Vol. 13/ Núm. 3 2026 pág. 2822
https://doi.org/10.69639/arandu.v13i3.2574

La poética del desdoblamiento: subjetividad, alteridad y
memoria en Historia de un intruso de Marco Antonio
Rodríguez. Convergencias entre literatura y cine

The Poetics of Doubling: Subjectivity, Alterity, and Memory in Historia de un intruso by
Marco Antonio Rodríguez. Convergences between Literature and Cinema

Paúl Puma

pfpuma@uce.edu.ec

https://orcid.org/0000-0002-3932-7196

Universidad Central del Ecuador

Ecuador – Quito

Michelle Riera

msriera@uce.edu.ec

https://orcid.org/0000
-0002-7423-944X
Universidad Central del Ecuador

Ecuador – Quito

Lizeth Echeverria

lcecheverria@uce.edu.ec

https://orcid.org/0009-0007-9120-8163

Universidad Central del Ecuador

Ecuador – Quito

Deysi Benalcázar

dcbenalcazar@uce.edu.ec

https://orcid.org/0009-0004-5544-4431

Universidad Central del Ecuador

Ecuador – Quito

Artículo recibido: 10 julio 2026- Aceptado para publicación:16 agosto 2026

Conflictos de intereses: Ninguno que declarar.

RESUMEN

El presente estudio analiza la poética del desdoblamiento como un mecanismo de construcción
narrativa de la identidad en Historia de un intruso, de Marco Antonio Rodríguez. La investigación
se desarrolla desde un enfoque cualitativo, mediante un análisis documental, bibliográfico y
comparativo, sustentado en la teoría del doble, la identidad narrativa de Paul Ricoeur y el concepto
freudiano de lo siniestro. A partir del examen de la memoria, la percepción y la organización del
relato, se demuestra que la novela desplaza el motivo tradicional del doble desde la duplicación
física hacia una estructura narrativa que configura una subjetividad fragmentada y adquiere pleno
sentido mediante una lectura retrospectiva. Asimismo, se establecen convergencias con El
extraño caso del Dr. Jekyll y Mr. Hyde, Una mente maravillosa, Shutter Island y The Drop, con
el fin de identificar estrategias narrativas comunes relacionadas con la inestabilidad del yo, la
administración del enigma y la reconfiguración retrospectiva de la identidad. Se concluye que
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Historia de un intruso constituye una aportación significativa a la narrativa ecuatoriana al
reformular el motivo del doble como un procedimiento compositivo que articula memoria,
alteridad y subjetividad, convirtiendo la interpretación del lector en un elemento fundamental para
la construcción del sentido.

Palabras clave: poética del desdoblamiento, identidad narrativa, historia de un intruso,
cine, lectura retrospectiva

ABSTRACT

This study analyzes the poetics of doubling as a narrative mechanism for the construction of

identity in Marco Antonio Rodríguez’s
Historia de un intruso. Framed within a qualitative
methodology, the research relies on documentary, bibliographical, and comparative analysis,

drawing upon the theory of the double, Paul Ricoeur’s concept of narrative identity, and the

Freudian uncanny. Through an examination
of memory, perception, and narrative organization,
the novel is shown to displace the traditional motif
of the double from physical duplication toward
a narrative structure that shapes a fragmented subjectivity
—one that achieves full meaning only
through a retrospective reading. Furthermore, points of convergence are established with
The
Strange Case of Dr. Jekyll and Mr. Hyde
, A Beautiful Mind, Shutter Island, and The Drop, aiming
to identify shared narrative strategies regarding the instability of the self, the management of

mystery, and the retrospective reconfiguration of identity. The study concludes th
at Historia de
un intruso
makes a significant contribution to Ecuadorian literature by reformulating the double
motif as a compositional device that articulates memory, alterity, and subjectivity, ultimately

positioning the reader’s interpretation as a essential element in the con
struction of meaning.
Keywords
: poetics of doubling, narrative identity, historia de un intruso, cinema,
retrospective reading

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INTRODUCCIÓN

La figura del doble es uno de los motivos más recurrentes de la tradición literaria. Su
aparición frecuente radica en la capacidad del motivo para desestabilizar la noción de identidad
como algo permanente, unitario y transparente para sí mismo. En este sentido, el doppelgänger
no debe abordarse únicamente como una réplica física del individuo o como un recurso fantástico
diseñado para producir extrañamiento. Como observa Estañol (2012), “el doble evoca la soledad
esencial del ser humano y nos advierte contra la certeza de nuestra identidad” (p. 267). Así, la
duplicación introduce una fractura en la aparente unidad de la persona y convierte la identidad en
un campo disputado más que en una posesión establecida.

Esta dimensión ayuda a explicar por qué el doble ha sido examinado con tanta frecuencia
a través de la Teoría Literaria y el Psicoanálisis. Herrero (2011) sitúa el fenómeno dentro del
“campo de la misteriosa identidad del ser humano y en el enigma de la duplicidad” (p. 15),
desplazando así el debate de la simple semejanza entre dos figuras hacia una cuestión más
profunda acerca de cómo se constituye la propia subjetividad. La aparición del otro no se limita
a introducir una forma externa de alteridad, sino que también revela lo que el yo es incapaz de
integrar en una imagen coherente de sí mismo. En este sentido, el doble opera como una figura
de crisis, ya que pone de manifiesto que la identidad no constituye una entidad cerrada ni estable,
sino una construcción atravesada por múltiples matices, tensiones y contradicciones.

Desde una perspectiva psicoanalítica, este problema recibe una de sus formulaciones más
decisivas en el ensayo de Freud sobre lo siniestro. Se define lo siniestro como “aquella suerte
espantosa que afecta a las cosas conocidas y familiares desde tiempo atrás” (2023, p. 6). La
importancia de esta afirmación para el estudio del doble radica en el hecho de que la perturbación
no surge de lo totalmente desconocido, sino de la inquietante transformación de lo que parecía
íntimo o reconocible. El doble pertenece a esta lógica porque rompe la frontera entre identidad y
alteridad. Pues lo que al principio aparece como “otro personaje” acaba revelando una proximidad
excesiva con quien lo contempla.

