacia la conservación del suelo en la
comunidad de Yakarey guarda consonancia con una importante vertiente de la referencia
bibliográfica revisada. Al respecto, la relevancia de la percepción y la conciencia del agricultor,
evidenciada por Topp et al. (2023) y Mwanake et al. (2023), se ve complementada por la notable
influencia de factores como las normas personales, la identidad y las actitudes favorables, cuyo
rol ha sido documentado en los trabajos de Ataei et al. (2022), Lavoie y Wardropper (2021) y
Lima y Bastos (2020). El presente estudio, por tanto, corrobora la existencia de un valioso capital
actitudinal en la comunidad, el cual se constituye en un capital latente con carácter fundamental
para la promoción de la acción ambiental.
Al respecto, el valor principal de esta investigación se manifiesta en la contextualización
y limitación de dichas correlaciones, al revelar una pronunciada brecha entre la actitud y la
práctica. A pesar de que la literatura citada sugiere una relación directa entre una actitud positiva
y la acción, los resultados en Yakarey demuestran de manera concluyente que este nexo, aunque
fundamental, no se traduce automáticamente en la implementación de prácticas, quedando
condicionado por factores exógenos no siempre contemplados.
Este resultado se relaciona directamente con lo expuesto por Telles et al. (2022), quienes
identifican una implementación inadecuada de prácticas a pesar de existir cierto conocimiento.
Sin embargo, nuestro estudio presenta una diferencia considerable, ya que mientras Telles et al.
señalan como causas la ausencia de actitudes favorables, en Yakarey se constata una actitud que
se ve neutralizada por la práctica. El hallazgo central de que las barreras económicas y
estructurales, tales como la falta de capital, insumos y asistencia técnica continua, se erigen como
obstáculos.
En efecto, mientras autores como Debie et al. (2022) constatan que los agricultores que
adoptan prácticas mejoran sus medios de subsistencia, los resultados del trabajo ponen énfasis en
las condiciones que impiden dar inicio a la adopción. La conclusión de que la falta de recursos
conduce a una estrategia de mitigación de riesgos, como un supuesto de invertir solo en lo seguro,
perpetúa un círculo vicioso de degradación socio-ambiental.

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Las intervenciones deben reorientarse desde la concienciación hacia la remoción de las
barreras en la adopción de las prácticas conservacionistas, a fin de definir líneas con la visión
macro del desarrollo sostenible. Autores como Riaz et al. (2023), Renshu et al. (2024) y Boullier
(2022) enfatizan la contribución de los suelos bien gestionados al logro de los Objetivos de
Desarrollo Sostenible (ODS) y a la regulación de los servicios ecosistémicos. El presente estudio
aporta una visión práctica basada en la acción a este enfoque, considerando que los pequeños
productores puedan contribuir efectivamente a estos objetivos globales.
Si bien el estudio se alinea con la literatura que valora el conocimiento y la actitud del
productor como pilares de la conservación, su principal aporte es demostrar empíricamente que,
en el contexto específico de Yakarey, estos factores positivos son insuficientes y resultan anulados
por barreras económicas y estructurales. De este modo, la investigación no solo valida el marco
CAP en el contexto local, sino que lo enriquece al identificar un factor mediador de carácter
estructural que resulta determinante y que debe constituirse en el foco principal de futuras
intervenciones.
Desde la perspectiva de las conclusiones, resulta imprescindible que cualquier programa
destinado a promover la conservación de suelos deje de lado el enfoque tradicional centrado en
la simple concienciación. En su lugar, las acciones deben orientarse a la remoción de las barreras
normales que limitan la adopción, a través de un paquete de apoyo integral que contemple
asistencia técnica personalizada, acceso a insumos a bajo o nulo costo e incentivos que compensen
la inversión inicial de tiempo y trabajo.
Así mismo, las intervenciones deben trascender la promoción de prácticas aisladas y
enfocarse en el diseño de sistemas de producción integrales. Al respecto, se recomienda promover
la implementación de sistemas agroforestales y de agricultura de conservación, incorporando no
solo abonos verdes y rotación de cultivos, sino también elementos como barreras vivas, cortinas
rompevientos y la integración de especies arbóreas y arbustivas nativas que contribuyan a la
diversificación productiva y la restauración de funciones ecológicas.

Vol. 13/ Núm. 3 2026 pág. 2439
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