Dicha observación resulta útil para comprender la particularidad de Historia de un intruso,
pues a diferencia de muchas representaciones clásicas del doppelgänger, la novela de Marco
Antonio Rodríguez no comienza presentando una figura monstruosa o una duplicación física
extraordinaria. Su estrategia consiste en reubicar el problema del doble en el ámbito de la
percepción, la memoria y la construcción del yo. La separación de la identidad no constituye un
acontecimiento excepcional que irrumpe en la realidad, más bien esto se insinúa desde el principio
a través de la relación entre el narrador y Antero: “La primera vez que Antero me habló
seriamente, no le comprendí. Trató de persuadirme de que no fuera a la fiesta del sábado porque,
según él, yo era diferente a los demás” (Rodríguez, 1993, p. 11). El pasaje establece un contraste
que, en apariencia, se presenta como externo; sin embargo, también revela una relación íntima,
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pues Antero reconoce en el narrador un aspecto de su propia personalidad que él mismo aún no
ha logrado comprender.

Esta particularidad conduce a la necesidad de proponer la diferencia entre las modalidades
del doble. En un primer nivel, se puede ubicar al doble físico que aparece cuando la duplicación
se expresa a través de dos cuerpos similares u opuestos. En un segundo nivel, se puede reconocer
un doble psicológico que surge cuando la fragmentación mental da forma a conflictos internos. Y
en tercer lugar, se tendría un doble narrativo que surge cuando la organización del propio texto
participa en la construcción de una identidad dividida. En ese sentido, la novela ecuatoriana no se
reduce a la presencia de dos personajes. En Historia de un intruso, la dimensión más significativa
no es ni estrictamente corporal ni simplemente psicológica, sino narrativa. Pues la identidad se
distribuye a través de voces, recuerdos, percepciones y escenas cuya articulación completa se
logra mediante una lectura retrospectiva.

La teoría de la identidad narrativa permite describir esta operación con mayor precisión.
Castañeda y Tamayo (2023) señalan que “Ricoeur propone la teoría de la identidad narrativa
como una alternativa para comprender a partir del lenguaje la historicidad de la identidad,
resaltando su dinamismo” (p. 2). Esta perspectiva es pertinente porque evita que el narrador sea
tratado como una esencia ya constituida. Y la identidad toma forma a través de la voz que organiza
el pasado, selecciona recuerdos, introduce omisiones y produce una continuidad vertiginosa. En
la novela de Rodríguez, esta continuidad es interrumpida por Antero, cuya función va más allá
que la de un compañero dentro de la trama.

Desde las primeras páginas, Antero aparece como interlocutor, consejero y contrapunto del
narrador. Su presencia trasciende la función habitual de un personaje secundario, ya que introduce
una mirada capaz de nombrar lo incierto para el narrador. De esta manera, el lector asiste a un
proceso de autoconocimiento y cocreación identitaria entre Antero y el narrador: “Lo que nunca
supe fue que yo era un niño regularmente bueno y aplicado, pero nauseabundamente tímido, y
que lo único que perseguía ávidamente, inventándome malos deberes, era estar cochinamente
solo” (Rodríguez, 1993, p. 12). De este modo, la memoria produce una imagen en retrospectiva
marcada por la vergüenza, el aislamiento y la distancia crítica respecto al yo.

Por esta razón, la relación entre el narrador y Antero debe leerse como una construcción
ambigua. Al principio, la novela invita a interpretar dos sujetos diferenciados, pero va
acumulando gradualmente indicios que delatan la unión más allá del vínculo amistoso. Además,
esta estrategia narrativa coincide con la afirmación de que el sujeto no puede concebirse como
unitario. Vara (2020) sostiene que “no se puede hablar de un aparato indivisible, sino de uno en
el que diferentes sistemas interactúan entre sí” (p. 4). Esa interacción en la obra se convierte en
forma narrativa, exteriorizando el conflicto interno a través de un diálogo aparentemente
interpersonal.
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El texto incluso anticipa la lógica del desdoblamiento antes de ofrecerla como clave central
de la narración. En una escena significativa, el narrador afirma: “A veces me daba la sensación
de que se desdoblaba en múltiples imágenes diferentes, pero correspondientes a su misma esencia
degenerada.” (Rodríguez, 1993, p. 14). La relevancia de este apartado no radica únicamente en el
uso explícito del verbo desdoblar, sino también en que la multiplicación se presenta, en primera
instancia, como un fenómeno de carácter sensorial y sustancial. De este modo, la novela prepara
una lectura en la que el doble se configura como una forma alternativa de percibir, recordar y
organizar la experiencia

Esta operación diferencia a la obra de otras representaciones tradicionales del doble.
Mientras que numerosas narrativas privilegian el espectáculo de la duplicación o la confrontación
visible entre identidades opuestas, la novela de Rodríguez se enfoca en mecanismos mediante los
cuales se produce el sentido. El doble se convierte en una forma de contar la experiencia del
personaje, pues regula la percepción del lector, condiciona la interpretación de Antero y prepara
la necesidad de una relectura posterior. En tal sentido, la contribución de Rodríguez consiste en
convertir la escisión de la identidad en una economía del ocultamiento. El lector recibe una
historia que parece estar organizada por vínculos reconocibles, pero esos vínculos contienen
fisuras que adquieren significado cuando se aclara la función estructural del doble. De esta
manera, la novela reformula la tradición del doppelgänger.

MATERIALES Y MÉTODOS

La presente investigación se desarrolló desde un enfoque cualitativo, debido a que busca
comprender la construcción narrativa de la identidad fragmentada y la configuración del motivo
del doble en Historia de un intruso de Marco Antonio Rodríguez mediante el análisis e
interpretación de su estructura narrativa. Este enfoque permite examinar los significados presentes
en el texto literario y comprender las relaciones entre memoria, alteridad y subjetividad desde una
perspectiva interpretativa (Hernández Sampieri y Mendoza Torres, 2018).

El estudio corresponde a una investigación documental y bibliográfica, sustentada en el
análisis de fuentes primarias y secundarias. Como fuente primaria se empleó la novela Historia
de un intruso (Rodríguez, 1993), mientras que las fuentes secundarias estuvieron conformadas
por estudios teóricos sobre el motivo del doble, la identidad narrativa, la memoria y lo siniestro,
así como investigaciones críticas relacionadas con la obra de Marco Antonio Rodríguez y con
otras narrativas contemporáneas que problematizan la fragmentación del sujeto.

Metodológicamente, se utilizó el método de análisis literario comparado, entendido como
una estrategia que permite establecer relaciones entre obras pertenecientes a distintos contextos
históricos y culturales sin asumir vínculos de influencia directa, sino identificando convergencias
temáticas, estructurales y estéticas (Carvalhal, 1991). En este sentido, Historia de un intruso se
analizó en diálogo con El extraño caso del Dr. Jekyll y Mr. Hyde de Robert Louis Stevenson, Una
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mente maravillosa (Howard, 2001), Shutter Island (Lehane, 2003; Scorsese, 2010) y The Drop
(Lehane, 2014; Roskam, 2014), con el propósito de examinar la evolución del motivo del doble
desde la representación corporal hacia su configuración como estructura narrativa de la
subjetividad.

El procedimiento de análisis se organizó en cuatro etapas. En la primera se realizó una
lectura analítica de la novela para identificar las escenas vinculadas con la memoria, el
desdoblamiento y la construcción del narrador. En la segunda etapa se efectuó una revisión
bibliográfica de los principales aportes teóricos relacionados con el doppelgänger, la identidad
narrativa y la memoria, considerando especialmente los planteamientos de Ricoeur (1996), Freud
(2023), Herrero (2011), Vara (2020) y Castañeda y Tamayo (2023). En la tercera etapa se
desarrolló un análisis comparativo con las obras seleccionadas, identificando semejanzas y
diferencias en la representación de la identidad fragmentada. Finalmente, se integraron los
resultados mediante una interpretación crítica orientada a demostrar que en Historia de un intruso
el doble deja de funcionar únicamente como un personaje para convertirse en una estructura
narrativa que organiza la percepción, la memoria y la producción de sentido.

Como técnica de investigación se empleó el análisis de contenido cualitativo, centrado en
la interpretación de categorías narrativas previamente definidas: memoria, alteridad, percepción,
desdoblamiento y lectura retrospectiva. Estas categorías orientaron la selección, organización e
interpretación de los fragmentos textuales analizados, permitiendo establecer relaciones entre la
configuración del narrador y la estructura narrativa de la novela (Cáceres, 2003).

RESULTADOS Y DISCUSIÓN

La construcción narrativa de la división: memoria, percepción y alteridad en Historia de un
intruso

En Historia de un intruso, el desdoblamiento se construye mediante la acumulación de
recuerdos parciales, escenas cotidianas, comentarios aparentemente secundarios y una percepción
que no resulta del todo confiable. Esta elección narrativa desplaza el interés desde la existencia
objetiva del doble hacia la manera en que el narrador organiza, revisa y problematiza su propio
pasado. En consecuencia, el conflicto deja de centrarse en determinar si Antero existe como un
individuo independiente y pasa a indagar cómo la identidad del narrador se configura a partir de
una memoria fragmentaria y de una experiencia marcada por la alteridad.

En este proceso, Antero ocupa un lugar central. No funciona únicamente como un amigo o
personaje secundario, sino como una instancia interpretativa capaz de nombrar aquello que el
narrador aún desconoce de sí mismo. Su presencia introduce una constante asimetría de
conocimiento: mientras el narrador recuerda los acontecimientos, Antero parece comprender el
significado profundo de esos recuerdos. Por ello, la relación entre ambos trasciende la simple
convivencia y se convierte en un espacio de mediación entre el yo, la memoria y el otro.
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La novela refuerza esta ambigüedad mediante coincidencias biográficas, espacios
compartidos y rasgos de personalidad semejantes. Tales elementos no buscan demostrar una
identidad física entre ambos personajes, sino construir una red de indicios que vuelve
progresivamente inestable la separación entre el yo y el otro. La coincidencia biográfica resulta
especialmente significativa cuando el narrador afirma: “Antero creció en la misma casa vieja
donde yo crecí. Era un bicho raro desde niño. Andaba ensimismado, como si no entendiese por
qué estaba dentro del mundo” (Rodríguez, 1993, p. 24). Esta afirmación no solo aproxima a ambos
personajes a partir de un origen común, sino que instala una semejanza inquietante. La casa
compartida deja de ser un simple espacio de la infancia para convertirse en un signo de proximidad
identitaria. La diferencia entre narrador y Antero permanece, pero siempre atravesada por puntos
de contacto que impiden delimitar con claridad sus fronteras.

A esta proximidad se suma la función formativa que Antero desempeña dentro del relato.
Cuando aconseja: “No lo hagas —me recomendó Antero— siempre es bueno cultivar un defecto.
De lo contrario, la gente se olvida de ti” (Rodríguez, 1993, p. 19), su intervención trasciende el
comentario anecdótico para participar en la construcción de una ética de la singularidad. En esta
lógica, la posibilidad de ser recordado depende de conservar una falla, una marca o una desviación
que diferencie al individuo de los demás. Así, Antero no solo acompaña al narrador, sino que
contribuye activamente a modelar la imagen que este terminará construyendo de sí mismo.

De esta manera, la relación entre ambos se desplaza hacia el ámbito de la escritura. Al
revisar los papeles de Antero, el narrador señala: “Encuentro unas hojas estrujadas a modo de
señales en un libro rollizo de Antero, La Vida de los Dicoplus. Antero escribe en ellas con letra
cursiva, afiebrada, casi maníaca” (Rodríguez, 1993, p. 33). Este episodio resulta decisivo porque
el doble deja de manifestarse únicamente como un recuerdo o un personaje del pasado y adquiere
materialidad a través del texto. La escritura se convierte entonces en el espacio donde permanecen
dispersas las huellas de Antero y, al mismo tiempo, las del propio narrador, quien necesita leerlas,
transcribirlas y reconstruirlas para comprender su propia identidad.

La memoria cumple, en este contexto, una función activa. Lejos de conservar los hechos
de manera objetiva, los reorganiza continuamente desde una conciencia que intenta otorgar
sentido a experiencias fragmentarias. La identidad no aparece como una realidad previa al relato,
sino como el resultado de un proceso de reconstrucción narrativa. En términos psicoanalíticos,
esta lógica se aproxima a la concepción de un sujeto constituido por sistemas en tensión antes que
por una unidad transparente y cerrada (Vara, 2020, p. 4). Rodríguez convierte esa tensión en un
procedimiento narrativo que articula la totalidad de la obra.

Como consecuencia, el doble deja de ser únicamente un motivo temático para convertirse
en un principio de organización narrativa. La novela exige que el lector reconstruya relaciones,
interprete indicios, valore los silencios y reconsidere episodios que, en una primera lectura,
parecían secundarios. De este modo, la experiencia de lectura reproduce la dificultad del sujeto
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para conocerse plenamente. La búsqueda de la identidad se convierte, así, en un ejercicio de
interpretación en el que memoria, percepción y alteridad convergen para desestabilizar de forma
permanente la frontera entre el yo y el otro.

La revelación final y la producción de la lectura retrospectiva

Uno de los principales logros formales de Historia de un intruso reside en la administración
de la información narrativa. Desde el inicio, el relato distribuye una serie de indicios que pueden
interpretarse como parte de una relación ordinaria entre dos personajes. Sin embargo, la
revelación final modifica el marco interpretativo desde el cual esos acontecimientos habían sido
comprendidos.

La importancia del desenlace no radica en sorprender al lector mediante un giro argumental,
sino en producir una lectura retrospectiva. Los acontecimientos permanecen inalterados; lo que
cambia es la relación entre ellos. El lector descubre que las escenas, los diálogos y las
percepciones contenían desde el comienzo las claves necesarias para comprender el verdadero
funcionamiento de la identidad narrativa.

Este procedimiento coincide con la teoría de Ricoeur, según la cual la identidad se
construye mediante una narración constantemente reorganizada. La memoria no recupera el
pasado de manera transparente, sino que selecciona, interpreta y reconfigura la experiencia desde
nuevas perspectivas. En la novela, cada recuerdo adquiere un significado distinto una vez
conocida la naturaleza de la relación entre el narrador y Antero.

El concepto freudiano de lo siniestro permite explicar el efecto que produce esta relectura.
Lo inquietante surge porque aquello que parecía completamente familiar revela una proximidad
inesperada con aquello que permanecía oculto. El lector experimenta una incertidumbre
semejante a la del narrador: ambos descubren que la identidad nunca fue plenamente accesible.

La novela transforma así la lectura en un proceso de reconstrucción permanente. El
desenlace no clausura el sentido del texto, sino que obliga a regresar al inicio para reinterpretar
toda la historia desde una nueva perspectiva. El doble deja de ser únicamente un elemento
argumental y se convierte en el mecanismo que organiza la temporalidad de la interpretación.

La contribución de Marco Antonio Rodríguez: el doble como estructura narrativa de la
subjetividad y la persistencia del sujeto fragmentado

La principal aportación de Historia de un intruso consiste en transformar el motivo
tradicional del doble en una estructura narrativa de la subjetividad. Mientras gran parte de la
tradición literaria identifica el desdoblamiento mediante semejanzas físicas o enfrentamientos
visibles entre dos personajes, Rodríguez desplaza el conflicto hacia la organización misma del
relato.

Antero adquiere importancia no por constituir una copia del protagonista, sino porque hace
posible la construcción narrativa del yo. Su función consiste en acompañar, orientar y revelar
aspectos de la conciencia que el narrador no logra integrar plenamente. De este modo, el doble
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deja de ser un personaje extraordinario para convertirse en un procedimiento que articula la
memoria, la percepción y la narración.

La identidad aparece entonces como un efecto textual. El sujeto no existe previamente a la
historia que cuenta sobre sí mismo; se configura mediante recuerdos seleccionados, omisiones,
reinterpretaciones y vínculos que solo adquieren coherencia a través de la narración. La escisión
deja de entenderse como una anomalía psicológica para convertirse en la condición desde la cual
el sujeto intenta comprenderse.

Esta reformulación otorga a la novela un carácter anticipatorio dentro de la narrativa
ecuatoriana. Rodríguez propone una solución formal que traslada el interés desde el espectáculo
del desdoblamiento hacia una arquitectura narrativa basada en la ambigüedad, la memoria y la
relectura, mostrando que el doble puede funcionar simultáneamente como tema, procedimiento
compositivo y problema epistemológico.

Asimismo, la propuesta narrativa de Historia de un intruso permite situar la novela dentro
de un conjunto más amplio de obras modernas y contemporáneas interesadas en la fragmentación
de la identidad. Más que establecer relaciones de influencia, esta comparación pone de relieve
una preocupación compartida: la imposibilidad de concebir al sujeto como una unidad
transparente.

Su relevancia no depende de su semejanza con obras posteriores de mayor circulación
internacional, sino de la precisión con la que formula un problema que continúa siendo central en
la literatura contemporánea: la identidad solo puede comprenderse como una construcción
narrativa siempre incompleta. En este sentido, Historia de un intruso demuestra que el motivo del
doble mantiene plena vigencia cuando deja de entenderse como un personaje extraordinario y
pasa a funcionar como la estructura narrativa que organiza la experiencia del sujeto fragmentado.

Convergencia entre literatura y cine

El análisis de Historia de un intruso permite situar la novela de Marco Antonio Rodríguez
dentro de un conjunto más amplio de narrativas modernas y contemporáneas interesadas en la
representación de la identidad fragmentada. Esta aproximación comparativa no pretende
establecer relaciones de influencia directa entre las obras, sino identificar convergencias
estructurales que revelan una preocupación común: la imposibilidad de concebir al sujeto como
una unidad estable y transparente. Desde finales del siglo XIX hasta la narrativa y el cine
contemporáneos, la literatura ha desarrollado diversas estrategias para representar la escisión de
la subjetividad, desplazando progresivamente el motivo del doble desde la duplicación corporal
hacia formas más complejas de memoria, percepción y construcción narrativa.

El doppelgänger constituye una de las manifestaciones más visibles de esta problemática.
Sin embargo, su evolución demuestra que el doble no se reduce a la existencia de dos cuerpos
semejantes. En este contexto, Historia de un intruso adquiere una relevancia particular porque
convierte la división de la identidad en un principio estructural del relato. La escisión deja de ser
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un acontecimiento extraordinario para integrarse en la propia organización narrativa, obligando
al lector a reconstruir retrospectivamente el sentido de la historia.

La comparación con otras obras debe entenderse desde una perspectiva metodológica
prudente. No se trata de afirmar que Una mente maravillosa, Shutter Island o The Drop deriven
de la novela ecuatoriana ni de establecer relaciones de filiación literaria. El objetivo consiste en
mostrar cómo obras pertenecientes a contextos históricos y medios expresivos distintos convergen
en una misma interrogante: ¿cómo representar a un sujeto cuya identidad no coincide con la
imagen inicial que ofrece de sí mismo? La respuesta que propone Marco Antonio Rodríguez
resulta especialmente significativa porque desplaza el motivo tradicional del doble hacia una
reflexión sobre la memoria y la narración como fundamentos de la identidad.

Desde esta perspectiva, la novela ecuatoriana no requiere legitimarse mediante su
semejanza con producciones internacionales ampliamente difundidas. Su valor reside en la
precisión con la que formula un problema que continúa siendo central en la literatura
contemporánea: la identidad no constituye una esencia transparente, sino una construcción
vulnerable, atravesada por silencios, omisiones y zonas de opacidad. Las comparaciones
desarrolladas en los apartados siguientes buscan iluminar la persistencia de este sujeto
fragmentado sin borrar las diferencias estéticas, históricas y culturales que distinguen a cada una
de las obras analizadas.

El extraño caso del Dr. Jekyll y Mr. Hyde: del doble monstruoso al doble narrativo

Situar Historia de un intruso en la tradición del doppelgänger exige compararla con una de
las formulaciones modernas más influyentes del motivo del doble: El extraño caso del Dr. Jekyll
y Mr. Hyde, de Robert Louis Stevenson. Esta comparación no pretende establecer una influencia
directa ni convertir la novela ecuatoriana en una derivación del modelo victoriano, sino mostrar
cómo un mismo problema —la imposibilidad de concebir al sujeto como una unidad estable—
puede adquirir soluciones narrativas diferentes según el horizonte estético e histórico de cada
obra.

En la novela de Stevenson, la división de la identidad se organiza mediante una
confrontación visible entre dos figuras diferenciadas. Como señala Herrero, “las múltiples
manifestaciones literarias del tema del doble plantean el problema de la unidad del sujeto por
medio de la confrontación” (2011, p. 46). Esta observación describe con precisión la lógica
narrativa de El extraño caso del Dr. Jekyll y Mr. Hyde, donde el conflicto interior se exterioriza
en dos cuerpos socialmente reconocibles y narrativamente enfrentados. El enigma depende de que
tanto los personajes como el lector crean, durante buena parte del relato, que se encuentran ante
dos individuos distintos.

La dimensión corporal de esta escisión se hace evidente en la escena de la transformación.
Jekyll contrapone “la mano de Henry Jekyll [...] era grande, firme, blanca y bien proporcionada”
a la mano de Hyde, “delgada, llena de nervios y de nudos, de una palidez sombría” (Stevenson,
Vol. 13/ Núm. 3 2026 pág. 2832
2016, p. 17). El cuerpo se convierte así en la prueba material de la fractura identitaria. La división
del sujeto adquiere una forma visible y verificable, permitiendo que el conflicto moral y
psicológico se represente mediante una diferencia física claramente perceptible.

En Historia de un intruso, Marco Antonio Rodríguez desarrolla una estrategia radicalmente
distinta. La fractura no se manifiesta a través de una transformación corporal, sino mediante una
conciencia que se comprende y se narra a sí misma a través de otro. El conflicto deja de localizarse
en el cuerpo para desplazarse hacia la memoria, la percepción y la organización de la experiencia.
Por ello, hacia el desenlace de la novela, el narrador formula una serie de interrogantes que sitúan
el problema en el ámbito de la identidad: “¿Presencia de qué realidad o irrealidad? ¿Poseedor de
cuántos poderes y de qué clase? ¿Representante de qué maldición que me abruma y perturba hasta
ocupar la médula de todos mis pensamientos?” (Rodríguez, 1993, p. 66). Estas preguntas no
buscan describir un cuerpo monstruoso, sino nombrar una presencia que invade el pensamiento y
desestabiliza la conciencia del narrador.

Lejos de romper con la tradición del doble, Rodríguez la actualiza. Mientras Stevenson
responde a las preocupaciones morales, científicas y religiosas propias del siglo XIX mediante la
representación física de una identidad escindida, Historia de un intruso desplaza el conflicto hacia
la imposibilidad de construir un relato plenamente coherente sobre uno mismo. La amenaza ya
no consiste en que otro cuerpo sustituya al sujeto, sino en descubrir que la identidad depende de
una memoria fragmentaria y de una narración siempre susceptible de ser reinterpretada. Esta
transformación alcanza su punto culminante cuando el narrador reconoce: “Antero —lo he
descubierto— soy yo mismo” (Rodríguez, 1993, p. 68). La revelación no introduce una nueva
identidad, sino que reorganiza retrospectivamente toda la experiencia narrada y muestra que el yo
solo puede comprenderse como una construcción atravesada por recuerdos, silencios y voces que
intentan darle sentido.

Pese a las diferencias entre ambas propuestas, las dos comparten un procedimiento
estructural fundamental: la administración del enigma. Tanto Stevenson como Rodríguez
distribuyen la información de manera que el lector solo alcanza una comprensión plena del
conflicto al final de la obra. Sin embargo, los efectos de esa revelación son distintos. En El extraño
caso del Dr. Jekyll y Mr. Hyde, el desenlace explica la relación entre dos figuras que parecían
independientes y resuelve el misterio planteado por la narración. En Historia de un intruso, en
cambio, la revelación no clausura el sentido del relato; obliga a reconsiderar retrospectivamente
todos los episodios anteriores y transforma la arquitectura de la novela. El descubrimiento final
no constituye únicamente la resolución de una incógnita, sino el mecanismo mediante el cual el
lector comprende que la identidad del narrador siempre estuvo construida desde una lógica de
escisión que solo se hace visible al concluir la lectura.
Vol. 13/ Núm. 3 2026 pág. 2833
Una mente maravillosa: percepción subjetiva y construcción narrativa de la realidad

La película Una mente maravillosa (Howard, 2001) ofrece un punto de comparación
pertinente para comprender la representación contemporánea de la identidad fragmentada.
Aunque se inspira en la biografía del matemático John Nash, su interés para este análisis no radica
en la representación de una condición clínica, sino en la manera en que la narración convierte la
percepción subjetiva en el principio organizador de la realidad representada. El propósito de esta
comparación consiste en observar cómo la película construye un mundo cuya comprensión
depende, en gran medida, de la conciencia del protagonista.

Durante buena parte del relato, el espectador acepta como reales determinados personajes,
vínculos y acontecimientos porque la puesta en escena no introduce marcas que permitan
distinguir entre la realidad objetiva y la experiencia subjetiva de Nash. Su percepción organiza el
universo narrativo y condiciona la interpretación de los hechos. Cuando el relato modifica ese
marco de referencia, los acontecimientos anteriores no desaparecen ni son invalidados; por el
contrario, adquieren un nuevo estatuto interpretativo. Lo que inicialmente parecía formar parte de
una realidad compartida se revela como una construcción dependiente de la conciencia del
protagonista.

Historia de un intruso desarrolla un procedimiento cercano, aunque no equivalente. La
novela de Marco Antonio Rodríguez no construye una realidad alternativa en el mismo sentido
que la película. Su conflicto se concentra menos en determinar qué hechos ocurrieron realmente
y más en comprender cómo la memoria organiza la identidad del sujeto. El narrador no solo
recuerda acontecimientos, sino que los dispone dentro de una trama que intenta otorgar
continuidad a su experiencia, aun cuando esa continuidad se vuelve progresivamente
problemática por la presencia de Antero y por la resignificación constante del pasado.

La principal afinidad entre ambas obras reside en la fragilidad de la percepción inicial.
Tanto el espectador como el lector aceptan una determinada organización del mundo narrativo
que posteriormente debe ser revisada. Sin embargo, las diferencias entre ambas propuestas son
igualmente significativas. Mientras Una mente maravillosa orienta la revelación hacia la
distinción entre percepción subjetiva y realidad exterior, Historia de un intruso desplaza esa
incertidumbre hacia la construcción narrativa del yo. La novela no cuestiona únicamente la
percepción del narrador, sino también la forma en que recuerda, interpreta y reorganiza su propia
historia.

Esta diferencia permite reconocer la especificidad de la propuesta de Rodríguez. La
subjetividad no funciona únicamente como un recurso para generar incertidumbre psicológica,
sino como el espacio donde se produce la identidad narrativa. La memoria deja de ser un simple
depósito de acontecimientos para convertirse en el mecanismo mediante el cual el sujeto organiza
retrospectivamente su experiencia y construye una imagen de sí mismo a partir de materiales
necesariamente fragmentarios. En consecuencia, el doble narrativo adquiere una dimensión
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estructural que trasciende la alteración perceptiva y sitúa el problema de la identidad en el terreno
de la narración.

Shutter Island: identidad construida, ocultación narrativa y lectura retrospectiva

Entre las narrativas contemporáneas que problematizan la identidad, Shutter Island
(Lehane, 2012) constituye uno de los puntos de comparación más cercanos con Historia de un
intruso. Ambas obras convierten la identidad en el eje de la organización narrativa y construyen
un relato cuyo sentido depende de una revelación retrospectiva. Sin embargo, más que reproducir
el motivo clásico del doble, muestran que la identidad puede sostenerse sobre un relato provisional
que el propio sujeto necesita preservar para mantener la continuidad de su existencia.

Desde las primeras páginas, Shutter Island presenta a Teddy Daniels como un alguacil
federal encargado de investigar la desaparición de una paciente en un hospital psiquiátrico. Su
identidad parece plenamente coherente con el desarrollo de la historia: el pasado militar, la
experiencia profesional y las relaciones que establece con los demás personajes consolidan la
impresión de encontrarse ante un investigador que intenta resolver un caso complejo. La narración
administra cuidadosamente la información para que el lector acepte esa versión como el marco
interpretativo más verosímil.

Este procedimiento guarda una estrecha relación con la estrategia desarrollada por Marco
Antonio Rodríguez en Historia de un intruso. En la novela ecuatoriana, la relación entre el
narrador y Antero también parece responder inicialmente a una lógica reconocible: ambos
aparecen como sujetos diferenciados que comparten recuerdos, conversaciones y experiencias
comunes. El lector organiza la información desde esa premisa porque el relato ofrece suficientes
elementos para sostenerla. Sin embargo, en ambas obras la acumulación progresiva de indicios
termina debilitando esa primera interpretación y prepara una reorganización completa del sentido.

La semejanza entre los dos textos radica, por tanto, en la forma de administrar el
conocimiento del lector. La revelación final no incorpora información completamente ajena al
relato, sino que modifica la función de elementos presentes desde el comienzo. La identidad
inicial no resulta falsa porque los acontecimientos hayan sido inventados, sino porque respondían
a una organización narrativa incompleta. El desenlace obliga a reinterpretar retrospectivamente
la totalidad de la historia y demuestra que el significado dependía de relaciones que permanecían
ocultas durante la primera lectura.

En Shutter Island, la identidad de Teddy Daniels constituye el mecanismo mediante el cual
el protagonista logra sostener una historia personal que le permite evitar una verdad traumática.
Cuando afirma: “Me llamo Teddy. Teddy Daniels” (Lehane, 2012, p. 242), el nombre funciona
como una afirmación de continuidad narrativa. Nombrarse significa preservar el relato que
organiza su experiencia y mantener una versión de sí mismo que todavía resulta soportable. Del
mismo modo, cuando otros personajes insisten en llamarlo Andrew y él responde: “Deje de
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llamarme Andrew” (Lehane, 2012, p. 245), el conflicto deja de limitarse a la sustitución de un
nombre por otro para expresar la resistencia a abandonar una narrativa completa de vida.

Este mecanismo permite relacionar la obra con la afirmación de Vara, según la cual “lo que
cree es su identidad se asienta sobre una base endeble” (2020, p. 6). La fragilidad no implica la
desaparición de la identidad, sino que evidencia su dependencia de relatos que pueden ser
desplazados o reinterpretados. En esta misma línea, la propuesta de Ricoeur permite comprender
que la identidad no constituye una esencia inmutable, sino una construcción narrativa que depende
de la continuidad del relato mediante el cual el sujeto interpreta su pasado. Cuando esa
continuidad se fractura, no desaparece únicamente una versión de los hechos; también se
transforma la comprensión que el individuo posee de sí mismo.

En Historia de un intruso, esta problemática adquiere una formulación distinta. El conflicto
no se concentra en la sustitución de una identidad por otra, sino en la comprensión progresiva de
que la relación entre el narrador y Antero constituye, desde el inicio, una forma de escisión. La
revelación final no elimina los recuerdos compartidos ni las escenas narradas anteriormente;
modifica el lugar que ocupan dentro de la historia y obliga a reconsiderar la naturaleza de la
relación entre ambos personajes. Lo que parecía una amistad adquiere la dimensión de una
estructura narrativa mediante la cual el sujeto intenta organizar su identidad.

La diferencia entre ambas obras resulta significativa. Shutter Island construye el conflicto
a partir de una identidad alternativa que protege al protagonista de una experiencia traumática. En
cambio, Historia de un intruso desarrolla una reflexión sobre la imposibilidad de alcanzar un
conocimiento completamente transparente de sí mismo. La novela ecuatoriana desplaza el interés
desde la revelación de una verdad oculta hacia la demostración de que toda identidad depende de
la forma en que la memoria organiza la experiencia y de la manera en que el sujeto reconstruye
narrativamente su pasado.

En consecuencia, la comparación permite reconocer una transformación contemporánea
del motivo del doble. La alteridad ya no necesita manifestarse mediante la existencia de dos
cuerpos o de dos individuos claramente diferenciados. Puede aparecer como dos narrativas
incompatibles acerca del mismo sujeto, dos formas distintas de organizar el pasado o dos
interpretaciones de una misma experiencia. En ambas obras, el conflicto identitario surge porque
el relato inicial resulta insuficiente para explicar la totalidad de la historia y porque la revelación
final obliga a reconstruir retrospectivamente el sentido de todo lo leído.

The Drop: apariencia social, identidad oculta y reconstrucción retrospectiva del personaje

Una variante distinta del problema de la identidad aparece en The Drop (Roskam, 2014).
A diferencia de Shutter Island o La entrega (Lehane,2014) esta obra no presenta una identidad
escindida en sentido estricto ni desarrolla un doble psicológico evidente. Su interés comparativo
radica en la distancia existente entre la imagen pública del protagonista y la complejidad de su
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verdadera personalidad. El conflicto no surge de una duplicación, sino de la imposibilidad de
conocer plenamente a un individuo a partir de las apariencias.

Bob Saginowski es presentado como un hombre reservado, aparentemente pasivo y de
comportamiento predecible. La narración favorece esa primera impresión mediante una sucesión
de escenas cotidianas que lo muestran como una figura silenciosa, subordinada y poco relevante
dentro del entramado criminal donde se desarrolla la historia. Sin embargo, conforme avanza el
relato, esa imagen comienza a resquebrajarse. Gestos que parecían insignificantes, silencios
prolongados y decisiones aparentemente triviales adquieren un nuevo significado cuando el lector
descubre aspectos desconocidos de su trayectoria y de su personalidad.

La estrategia narrativa resulta especialmente significativa porque desplaza el conflicto
desde la división psicológica hacia la opacidad del personaje. Bob no posee una identidad doble
en el sentido clásico del término; posee una identidad parcialmente inaccesible para quienes lo
rodean y para el propio lector. La narración construye esa opacidad mediante una cuidadosa
dosificación de la información, permitiendo que la verdadera dimensión del personaje emerja
únicamente cuando la historia se
aproxime a su desenlace.
En este aspecto, la afinidad con Historia de un intruso reside menos en el contenido que en
el procedimiento narrativo. Ambas obras obligan al lector a revisar retrospectivamente la imagen
inicial de sus protagonistas. Las primeras interpretaciones resultan insuficientes porque habían
sido elaboradas a partir de información parcial. Solo al finalizar la lectura se comprende que
numerosos episodios contenían indicios cuyo verdadero significado permanecía oculto. No
obstante, las diferencias entre ambas propuestas deben mantenerse claramente delimitadas.

En The Drop, la transformación afecta principalmente la percepción social del personaje.
El conflicto gira en torno a la distancia entre la apariencia exterior y una interioridad
cuidadosamente ocultada. En Historia de un intruso, por el contrario, la opacidad se origina en la
memoria y en la construcción narrativa del yo. La incertidumbre no depende únicamente de lo
que los demás ignoran acerca del protagonista, sino del modo en que el propio narrador organiza
retrospectivamente su identidad y reconstruye el sentido de su experiencia.

Esta distinción amplía la comprensión contemporánea del motivo del doble. La literatura y
el cine han demostrado que la alteridad no necesita representarse exclusivamente mediante
personajes duplicados o identidades escindidas. También puede manifestarse como una diferencia
entre la imagen pública y la subjetividad, entre la memoria y la experiencia, o entre la primera
interpretación de un personaje y la comprensión alcanzada al finalizar la obra.

En relación con Historia de un intruso, esta comparación confirma la flexibilidad del
problema identitario. Rodríguez construye la opacidad del yo a partir de la memoria, la alteridad
y la organización narrativa, mientras que The Drop la desarrolla desde la distancia entre el carácter
social del protagonista y una violencia latente que permanece oculta durante gran parte del relato.
Aunque ambas obras recurren a estrategias distintas, coinciden en cuestionar la transparencia del
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sujeto y en demostrar que toda identidad exige una reconstrucción retrospectiva que obliga al
lector a revisar sus primeras interpretaciones.

CONCLUSIONES

El presente estudio analizó la duplicación de la identidad en Historia de un intruso, de
Marco Antonio Rodríguez, y propuso que la novela reformula el motivo literario del doble al
desplazarlo desde la representación visible de una alteridad hacia la organización narrativa de la
subjetividad. A partir del diálogo con la teoría del doppelgänger, la identidad narrativa y lo
siniestro, se ha mostrado que la obra no utiliza el doble como simple recurso temático, sino como
una estructura que afecta la memoria, la percepción y la lectura retrospectiva. La relación entre el
narrador y Antero constituye el eje de esta operación. Antero no funciona únicamente como
personaje secundario ni como reflejo externo, sino como una instancia que acompaña la
construcción del yo y vuelve inestable la frontera entre identidad y alteridad. La novela distribuye
indicios que permiten sostener inicialmente una lectura interpersonal, pero la revelación final
obliga a reorganizar esa interpretación. Así, la identidad no aparece como una esencia previa a la
narración, sino como un efecto de recuerdos, omisiones y vínculos reinterpretados.

Una conclusión central del análisis es que Historia de un intruso trabaja el doble en dos
niveles. En el plano temático, la obra se reconoce como una de las pioneras de la literatura
contemporánea en emplear la duplicación como un recurso para cuestionar la aparente unidad del
sujeto. En el plano formal, dicha duplicación se convierte en un principio estructurador de la
composición narrativa. La fragmentación no afecta solo al protagonista; estructura también la
experiencia del lector, quien debe revisar lo leído y reconstruir el sentido desde el final hacia el
inicio.

Esta característica distingue la propuesta de Rodríguez de muchas representaciones clásicas
del doble. Frente a obras que privilegian la confrontación corporal o la oposición visible entre
identidades, la obra ecuatoriana sitúa el conflicto en la narración. La escisión deja de ser
únicamente un acontecimiento extraordinario y se convierte en una condición del sujeto que
intenta contarse. La novela muestra que todo relato de identidad está expuesto a fisuras,
desplazamientos y reinterpretaciones. El enfoque de la identidad narrativa permitió precisar esta
lectura. En la obra, la memoria no actúa como archivo neutral del pasado, sino como una práctica
de reorganización. Recordar implica seleccionar, ordenar y producir sentido. Por ello, el yo del
narrador no se presenta como una unidad recuperable, sino como una construcción vulnerable. La
teoría de lo siniestro permite explicar la inquietud que surge cuando lo familiar: Antero, la casa,
la memoria compartida, revelan una dimensión inesperade y que perturba la separación entre lo
propio y lo ajeno.

Las comparaciones con El extraño caso del Dr. Jekyll y Mr. Hyde, Una mente maravillosa,
Shutter Island y The Drop ampliaron el alcance del argumento. Estas obras permitieron situar a
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Rodríguez dentro de una conversación más extensa sobre identidad problemática, percepción
inestable y revelación retrospectiva. Al mismo tiempo, el análisis mantuvo una distinción
metodológica necesaria: las afinidades observadas no prueban influencia directa, sino
convergencias estructurales en torno a una preocupación cultural persistente por la fragmentación
del sujeto. Desde esta perspectiva, Historia de un intruso merece ser leída más allá de un marco
exclusivamente nacional. Su relevancia radica en la sofisticación con que transforma un motivo
tradicional en una reflexión sobre memoria, subjetividad y producción de significado. La novela
demuestra que la literatura ecuatoriana ha elaborado respuestas formales complejas a problemas
centrales de la modernidad narrativa.

El estudio abre, finalmente, nuevas posibilidades de investigación. Sería pertinente
examinar otras formas de subjetividad dividida en la obra de Marco Antonio Rodríguez, comparar
el tratamiento del doble en la narrativa ecuatoriana contemporánea o ampliar el diálogo con textos
latinoamericanos que también exploren la inestabilidad del yo. Tales líneas permitirían
comprender mejor cómo las literaturas periféricas han intervenido en debates teóricos de alcance
transnacional. En síntesis, la obra confirma la vigencia crítica del motivo del doble. Sin embargo,
no lo reproduce como fórmula heredada, sino que lo convierte en una estructura de lectura capaz
de revelar la fragilidad de toda identidad narrada. Su aporte consiste en mostrar que el sujeto no
se conoce de manera inmediata: se interpreta, se recuerda y se reconstruye. En esa imposibilidad
de coincidir plenamente consigo mismo se encuentra la fuerza estética y teórica de la obra de
Rodríguez.
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